Los primeros colegios

El Junín tiene antecedentes coloniales, pero nos ocupamos del periodo republicano.

Encuentro de investigadores de los colegios bolivarianos realizado en Cochabamba el 3 de febrero de 2026.

Encuentro de investigadores de los colegios bolivarianos realizado en Cochabamba el 3 de febrero de 2026.

Inicio de la carta a la Municipalidad de La Paz.

Inicio de la carta a la Municipalidad de La Paz.

Inicio de la carta al presidente de Potosí.

Inicio de la carta al presidente de Potosí.

Maestras y directoras de los colegios Sucre, de Cochabamba, y Pichincha, de Potosí.

Maestras y directoras de los colegios Sucre, de Cochabamba, y Pichincha, de Potosí.


    Juan José Toro Montoya (*) para ECOS
    Ecos / 04/05/2026 23:41

    El decreto emitido por el Libertador Simón Bolívar en Chuquisaca, en fecha 11 de diciembre de 1825, es considerado la norma base para la historia de la educación boliviana ya que establece el establecimiento de escuelas primarias y colegios de ciencias y artes en cada capital de los departamentos que tenía entonces Bolivia.

    Sobre la base de ese decreto, en 1826 fueron fundados los colegios que, por eso mismo, son llamados bolivarianos: el Sucre, de Cochabamba (3 de febrero); el Pichincha, de Potosí (2 de marzo); Ayacucho, de La Paz (27 de abril); Junín, de Sucre (3 de mayo); y Bolívar, de Oruro (28 de octubre).

    En el caso del colegio Junín, este fue establecido sobre la base del colegio Real del señor San Juan Bautista, de Chuquisaca —que los jesuitas fundaron en 1621— y se inauguró el 6 de agosto de 1826. El artículo primero del decreto del 3 de mayo dice que el colegio de ciencias y artes de esta ciudad se abrirá en el antiguo colegio de San Juan, el día 6 de agosto próximo, aniversario de Junín; llevará este nombre para recordar á sus alumnos el día glorioso en que la victoria concedió á los representantes del pueblo de Bolivia, que un año después firmasen la independencia de la república, para señalar á sus hijos el camino de la civilización y las luces”.

    El colegio Sucre, de Cochabamba, fue fundado por decreto del 3 de febrero de 1826, que todavía no fijaba su nombre. El artículo 2 dice que debía funcionar en la antigua casa de la compañía, ó cualquier otro edificio público”. Como se ve, la mayoría de los colegios fueron establecidos sobre bienes de la iglesia.

    Pero antes de que se promulgue el decreto del 11 de diciembre, hubo uno, anterior, que fue la base para la fundación del colegio Pichincha de Potosí, el que Bolívar promulgó el 10 de octubre de 1825. Este establece que de cada marco de plata se pagará solo un medio real, que se destina a formar la renta del colegio, que se ha de establecer en esta villa”.

    CARTAS DE SUCRE

    Establecer o fundar cinco colegios no debió ser tarea fácil, así que es infantil pensar que se haya tomado la decisión de abrir uno de ellos de un día para el otro, como refiere la versión tradicional del origen del colegio Pichincha.

    Entre la correspondencia de Antonio José de Sucre están tres cartas que confirman que el mariscal de Ayacucho ya estaba pensando en abrir esos colegios antes, incluso, que la fundación de Bolivia.

    La primera carta está fechada en Chuquisaca el 26 de mayo de 1825 y está dirigida a la municipalidad de La Paz. De esta, extractamos los primeros párrafos:

    “S.E. el Libertador estará dentro de poco en esa ciudad. Yo deseo presentarle todos los proyectos de útiles establecimientos en ese país y los medios de realizarlos. Entre otros pienso que los más importantes son la reforma de los Colegios bajo un plan de estudios que generalice los conocimientos en todas las ciencias; la ejecución del decreto que establece una Universidad, para la cual es menester calcular los fondos que sirvan al caso; la creación de un Tribunal de Minería que dé un giro rápido a este importante trabajo del Departamento; y la instalación de una Corte Superior de Justicia, que realmente es un bien a esas provincias.

    Esta carta da bastante en qué pensar, no solo para ponderar el papel de Sucre como estadista sino, al margen, plantea la posibilidad de que el gran mariscal ya estaba consciente de que la Asamblea Deliberante, convocada por el decreto del 9 de febrero, iba a arrojar como resultado la independencia de Bolivia. Solo así se explica que Sucre haya estado planificando la conformación de instituciones para un país, no para una dependencia administrativa.

    La siguiente carta sobre este mismo tema también está fechada en Chuquisaca, el 7 de junio de 1825, y está dirigida al presidente de Potosí, a la sazón el general Guillermo Miller.

    El contenido de esa carta es el siguiente:

    Señor General;

    “Pienso que uno de los más importantes servicios que pudiera hacer el Gobierno a Potosí sería el establecimiento de una Escuela de Mineralogía, que puesta en la capital sirviese para recibir jóvenes de todo el Departamento. Siendo esas provincias compuestas todas de minas, esta escuela sería de un muy gran provecho.

    “Sírvase V.S. examinar todos los medios que pudieran llevar al cabo este proyecto y proponerme el modo de realizarlo, removiendo V.S. los obstáculos que estén a su alcance para que tenga efecto lo más breve posible.

    “Dios etc”.

    Apenas unos días después, el 29 de junio, vuelve a escribirle, más largamente, sobre el tema:

    “Señor General:

    “Me es muy agradable el celo e interés que V.S. toma en el establecimiento de la Escuela de Mineralogía y el Colegio de esa ciudad, sobre que he hecho a V.S. tan encarecidas recomendaciones.

    “Por vehementes que son mis deseos de llevar al cabo cuanto antes estos útiles establecimientos, no está en mis facultades aprobar el plan propuesto de arbitrios, porque después de examinado veo que necesita la investigación y aprobación de la autoridad legislativa puesto que se trata de nada menos que de pasar a las rentas del Colegio el producto de instituciones hechas con otros objetos y de imponer nuevos arbitrios. El plan de V.S. lo dejo a la Asamblea General para que sea examinado, recomendando poderosamente el objeto, y además, a la llegada del Libertador a esa ciudad, yo mismo seré el agente en el despacho de ese asunto, con cuyo motivo tendrá V.S. un duplicado de este plan.

    “Entre tanto puede V.S. ir disponiendo uno de los conventos de la Merced o San Agustín para el Colegio, pues el de San Francisco parece que tiene dificultades por parte de la autoridad eclesiástica, que no útil violentar. De aquellos dos escoja V.S. el mejor y más apropósito para habilitarlo y poner todo corriente puede echarse mano de 2,000 o 3,000 pesos de Tesorería en calidad de empréstito y con la condición de devolverlos a la Caja de los fondos que se señalen al Colegio, a menos que el Gobierno supremo los ceda después que yo dé cuenta.

    “Espero que el Gobierno, tomando en consideración el proyecto de suprimir los conventos menores y aplicar sus rentas a fondos del Colegio, igualmente que las capellanías vacantes, proporcionará medios bastantes para verificar el plan.

    “En fin, me prometo que V.S. como patrono del establecimiento, promoverá cuanto pueda facilitarlo, pues para abreviar todo tenemos la bella oportunidad de la reunión de la Asamblea General y la próxima venida del Libertador. He contestado el oficio de V.S. N° 86”.

    El texto de la carta es por demás claro: para entonces, 29 de junio de 1825, el “plan” para establecer un colegio en Potosí ya existía, al igual que los proyectos para los que serían abiertos en las otras ciudades.

     

    Al Congreso Constituyente

    La creación de colegios de ciencias y artes en las ciudades más importantes de la recién fundada República era una de las prioridades de Bolívar y Sucre. También se creó colegios de huérfanos y huérfanas cuyo objeto era educar a quienes habían perdido a sus padres en la guerra. Esto mismo se aplicó en las otras capitales de Departamento incluso antes que en Potosí, así que no fue un caso aislado, sino parte de un proceso. La prueba de ello es el mensaje que Antonio José de Sucre, ya elegido presidente constitucional, dirigió a la Asamblea Constituyente que se instaló en Chuquisaca el 25 de mayo de 1826 y en el que se lee estas líneas:

    En los sistemas representativos la ilustración de los pueblos es el firme apoyo del gobierno. La ignorancia es la causa de todos los males, como la sabiduría la que da el triunfo a los principios. Fondos injentes han proporcionado el establecimiento de las escuelas en todo el territorio de la Republica. En cada capital de Departamento hay un colegio de ciencias y artes, donde los jóvenes aprenderán con el nuevo plan de enseñanza a ser útiles a su patria. Su razón no será confundida con el estudio de abjtracciones que por fruto nos daban unos eternos disputadores.

    “Por otra igual adquisición de fondos vemos creados los hospicios, asilos de la desgracia, donde se da cómoda subsijtencia a los bolivianos, que por la impotencia de sus males físicos no pueden dedicarse a la industria. Las casas de huérfanos harán ciudadanos morales, que por falta de educación se corrompían”.

    Pensar que, al fundarse Bolivia, a Bolívar y Sucre no se les haya ocurrido abrir colegios, y que, en el caso de Potosí, esa idea haya surgido recién cuando un cura la planteó, como consecuencia del impacto de un sermón, es creer tontos o retrasados a los Libertadores; es decir, insultarles.

     


    (*) Juan José Toro es fundador de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).

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