Altiplanicie de Bolivia
Alfredo Dereims y su visión de nuestro país.
El 15 de febrero de 1901, con el objetivo de levantar información geográfica de los departamentos de Oruro y La Paz, así como de realizar el levantamiento catastral de los distritos mineros y regiones agrícolas, se suscribió en Londres un Convenio para efectuar levantamientos topográficos en Bolivia. En la ocasión, nuestro país estuvo representado por el entonces ministro plenipotenciario en Gran Bretaña, Félix Avelino Aramayo.
Como resultado, a inicios de diciembre de 1901 arribó a Bolivia una misión francesa integrada por ingenieros especializados. Entre ellos destacó Alfredo Dereims, reconocido ingeniero que realizó importantes trabajos de Geología en la Facultad de Ciencias de la Universidad de París y participó en la misión exploradora del Adrar, dirigida por M. Blanchet en 1900.
Mientras estuvo en nuestro país efectuó productivos estudios en los Departamentos de La Paz, Oruro, Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y Tarija.
En julio de 1905 presentó al entonces Ministro de Fomento e Instrucción Pública un informe parcial de las labores realizadas en nuestro país, intitulado: ‘Geología Nacional excursiones científicas’ (1901-1904), publicado en 1906. Sobre ello, el escritor Manuel Frontaura Argandoña señaló en su obra ‘Descubridores y exploradores de Bolivia’ (1971): “Su informe está acompañado de dibujos de cortes de formaciones geológicas, y de un magnífico mapa”. Asimismo, presentó el documento denominado: ‘Régimen de las aguas de la Altiplanicie’ (1906) difundido en la Revista del Ministerio de Colonización y Agricultura.
A su regreso a su país, publicó en París, en 1907 el interesante folleto en francés ‘Le haut plateau de Bolivie’, editado por la Librairie Armand Colin. Posteriormente, el texto apareció en español bajo el título ‘El altiplano de Bolivia’ en los números 37, 38 y 39 de la Revista del Ministerio de Colonización y Agricultura de Bolivia. Muchos años después, en 1975, fue nuevamente difundido como parte del primer volumen de la Biblioteca del Sesquicentenario de la República, publicada por la Dirección General de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, edición compilada por Raúl Botelho Gosálvez.
Tras conmemorarse el bicentenario, el año pasado, revisamos la primera parte de ese documento:
La altiplanicie de Bolivia
Bolivia comprende dos regiones muy diferentes: las tierras altas andinas y las llanuras que forman parte de la gran depresión interior de la América del Sur. Ella cedió definitivamente en 1904, a Chile sus territorios marítimos. Su superficie es alrededor de 1.225.000 kilómetros cuadrados.
Por tierras altas, hay que comprender: 1° la alta meseta propiamente dicha, la Altiplanicie, de una altura media de 3.700 o 3.800 m., muy netamente enmarcada entre las dos cordilleras: 2° una distinta meseta, unida al SE a la primera, y que continúa hacia el Sur sobre el territorio de la Argentina. Esta segunda meseta, muy elevada todavía al contacto de la Cordillera, incluso más elevada que la altiplanicie, desciende bastante regularmente hacia el Este: Cochabamba no está ya más que a 2.800 m., Sucre a 2.700 m. Es hacia el Este, siguiendo el declive, hacia donde corren todas sus aguas que van al Amazonas o al Río de la Plata. Termina bruscamente al borde por un acantilado que hace un ángulo obtuso muy abierto con la Cordillera oriental. Recortada por numerosos valles, la superficie de esta región montañosa es mucho menos regular que la de la Altiplanicie, pero las diferencias de nivel nunca son muy fuertes y no sobrepasan los mil metros. En vano se trataría de distinguir allí cadenas: no hay allí ninguna alineación regular. Es un relieve de la antigua meseta labrada por la erosión. Por su clima, sobre todo por su vegetación, esta segunda región se distingue muy netamente de la Altiplanicie. Por allí se efectúa la transición con las tierras bajas.
La alta meseta, de la que se tratará solamente aquí, se prolonga hacia el Norte, en territorio peruano, al otro lado del lago Titicaca. Se prolonga hacia el Sur, en territorio chileno, por la meseta o Puna de Atacama. Su declive, en Bolivia, es hacia el Sur. El lago Titicaca está a la altura de 3.812 m., el lago Poopó, que recibe sus aguas, está a 3.694 m. La gran Pampa de Sal situada al Oeste de Uyuni, está a menor altura todavía. Pero, al otro lado, el suelo se eleva muy ligeramente en dirección a la frontera chilena.
Las cadenas que dominan la Altiplanicie están entre las más imponentes que existen en el mundo. Al Este, está la Cordillera real, cuyas dos cumbres principales, el Illimani y el Illampu o Sorata sobrepasan los 6.400 m. Entre estas dos altas cimas, se yerguen otras, igualmente resplandecientes de nieve, dando la impresión de una cadena en dientes de sierra, de una verdadera Sierra. En esta región septentrional de Bolivia, entre el Illimani y el Illampu, la pendiente de la Cordillera hacia el Este es un verdadero abrupto. En menos de 100 km. se pasa de las tierras frías de la meseta a la zona de los bosques tropicales.
La cadena occidental es menos elevada, aunque ciertas Cumbres, como el Sajama, pasan allí de los 6.500 m. El declive es todavía muy fuerte hacia el Oeste, pero sin resalte, sin abrupto. Hacia el interior, las dos Cordilleras tienen vertientes más suavizadas. El conjunto de la Altiplanicie dibuja pues un fondo de nave, pero de superficie irregular. Accidentes montañosos, pequeñas cadenas secundarias se alinean allí paralelamente a las direcciones maestras de ambas Cordilleras, sin alcanzar, empero, en ningún momento mucho más de un millar de metros sobre la superficie de la meseta. La Chilla, al S. del lago Titicaca, a 4.823 m., el Miriquiri, al N. de Corocoro, a 4.781 m. Durante los tres años que pasé en este país, tuve ocasión de estudiar su estructura geológica. Todos los terrenos que afloran en la Cordillera del Este, sobre la Altiplanicie y en la parte boliviana de la Cordillera del Oeste, pertenecen a las formaciones primarias. Parece bastante verosímil que, desde el comienzo de los tiempos secundarios, toda esta región ya no estuvo cubierta por las aguas marinas. Las capas más antiguas se hallan al Este; la Cordillera real es en gran parte siluriana; luego vienen, en estratificación lo más a menudo concordante, las capas devonianas, carboníferas, luego, asperones y margas gipsíferas que se pueden relacionar con el Permiano.
El conjunto forma una serie de grandes pliegues, complicados, en la Altiplanicie, con plegamientos menos importantes. En ninguna parte he visto pliegues apretados y volcados como los que figuró Forbes en su corte, ya clásico, de la península de Copacabana, en el lago Titicaca.
El corte de Forbes proporciona el diseño general de esta estructura. Va del Illampu al Sajama, esto es, de una Cordillera a otra, siguiendo una dirección casi N-S. El Siluriano y el Devoniano están al estado de esquistos y grauwackes, con cuarcitas, cuyos alineamientos muy netos se destacan en relieve. Las rocas más duras son las calizas carboniferianas de Fusulinas. Son ellas las que en la Altiplanicie constituyen los eslabones mejor diseñados.
En tanto que en la Cordillera real no se encuentra ninguna huella de volcanismo, ya que las únicas rocas de origen eruptivo son granitos primarios, los flancos de la Cordillera occidental están recubiertos de derrames eruptivos. Allí son numerosas las cumbres volcánicas. El Sajama es un volcán apagado. Los indígenas van allí a buscar azufre que, con los salitres tan abundantes en la región, les sirve para fabricar pólvora. Al Norte del Sajama, se ven humear dos pequeñas cimas crateriformes.
Todas estas rocas eruptivas son terciarias y su presencia es un indicio de las grandes dislocaciones de la vertiente Pacífica que acompañaron la surección del macizo. Yo no estudié esta vertiente Pacífica, pero sí, como se lo indica, hay allí capas secundarias no plegadas, es posible representarse que hubo en esta región boliviana, primero una serie de pliegues que datan del final de los tiempos primarios, luego, después de un largo período de descanso, durante el cual toda la región permaneció emergida, un levantamiento en masa acompañado de dislocaciones y fenómenos eruptivos.
(*) José E. Pradel es socio correspondiente en La Paz de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).