Peluqueros de antaño
Una mirada al pasado de uno de los oficios más importantes de nuestras sociedades.
Los cortes, tintes, tratamientos y peinados no son los mismos que los de nuestros antepasados. La peluquería es un arte que está en constante evolución e innovación. Verdaderos artistas del cabello trabajaron durante muchos años en la ciudad de Potosí y acumularon cientos de historias en sus salones de peinado.
Un 19 de octubre de 1955, en las calles de la Villa Imperial, la gente andaba con la sonrisa estampada en el rostro levantando la “V” de la victoria. Eran los tiempos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), cuando se firmó el Decreto Supremo 4201 y se impuso el 21 de octubre como la jornada en la que cada año se debía recordar a los “peluqueros y peinadores” de Bolivia.
El siglo XIX marca con claridad el triunfo del capitalismo, el aumento de la población y las mejoras higiénicas. Así aparecieron los peluqueros, que, sobre todo en las primeras décadas, también trabajaban a domicilio cuando requerían su servicio las personas más pudientes.
Se asentó definitivamente el oficio, el de expertos en cabello que lavaban o, sobre todo, peinaban a grupos de mujeres por una remuneración económica.
Las mujeres del pueblo sujetaban el cabello en moños, lo que reflejaba un espíritu de sencillez. Cubrirlo con el sombrero adecuado al salir a la calle se convirtió en el máximo adorno para estos moños sujetos en la nuca y a menudo cubiertos en redecillas.
La auténtica revolución de la peluquería en esa época la provocó la aparición del agua oxigenada, en 1867: pasó a convertirse en un proceso de decoloración mucho más sencillo y seguro.
El pasado siglo fue el que dio el empujón definitivo a la peluquería profesional. A principios del 1900 se volvió a la tendencia del pelo corto, pero con ondas lisas y bordes claros. Y en la década de 1950, un peluquero londinense llamado Charles Nessler inventó el peinado permanente en frío, que causó furor en América.
Desde entonces, la peluquería y el cuidado del cabello han evolucionado mucho. Las melenas lisas con volumen fueron las reinas de moda, lo que hizo necesario el uso de moños y postizos para crear peinados elaborados.
Las primeras peluquerías
Funcionaban en los mercados, especialmente en el mayor centro de abasto. Los peluqueros eran ambulantes; quienes se dedicaban a este oficio preferían mantener lo tradicional para captar clientes.
En los tiempos de antaño aún no existían medios de comunicación como la radio, la televisión o las redes sociales escritas. Aseguraban los peluqueros de ese entonces que una buena o mala jornada de trabajo dependía del día y de la suerte.
El modo de trabajo era que el cliente, sentado en un pequeño banco de madera sin espaldar y cubierto con una tela en la parte superior del cuerpo, debía sostener un espejo con las manos. El menaje consistía en trabajar con máquinas manuales, unas contadas tijeras, cepillos, peines, más sillas de madera, recipientes de agua… nada extravagante, solo lo necesario.
Tiempo más tarde, los peluqueros se organizaron en sindicatos y trabajaron alquilando ambientes cerrados en calles adyacentes al mercado de abasto.
¿Qué características presentaban las peluquerías? De las paredes colgaban cuadros con ilustraciones de estilos de corte más requeridos: “Romano”, “Medio Palermo”, “Firpo”, “Media Melena” y otros más. Los sábados y domingos eran sagrados y estos peluqueros eran considerados de “tercera clase”, por sus cortes económicos.
“Peluqueros-flebótomos”
Un peluquero ya avanzado de años, con una sonrisa en los labios, recuerda el trabajo de los ‘peluqueros-flebótomos’: él tuvo que ir una vez, obligado por su padre y por el dolor de muelas, a una de esas peluquerías donde arrancaban muelas y dientes por cinco reales. Cuando era adolescente, una de ellas estaba en la casa de la familia Buitrago, que fue demolida para construir el edificio de la Renta, hoy Servicio de Impuestos Nacionales, en la esquina de la plaza central.
“A los hombres adultos —comenta— el peluquero les ponía la rodilla en el pecho a fin de que no se vaya encima el paciente al jalar la muela con la tenaza”.
Eran inevitables esas escenas algo risibles. En aquel tiempo, todos sentían terror por los peluqueros-flebótomos. Todavía no se conocía la anestesia ni tampoco a los dentistas.
En 1922, en la calle Bustillos casi esquina Frías, se podía leer un letrero que anunciaba “Peluquero y flebótomo”, con ilustraciones de una tenaza y una muela, y al otro extremo unas tijeras y un peine.
Al poco tiempo llegaron a Potosí unos médicos dentistas que trabajaban con todos los procedimientos modernos: anestesia, limpieza de caries, etc.
Con casilleros enumerados
En 1917 había diez peluquerías en Potosí. Estaban instaladas en la calle Ayacucho, en la Plaza 6 de Agosto, al lado del Club Internacional, otras frente al Correo Central.
En las peluquerías antiguas había muebles especiales con casilleros enumerados donde los clientes más delicados y cuidadosos guardaban su material para recibir un servicio personal. Allí estaban su propia máquina para recortar, unas tijeras, un peine personal, una brocha, una navaja de afeitar y una toalla: ellos tenían su llave.
“A lo Melgarejo”
Jueves y domingos se atendía servicio de barba y los clientes iban a hacerse igualar el bigote. En cierta ocasión estaba de moda la barba “a lo Melgarejo”.
Cuando para las damas llegó la moda de la melena, se atendía a domicilio; y para los “pijes” de esa época se cobraba caro. En tiempos en que aún no había energía eléctrica, los candeleros en las paredes permitían los trabajos nocturnos.
Las peluquerías ostentaban espejos alemanes biselados, jaboneras de porcelana, un calentador de agua que funcionaba con alcohol, sillones giratorios sobre pesadas bases circulares de hierro y, por supuesto, navajas y máquinas para cortar el cabello.
Con el paso del tiempo, se empezó a trabajar con lámparas. La primera vez que instalaron luz eléctrica en Potosí, esto fue la novedad más importante. Se iluminó la fachada de la Casa de Moneda durante cuatro noches y la calle Ayacucho se convirtió en lugar de paseo.
Años después, la peluquería profesional recibiría un empujón definitivo. Surgieron los salones de belleza dedicados exclusivamente al cabello; fue cuando estos se acercaron al pueblo y los productos específicos de peluquería dejaron de ser artesanales.
* Cristóbal Corso Cruz es expresidente de la Sociedad Geográfica y de Historia Potosí.