Carnaval en Vitichi
Ocurre en la provincia Nor Chichas del Departamento de Potosí.
El Carnaval es la celebración más esperada por la población, por el derroche de alegría durante los días que dura la fiesta, con connotaciones especiales en el municipio de Vitichi, capital de la Segunda Sección de la provincia Nor Chichas, en el departamento de Potosí.
En la época de los carnavales hay una gran agitación: muchos oriundos del lugar llegan como hijos pródigos a la tierra de sus añoranzas para reencontrarse con familiares y paisanos en medio de la celebración.
Familias completas, algunas con notorio acento argentino, deambulan bulliciosamente por el pueblo: son parte de los que emigraron al norte del vecino país.
Esa emigración data de décadas y es parte ya de la historia del pueblo, que está ubicado estratégicamente en la ruta que va de Potosí, pasa por Vitichi, Cotagaita, Tupiza y llega a Villazón, en la frontera con La Quiaca, provincia de Jujuy (Argentina).
La mayor parte de los jóvenes salen del pueblo a trabajar a la zafra de la caña de azúcar en los grandes ingenios de Jujuy y Salta.
Un poco de historia
Por los datos obtenidos sobre el origen del pueblo de Vitichi, se sabe que, luego de casarse con la hija de un cacique de la comunidad de Qalcha, el capitán español Sancho Martínez se estableció en el valle de Vitichi al finalizar el siglo XVI.
Sobre el origen del nombre de este pueblo, podría derivar de la palabra aymara ‘lip’ichi’, que significa “cuero”, lo cual tiene sentido ya que en la colonia española Vitichi era famoso por la producción de cuero de cabra “cordobán”, muy apreciado en esa época y utilizado especialmente para la fabricación de zapatos, carteras, cinturones y sillas de montar a caballo.
Durante los carnavales, la plaza de Vitichi se torna en un hervidero de comparsas que ensayan con gran entusiasmo para la entrada. Chicha, singani, ratafia, serpentinas y mixtura fluyen sin restricciones, y los espíritus y las mentes de los participantes caen rendidos al alma de la fiesta. Se escuchan sin cesar las coplas al son de cajas, quenas y pinquillos, ecos de tiempos pasados que se encuentran en la memoria de músicos de antaño.
Elegida un año antes, la mesa directiva es la encargada de organizar la fiesta. Con debida anticipación, se entregan tarjetas de invitación a lugares del interior y el exterior del país. Estas invitaciones circulan en Tarija, Bermejo, Potosí, Chuquisaca e incluso llegan hasta Argentina, donde residen muchos paisanos que, debido a la nostalgia y el cariño por su tierra natal, vuelven al valle en estas fechas.
Los preparativos constituyen faenas intensas. Deben elaborar la chicha con anticipación para que madure. Asimismo las falcas, donde se destila vino, singani y ratafia, trabajan sin cesar.
EL DESARROLLO DEL CARNAVAL
Domingo de Carnaval: En el lugar denominado “Socavón” se desarrolla la tradicional “Competencia de la sortija”, con la participación de jinetes y briosos caballos, que data de tiempos de la colonia española. Era considerado un espectáculo elegante que reunía a los jóvenes. “El juego consiste en carreras de caballos, cuyo jinete debía extraer con un puntero la sortija colgada de un dispositivo especial colgado de un cordero”.
Actualmente, en Vitichi han quedado resabios de esta competencia que se desarrolla de la siguiente manera: El juego de la sortija comienza y casi todo el pueblo vino a presenciarlo. Aglomerados a los costados del río seco, convertido en una pista de tierra preparada especialmente para el certamen, hombres y mujeres se abren paso. Llama la atención que muchos llevan el rostro embadurnado con talco o harina y flores de pascua en sus sombreros.
El entusiasmo de los espectadores y jinetes es avivado por la chicha, y la multitud desborda en una ola de gritos, silbidos y aplausos. Incitados por la muchedumbre, los corceles lanzan bramidos y relinchos. El torneo comienza y los jinetes se lanzan a todo galope para lograr ensartar la sortija. Los que lo han conseguido se llevan el premio y con gran algarabía son levantados en hombros.
Por la noche del domingo, resuenan nuevamente las coplas: “Este río de Vitichi casi, casi me ha llevado; había un linda chicheñita, en sus brazos me ha salvado”. Las comparsas avanzan hacia la plaza, cantando y bailando; los cohetillos y fuegos artificiales iluminan el pueblo, bañando los alrededores de diversos colores y sonidos; las cholitas chicheñas se mueven con gracia mientras golpean rítmicamente las cajas… sus caras blanqueadas y amplias sonrisas resaltan en medio de la noche. Al mirar el cielo, las estrellas fulguran con intensidad, pero es el Carnaval el que ha encendido al pueblo, que brilla en el valle chicheño.
Con el transcurso de los días festivos, la comparsa de los “paseadores” (cholitas que pasean montadas en caballos cantando coplas y goleando rítmicamente una pequeña “caja”, avanzan juntos más sus acompañantes, músicos queneros, recorren las calles del pueblo) hacen una “junta” para ensayar las coplas. Todos memorizan las coplas con el estribillo, melodía oficial que cada año tiene una variación.
Lunes de Carnaval.- Alrededor de las diez de la mañana, las comparsas de los “paseadores” recorren las calles montados en caballos muy bien enjaezados, con monturas enchapadas de plata, adornadas con serpentinas y mixtura. Simpáticas cholitas lucen trajes coloridos como polleras plisadas, blusa blanca y un sombrero adornado con ramillo de flores y ramas de albahaca. Llevan consigo una bolsita de tela de seda que contiene confites, mixtura y frascos con talco.
Junto a los danzantes viticheños avanzan por las calles del pueblo entonando estribillos correspondientes al Carnaval del año; cada músico acompañante tañe la típica caja y su acompañante la quena. Recorren los alrededores de Uray K’asa, Maldonado, Socavón, el Prado Viticheño hasta llegar a la plaza. Y en el recorrido suelen visitar la casa de las autoridades originarias, y ser bien recibidos con abundante comida, chicha, singani y ratafía.
Actualmente, en el Carnaval, también la juventud estudiantil expresa su alegría: contratan la banda con instrumentos de bronce y conjuntos musicales en la ciudad de Potosí; también organizan una comparsa y ensayan las canciones con los músicos al son del acordeón, el saxo, el tambor y los platillos.
Entre cohetillos y música se inicia el recorrido. Bailando en parejas avanzan muy alegres por la calle principal, entonando el huayño de la comparsa “Juventud Chicheña”, hasta llegar a la plaza. Posteriormente se dirigen al colegio del pueblo, que es la sede de los jóvenes fiesteros, y allí continúa el derroche de alegría hasta el amanecer con los grupos musicales contratados.
Martes de Carnaval.- Este día es dedicado a realizar la “c’halla” que se rinde a la Tierra Virgen, la “Pachamama”. Homenaje de agradecimiento por los beneficios recibidos, se enfloran las propiedades obtenidas —que suelen ser autos, casas o terrenos—. Los propietarios invitan chicha y singani a los concurrentes; así, se cumplen las ceremonias tradicionales. En esta oportunidad, los invitados juegan con membrillos arrojando a las pantorrillas de los pies de las cholitas.
A medio día, los concurrentes se dirigen en comparsa al cementerio para “ch’allar” las tumbas de quienes los antecedieron; no faltan las bebidas ni la coca. Por la tarde se realiza la entrada oficial de la comparsa de los mayores o casados, quienes bailando en parejas ingresan rumbo a la plaza principal del pueblo. Entonan a viva voz sus canciones ensayadas, acompañados por el grupo de orquesta de músicos contratados. La fiesta no para hasta llegada la noche en la sede de la comparsa o en el salón de la Alcaldía.
Miércoles de Carnaval.- Continúan circulando las invitaciones para este día. Por la noche, nuevamente se reúnen en el salón de baile y en esta oportunidad se procede a la elección de la Reina del Carnaval, en una ceremonia preparada especialmente para la ocasión. Luego, se elige a la nueva mesa directiva con un procedimiento secreto para evitar el rechazo de los elegidos.
El Domingo de Tentación es el de “La Cacharpaya”, con una última entrada de las comparsas.
De esta manera se van los días más alegres de la vida en los sonados carnavales chicheños, esperando retomar el próximo año con la misma alegría.
Deben repetirse las imágenes que serán inolvidables de los valles cálidos, con olor a eucalipto, risa suave y el canto matutino del río. Tan solo se llevarán inolvidables recuerdos de alegría, juventud, amor y nostalgia.
(*) Cristóbal Corso es expresidente de la Sociedad Geográfica y de Historia Potosí.