Getúlio: Una historia de cariño

Bajo un enorme árbol y desde hace 40 años, un padre soltero crea un original universo de personajes reciclados

PADRE SOLTERO. Fotograma del documental que narra parte de su vida personal.

PADRE SOLTERO. Fotograma del documental que narra parte de su vida personal. Foto: Oscar Júnior

TRABAJO. El reconocido artista tiene una fuerte conexión con el barrio Santa Teresa.

TRABAJO. El reconocido artista tiene una fuerte conexión con el barrio Santa Teresa. Foto: Oscar Júnior

FAMILIA. Getúlio arreglando sus originales muñecos, expuestos para la venta.

FAMILIA. Getúlio arreglando sus originales muñecos, expuestos para la venta. Foto: Oscar Júnior


    Alina Cuentas Cedro
    Ecos / 02/02/2026 00:21

    Getúlio se fastidia cuando le pregunto si tiene preferencia por alguna de sus obras. “No hay esa cosa de gustar más, todos son hijos, todo es creación”, responde mientras trabaja. A sus 70 años tiene un rostro sosegado, ojos grandes y alargados, frente amplia, nariz aguileña y la arruga mayor que surge espontáneamente bajo su gorra de pescador es una enorme sonrisa. 

    Su aspecto es sencillo: polera, un pantalón gastado de sastrería y chinelas. Sin conocerlo, uno supondría que se trata del hincha de un equipo de fútbol, no de artista; sus cejas, un poco arqueadas hacia el centro, proclaman que siempre habla en serio.

    Conversamos mientras, a ratos, sostiene en la boca un clavo con el que irá a fijar las alas de un pájaro hecho de madera, plástico y una bombilla que está ensamblando y que si hoy hay suerte, será comprado y alzará vuelo hacia algún lugar del planeta.

    No tengo dudas de que sus coloridas criaturas de ojos vivaces llegaron muy lejos, porque los turistas son sus mayores fans. Justamente lo conocí a través de una adorable inglesa llamada Philomena Winstanley, que subía toda la ladera de Santa Teresa, bajo un calor de 40 grados, para comprarle algunos de sus “hijos”.

    Estas criaturas tienen miles de aspectos; como seres con cabezas de calculadoras, cuerpos de latas de sardina, ojos de tapas de botella, brazos de tubos, a ninguno le falta ropa hecha de pedazos de envases plásticos, ya sean bermudas coloridas, faldas, bikinis, sombreros graciosos… Los más serios llevan corbatas y otros, auriculares; la mayoría están parados, pero algunos dirigen autos, están sentados en la taza del baño o son parte de una familia.

    Entre su fauna hay animales de cuatro patas, perros de cabeza de sandwicheras, serpientes, dinosaurios, todo tipo de pájaros. También se aprecian carros, barcos, aviones y corazones de varios tamaños que son parte del arte popular brasileño. Las obras de Getulio fueron expuestas en museos de Suiza, el Festival de Cine Francés y eventos globales como el Río+20 a lo largo de los últimos 40 años.  

    Chamego Bonzolandia

    Me cuenta que su rutina empieza a las cinco de la mañana, y pude corroborarlo varias madrugadas en las que lo vi a esas horas ya ensimismado serruchando maderas o pegando clavos en su taller llamado “Chamego Bonzolandia” (Cariño Bonzonlandia), que ocupa un lugar en la empinada calle Leopoldo Fróes, desde el cual se ve el paso del famoso Bondi amarillo de Santa Teresa, que trasporta a cientos de turistas por día.

    Está orgulloso de ser su propio jefe. Disciplinado con los horarios, no falta al trabajo ni cuando hay ola de calor, viento, frío o lluvia. Salvo días en los que está muy enfermo, me confirma su hijo Víctor. Recuerdo que una vez me dijo: “Las personas inteligentes no trabajan para nadie”. Igual se conmovió y me dio un gran abrazo de consuelo el día que le conté que me despidieron.

    A pesar de tener una vocación militar —como se lee en algunas de sus reseñas en internet—, Getúlio es un hombre bastante afectuoso, que recibe a los vecinos y ocasionales clientes como si fueran sus propios familiares, de esos a quienes recibes con expectativa porque no ves hace mucho tiempo.

    “El amor es lindo y es gratis”. Esta es su sentencia máxima y el mensaje que le gusta difundir desde su taller, pero tiene muchas otras frases que instan a practicar deporte, a mantener la salud y a las familias unidas. “Los mejores amigos se conocen en el parque”, dejó dicho en una placa de una cancha cercana.

    Pinta en sus obras palabras positivas como “Felicidad”, “Alegría”, “Arte”, o las nombra de forma socarrona como “Radio Fofoca” (Radio Chisme), “Caminhao da Saudade” (Camión de la Nostalgia) o “Barca amorosa”, “Boi Manso” (Buey Manso), “Cara do Rio” (Chico de Río)...

    Reutilizables

    En su universo, todo gira alrededor del Bondi (tranvía amarillo) de tamaño real que él mismo replicó. Allí se amontonan envases plásticos, maderas, telas, cables, fierros, bolsas, relojes, artefactos y juguetes quebrados que Getúlio acopia o, más bien, acoge con cariño.

    Su materia prima son los Residuos Sólidos Urbanos (RSU), es decir la basura común generada en hogares, oficinas, escuelas y comercios que no se descompone y puede ser reutilizada. Si no se gestiona correctamente, genera contaminación ambiental y riesgos para la salud pública. 

    Brasil produce 27,7 millones de toneladas al año. De este total, solo el 4% de los residuos son reciclados, de acuerdo a agenciabrasil.ebc.com.br. Otro dato de la Asociación Brasilera de Residuos y Medio Ambiente (Abrema) da cuenta de que en todo el país, más del 41% de los RSU son mal gestionados.

    La familia amorosa

    “Él disminuye 0,0% de la basura. Hoy, el impacto del trabajo de mi padre es construir amor porque nuestra sociedad está con muchos problemas, uno de los mayores problemas es la basura; entonces, el impacto del trabajo de mi padre es recordar que somos humanos, que necesitamos tener cuidado con la buena vecindad, cuidado de nuestro medioambiente. Infelizmente cada año que pasa van acabándose los árboles, la naturaleza y con seguridad la próxima generación va a sufrir mucho, entonces el impacto es tener conciencia”, afirma Víctor Damado, el hijo varón y mano derecha de Getúlio.

    La familia de Getúlio es monoparental, tiene tres hijos: dos mujeres y un varón. Él asumió la crianza de los infantes valiéndose solo de su arte. Así lo cuenta, con orgullo. Como padre soltero, varias de sus obras muestran este esquema, es decir, un personaje mayor solo con menores a su lado.

    También le gusta ensamblar familias tradicionales y parejas de todo tipo. “La familia es todo, es la parte principal; quien no tiene familia no existe”, asegura el artista que, de acuerdo a su historia personal, amplió su núcleo a todo el barrio Santa Teresa. 

    Cuenta Víctor que en su infancia, cuando jugaba en la plaza, tenía “más de treinta niñeros” cuidando de él y sus hermanas. “Llegaba a casa y llevaba un jalón de orejas y no sabía por qué”. Él (Getúlio) le relataba de punta a punta sus travesuras de niño. “Después de cierta edad, entendí de dónde venían esas informaciones. Era el cuidado de los vecinos, los amigos, el barrio me educó también”, rememora.

    “Para mí, este barrio es fundamental, un barrio carismático; fui apoyado desde que llegue aquí, me gusta mucho Santa Teresa (…) La diferencia es que aquí se tiene un lado cultural más firme, Santa Teresa es un espacio cultural muy bueno”, refiere Getúlio.

    Lo protege del fuerte sol del verano carioca un enorme árbol. Cuando lo frecuentamos era tiempo de Navidad y justamente él trabajaba en su versión de un árbol navideño. Mi compañero se quedó sorprendido con el proceso creativo: dice que lo vio clavar varias piezas sobre un círculo sin saber cómo eso podía convertirse en lo que él decía que estaba haciendo.

    Su pasión por el reciclaje, la buena vecindad y la familia se transmiten a las nuevas generaciones. Getulio tiene cuatro nietos de carne y hueso, pero también procrea miles de “hijos”, seres reciclados de botellas, cajas, alambres, plásticos que tienen una segunda oportunidad de vida en sus manos •

    “CONSTRUIR AMOR”

    “Él disminuye 0,0% de la basura, hoy el impacto del trabajo de mi padre es construir amor (…), es recordar que somos humanos, que necesitamos tener cuidado con la buena vecindad, cuidado de nuestro medioambiente”.

    Víctor Damado

    DOCUMENTAL 

    El documental “Getúlio: Una historia de cariño” (Alina Cuentas, 14 min), que se estrena el próximo 7 de febrero en el Cine Santa Teresa, de Río de Janeiro y, en simultáneo, en la cuenta de YouTube de CORREO DEL SUR, se sumerge en la vida personal del artista, destacando el protagonismo de Víctor, el inmediato sucesor de un original legado de obra y mensajes encaminados a cuidar el planeta y sus habitantes.

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