El rey de la “F”

Felipe VI ha vuelto a dar de qué hablar en los países hispanoamericanos.

El rey Felipe VI en la exposición de arte indígena mexicano que se realizó en Madrid..

El rey Felipe VI en la exposición de arte indígena mexicano que se realizó en Madrid..

Felipe VI en la Casa de Moneda, 1991.

Felipe VI en la Casa de Moneda, 1991.

Los reyes de España caminan por las calles potosinas, 2000.

Los reyes de España caminan por las calles potosinas, 2000.

Visita de la reina Sofía, 1992.

Visita de la reina Sofía, 1992.

Fotografía coloreada de la infanta Eulalia.

Fotografía coloreada de la infanta Eulalia.

El rey Juan Carlos I en la puerta de la Casa de Moneda, 2000.

El rey Juan Carlos I en la puerta de la Casa de Moneda, 2000.


    Juan José Toro Montoya para ECOS
    Ecos / 04/05/2026 14:15

    Felipe comienza con Fe, especialmente en España. Aunque su rol formal es de representatividad, el Rey solo ha necesitado emplear la prudencia para desarrollar acciones que, más que hechos, son mensajes que hasta hace poco eran solo para los habitantes de su país. El último, empero, estuvo dirigido a toda Hispanoamérica.

    “Los reyes católicos, la reina Isabel con sus directrices, las leyes de Indias”, tuvieron “un afán de protección” hacia los indígenas, pero "luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho abuso”, afirmó Felipe VI, según se lee en un cable de la española agencia EFE.

    No fue un mensaje formal, pero ha sido destacado porque es la primera vez que un rey español se refiere, con ese tono y en un contexto particular, a las tensas relaciones que hubo entre el Reino de España y sus territorios en América que, todavía hoy, mucha gente insiste en llamar “colonias”.

    Hoy en día, con el siglo XXI ya entrado en años, el contexto hispanoamericano todavía está marcado por la posición asumida por el expresidente de México, Andrés López Obrador, y su sucesora, Claudia Sheinbaum. En 2019, el primero envió cartas al rey de España, Felipe VI, y al papa Francisco exigiéndoles que pidan perdón por los agravios infringidos a los pueblos originarios de América.

    El pontífice respondió, aunque tres años después, durante su visita a Canadá, donde pidió disculpas por los abusos que pudo haber cometido la Iglesia católica en la conquista de América. En España no contestó el Rey, sino el Gobierno, que rechazó el pedido del entonces presidente mexicano. “Nuestros pueblos hermanos han sabido siempre leer nuestro pasado compartido sin ira y con una perspectiva constructiva, como pueblos libres con una herencia común y una proyección extraordinaria”, agregó el Gobierno de España en un comunicado.

    En 2025, a poco de haber asumido su alta investidura, la Presidenta de México recordó el pedido de López Obrador, La presidenta mexicana afirmó que comparte la postura de su antecesor y que “todavía sigue esperando esta respuesta”, así que el mensaje del Rey estaba dirigido particularmente a ella.

    “Es un acercamiento importante”, señaló la mandataria, al tiempo que reconoció que el pronunciamiento del Rey “no es todo lo que se hubiera querido”, pero sí representa una señal de apertura.

    Además, es preciso apuntar que Felipe hizo sus declaraciones nada menos que en una exposición de México en España, lo que también fue relievado por la Presidenta.

    “MUCHO ABUSO”

    Que hubo “mucho abuso” de parte de los conquistadores españoles es un hecho conocido por todos, a ambos lados del Atlántico, y, a partir de ahí, hay gente que considera que las declaraciones del Rey no tienen tanta trascendencia.

    El historiador español Esteban Mira Caballos, por ejemplo, considera que la definición de “genocidio” no aplica al régimen español que fue impuesto por los Habsburgo, así que no caben los pedidos de perdón. “Se trata de un intento de politizar el pasado, obviando las opiniones de autores como la historiadora Agnes Heller, que han escrito que las culpas nunca pueden ser colectivas porque eso exculpa a los verdaderos responsables. Todas las acusaciones tienen que ser necesariamente individuales, atribuibles a personas concretas, con nombres y apellidos. Está claro que uno no puede pedir disculpas en nombre de otro, ni un jefe del Estado en nombre de toda una nación. Ni los españoles de hoy, ni mucho menos los mexicanos, se corresponden con los del siglo XVI. Con frecuencia se identifica a los españoles de nuestro tiempo con los herederos de los conquistadores y a los americanos con los pueblos originarios, cuando, en realidad, la población hispanoamericana actual es fruto de la fusión de lo prehispánico, lo hispánico y lo africano. Por último, es impensable que nosotros, o el jefe del Estado en nuestro nombre, pida perdón por unos hechos perpetrados en cualquier caso por unos conquistadores —con sus luces y sus sombras— de hace cinco siglos”, publicó.

    Pero hay que apuntar que Felipe VI no pidió perdón, sino que admitió que hubo “mucho abuso”. De por medio, recordó algo que los “negrolegendarios”, o partidarios de la leyenda negra de la conquista, siempre pasan por alto: el imperio español no impuso un régimen esclavista sobre los nativos de América, puesto que los consideró sus súbditos. Las Leyes de Indias, como bien apuntó el Rey, tenían tendencia protectora respecto a los indígenas. El problema fue que unas eran las leyes y otra la realidad ya que los gobernantes regionales, comenzando por los virreyes y pasando por los corregidores, no las aplicaban y permitían los abusos y, frecuentemente, los cometían ellos mismos.

    Y es que hubo una omisión por parte de los reyes españoles: ninguno visitó sus territorios en América mientras estos eran dependientes de la corona. Si lo hubieran hecho, habrían encontrado que la realidad era diferente a como la pintaban sus virreyes.

    La primera integrante de la familia real que visitó América fue la infanta Eulalia, pero lo hizo tan tarde como en 1893, de paso hacia la feria mundial de Chicago. Estuvo brevemente en Puerto Rico y Cuba.

    El primer rey español en visitar América fue Juan Carlos I, en 1976, cuando llegó hasta la República Dominicana en compañía de su esposa, la reina Sofía.

    A BOLIVIA

    El rey Felipe VI fue el primer príncipe español en visitar América y también Bolivia. Llegó a nuestro país en 1991 y estuvo tanto en Sucre como en Potosí. En esta última ciudad, ascendió hasta la cumbre del Cerro Chico.

    Al año siguiente llegó su madre, la reina Sofía, quien se quedó más tiempo y dejó varias anécdotas como, por ejemplo, el haber amadrinado a una indígena yampara, en Chuquisaca, y superar a su hijo en Potosí, porque ascendió hasta la cumbre del cerro mayor, el Cerro Rico, y en ningún momento se quejó de la altura.

    Ocho años después, en 2000, llegó la pareja real y también visitaron Sucre y Potosí. Todavía eran los años dorados para esta familia puesto que todavía no habían estallado los escándalos que derivaron en la abdicación de Juan Carlos I en favor de su hijo Felipe.

    La última visita fue el 11 de marzo, atendiendo una invitación personal del presidente Rodrigo Paz. Solo se había previsto el viaje a Chile, a la posesión de Kast, pero el Rey aprovechó la proximidad para estar unas horas en La Paz. Curiosamente, en las redes circularon muchas noticias falsas de que también visitaría Sucre.

    Fue antes de que, ya en Madrid, admitiera que hubo “muchos abusos” en la conquista española.


    Buena imagen

    La “F” ha marcado a Felipe, y no solo porque es la primera letra de su nombre. En 1981, el 23 de febrero, militares profranquistas protagonizaron un golpe de Estado que tenía la intención de reponer la dictadura militar, pero Juan Carlos I se puso firme y con un mensaje contundente ayudó a desmontar la asonada que pasó a la historia como 23F.

    Pero el prestigio de Juan Carlos, cimentado en varios años, se cayó desde el escándalo de la cacería de elefantes en Botsuana. Era abril de 2012 y las fotografías del Rey con un elefante muerto apenas fueron el inicio de una serie de denuncias que iban desde amantes e hijos ilegítimos hasta grandes escándalos de corrupción.

    La pesadilla se extendió por dos años, hasta que Juan Carlos debió abdicar y el príncipe Felipe se convirtió en el nuevo rey. Pero los escándalos siguieron hasta 2020, cuando Felipe tuvo su propio febrero negro, cuando las denuncias llegaron a tal extremo que el rey tomó determinaciones directas en contra de su padre: le retiró su asignación de 194.000 euros anuales y renunció a los derechos a su herencia si el patrimonio tiene origen dudoso.

    El periodista Ildefonso Olmedo, exeditor de la revista Crónica del diario El Mundo, dice que no es partidario de la monarquía, pero tiene buena imagen del Rey. “Ha jugado un papel que no era fácil a la hora de suceder a un padre que se había desprestigiado y ha sabido ser firme al tomar decisiones que afectaban a su propio padre”, dice.

     La mayoría de los españoles coincide al señalar que los escándalos de Juan Carlos afectaron duramente la imagen de la monarquía, que Felipe VI ha rescatado con sus decisiones y acciones.

    El numismático e historiador Glenn Murray es estadounidense, pero ya lleva varios años viviendo en España, de la que tiene la nacionalidad. No es partidario de las monarquías, pero de Felipe “no puedo decir nada malo. Yo creo que le ha caído un papel muy difícil por los líos en que se metió su padre y está intentando llevar la Casa Real como puede”.

    En general, la imagen de los españoles sobre Felipe VI es positiva así que sí, La “Fe” de su nombre también puede interpretarse como confianza en un mejor futuro para un país que también ha sufrido invasiones y episodios negros en su milenaria historia.

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