Tejiendo los hilos del destino
Recordando a Cristina Bubba Zamora.
La primera puntada
Con Cristina Bubba Zamora fue posible la dignidad. Tal vez su mayor legado no fue haber recuperado los tejidos, sino haber sabido acompañarlos de regreso, sin apropiarse nunca de su voz.
¿Cómo determinarse en un país donde ser blanco es un privilegio? Ciertamente los 80 daban margen a esa pregunta y las respuestas solían ser tan audaces que hasta podían cambiar los destinos y, era que esa década estaba marcada. Las dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría… el capitalismo obsecuente, con el debilitamiento humanista, le había dado un sello especial a la juventud de ese tiempo; en realidad, le había regalado la libertad de sentir.
En Bolivia, el contexto también tenía profundas cicatrices signadas por el duro retorno a la democracia, la lacerante crisis económica y una profunda desigualdad social que presionaban a que los privilegios de color de piel y de idioma fueran prejuicios esenciales de la casta dominante, y el determinarse así se convirtió en una premisa de vida. Si bien en Europa y en EEUU se escribieron las respuestas, en nuestro país la duda persistía.
En los años 60, precisamente en el 65 en Swampscott, EEUU, nacía la Psicología social asociada al movimiento por la salud comunitaria, otorgando dos décadas después un tinte de “hippismo” y buena voluntad a sus seguidores: los chicos que estudiaron Psicología en otros lares y que retornando al país cuestionaban el psicoanálisis o conductismo, y buscaban alternativas que vinculen efectivamente esta disciplina con las necesidades reales de las comunidades marginales de lo nuestro, logrando así en 1982 que iniciativas impulsadas desde la academia recalaran en programas universitarios, ONGs y colectivos sociales, porque ellos además sentían que esa era la respuesta que buscaban dar a los límites de la psicología social tradicional, centrada en el individuo y disvinculada de nuestras realidades socioculturales.
Bolivia vivía la locura del regreso de la democracia y los que habían sufrido la represión de las dictaduras militares sentían la obligación de mirarla con la determinación de quienes necesitan recobrar la dignidad de ser sus hijos y promover el cambio. El enfoque crítico de aprendizaje de los renombrados psicólogos, tanto de Europa como de EEUU, que enfatizaron que: “La conducta es función de la persona y del ambiente” y que introdujo a la investigación como resultado clave para la psicología comunitaria, es puntual para transformar la realidad social y no solo describirla, subrayando que “el individuo es inseparable de su contexto social”: Lewin, o Rappaport que da un giro crítico dentro de la psicología comunitaria, introduciendo al empoderamiento social contra las prácticas profesionales que reproducen dependencia y desigualdad en vez de dar poder y voz a la comunidad. Sin duda estas posturas fueron fuente de vida para recalar en el grande, mayúsculo territorio marginal de nuestra Bolivia.
Hilando fino
Coroma se extendía como un paño largo que intenta colarse entre las fisuras de la tierra y las rocas para volverse nido de las gentes, de las ovejas, de las llamas. Coroma, que no cedía ante el tamaño de la pobreza y el abandono de un Estado que no se percató de su existencia y seguía y seguía respirando hondo la humedad quietecita luego de las lluvias menudas y esquivas y respirando la fatiga de sembrar entre riscos, siempre, cotidianamente. Una rutina que se iniciaba antes de la salida del sol y que terminaba cuando este ya era un disco perdido entre las nubes y el horizonte, pero, en la noche, los ritos —como en un milagro ritual— se abrían a la magia.
Más allá de los fogones y luego del bocado que alimenta, las lanas previamente lavadas, escogidas y libres de impurezas eran teñidas con esmero: el añil se separaba del rojo y los cafés, uno a uno, eran mezclados con el negro como en un acto de devoción pura. Los verdes se tornaban en grises y los amarillos emergían brillantes y puros. Las hebras secas al fuego del molle quebradizo celebraban el ser más de una hebra y volverse en la rueca que giraba y giraba entre los dedos rugosos; una finura de lana que las manos de los hombres y mujeres y niños y ancianos convertían en otra piel: la de la comunidad.
Y ahí se detuvo Cris, para mirar y comprender, para entender ese tejido de las madres de una Coroma de siempre, firme en su vastedad, donde una mujer al final de sus tareas de sembrar, cosechar y ofrecer el fruto de la tierra a los suyos, acurrucada junto al fogón, hilaba su historia. La que vivía, pero también la que le había contado su madre y la madre de esta.
Cris aprendió a leer con ellas y ellos del peregrinaje de buscar agua más allá de los riscos y las montañas; de la amargura de perder a los niños y a los ancianos porque se los llevó el hambre y la sequía; de la aventura de vida y muerte que significó a los Tatas y Mamas que los precedieron… quedarse enraizados en Coroma. Y sí, ahí, en ese lugar perdido en la historia de la república nuestra, Cris deletreó en los fullus su quehacer cotidiano, tejido a veces con risas y alegría y otras entre tanta lágrima que el fullu era simplemente un abismo trenzado de negrura.
El rapto del tejido
Las comunidades esencialmente del altiplano intercambian productos y el trueque es todavía un acto de la economía que un día ahí, en Coroma, se tornó aciago, pues otros comunarios de la vecindad de pueblos del norte, y en contacto con mercaderes de tejidos patrimoniales, se llevaron lo más preciado: sus tejidos ceremoniales.
La comunidad entera gimió, lloró y entró en pánico: los espíritus de todos sus tiempos se perdían, pues su historia se desvanecía con el robo de los fullus; su historia y la memoría de Coroma tejida en cada uno de las mantas rituales tristemente desaparecía: se habían quedado sin alma. Y es entonces que Cris toma fuerza y su mirada transparente adivina la batalla: debe devolver los tejidos a su lugar.
Tejiendo las alianzas
Y el llamado se dio. Cris también había aprendido a tejer las redes de la amistad académica que logró que Jhon Murra, un antropólogo especializado en los estudios de los Andes y especialmente sensible en el robo de los tejidos de Coroma, identificara la presencia de los textiles coromeños en una exibición de Arte en San Francisco, EEUU. La oportuna acción de Murra permitió a su vez movilizar las redes académicas y diplomáticas en favor de la comunidad y la arqueológa Karen Bruner, ayudando a identificar las piezas confiscadas por las autoridades aduaneras, además de abogados como Ratner, Verck y Eth, fueron un apoyo claro, eficiente y contundente en los procesos y negociaciones de repatriación del patrimonio textil de Coroma.
El último tejido
Más allá de los Andes, mucho más cerca de la vertiente partidaria de las dos últimas décadas, las comunidades, hoy dentro de la pluralidad de un Estado de aperturas horizontales, se denominan ‘organizaciones sociales’ que tristemente olvidaron que su nacimiento se debe al resultado de profundas investigaciones de académicos como Kurt Lewin, que introduce a la investigación como punto focal de la comunidad.
Serge Moscovicini enfatizó que el conocimiento se construye colectivamente en la vida cotidiana. O Toyfel explica cómo la comunidad influye en la autoestima, el conflicto y la discriminación y que esencialmente en el Sur de América Latina dan lugar a una psicología fuertemente comprometida con total énfasis en la desigualdad, la opresión y la participación popular.
Ciertamente Ignacio Martín–Baró, Maritza Montero, Paulo Freyre, recalaron íntegros en el generoso afán de Cris de generar leal y consecuentemente con su trabajo de vida de generar Políticas Públicas diferentes en las comunidades, entendiendo su significado específico en el contexto aymara, quechua o urbano popular y su influencia en la aceptación o resistencia a programas de intervención estatal.
Epílogo o la puntada final
Llegó la paz cuando los fullus estuvieron de regreso. Cayó sobre Coroma una lluvia finita como el llanto de Cris, como las lágrimas de la comunidad. Y cuando el tiempo cubrió los recuerdos, Cris se permitió escribir en su agenda de vida el de “Haber cumplido con su deber ético”.
“Haber caminado junto a otros sin usarlos”.
“Haber devuelto lo que no le pertenecía”.
“Haber devuelto al ayllu, lo que fue del ayllu; la trascendencia total”.
(*) Diana Gonzales es pastpresidenta de la Sociedad Geográfica y de Historia Sucre.