Potosí a principios del siglo XX
Potosí a principios del siglo
En la historia, esta vez no referida a la Colonia sino a la República, es por demás interesante recuperar datos que se lograron recabar luego de haber investigado en la hemeroteca propia hechos guardados en la década de 1900.
Imaginariamente, al recorrer las calles de Potosí de antaño, se comenta que los vientos eran tan fríos como los de hoy; en 1932, el presidente constitucional de la República era el Dr. Bautista Saavedra. En la descripción de los datos sobre los yacimientos mineralógicos se encuentran relatos sobre Uncía, Llallagua, Colquechaca, Pulacayo, Quechisla y, por supuesto, el Cerro Rico, poniendo énfasis en sus yacimientos de argento.
También detalles sobre los minerales que se explotaban y su producción anual. En la década referida existían 22 empresas con grandes extensiones en pertenencias mineras que operaban en el departamento de Potosí. En esa época se pagaba como patente minera 4 bolivianos por veta y 2 por veneros, anualmente, la hectárea.
Se encontraron datos sobre su patrimonio arquitectónico; estaba en plena restauración la Casa de la Moneda; ya estaban erigidos el Palacio de Gobierno, la Casa de Justicia, el Colegio Pichincha, la Escuela Primero de Abril, el Colegio Franciscano, las lagunas del Karikari, las plazas y plazuelas, la cárcel, el hospital, el teatro y los templos que datan desde la época colonial.
El tema del hospital, como hoy, fue siempre en proceso de buscar soluciones. El Hospital San Juan de Dios, ubicada en la calle Millares, actual centro educativo de la Universidad “Tomás Frías”, durante la Colonia fue un convento de los Monjes de la Orden de los Juandedianos, que se remonta al año 1611.
Más tarde, en el año 1700, se construye el hospital por el magnate español Francisco de Ortega. El establecimiento de este nosocomio ha recibido sucesivamente mejoras y reparaciones de importancia; con todo, tiene sus deficiencias.
El Hospital Bracamonte se construyó más tarde por motivo de las noticias nada agradables de la declaración de la Guerra del Chaco. Hasta allí llegarían los soldados bolivianos heridos en la injusta contienda, motivada por transnacionales que explotaban el petróleo en tierras nacionales.
Con la lectura de los periódicos de la época se obtienen datos sobre el movimiento de trenes, único medio de transporte de pasajeros. Por entonces, nunca se había pensado ni proyectado la construcción de carreteras asfaltadas interdepartamentales para vehículos. Los trenes eran tan apreciados y requeridos… Se encuentran datos con horarios de salida y llegada, precios de pasajes para los distintos ramales que estaban a cargo del ferrocarril de Antofagasta a Bolivia y The Bolivian Railway Company, se añade que los precios de los pasajes tenían impuesto del Gobierno y un recargo del 5 por ciento agregado.
El movimiento de correos estaba reglamentado y se ofrecen datos sobre el costo de los franqueos en modalidades distintas, tanto para las provincias como para las capitales de departamento y el exterior.
Como no había discado directo por teléfonos —hay que imaginarse que se vivía a principios del siglo pasado—, los telegramas eran el método más expedito para comunicarse con el resto del país y el mundo. Por ello hay detalles singulares sobre la variedad de ellos.
Se editaban en Potosí ocho periódicos y tres revistas; había también siete teatros y cinematógrafos que divertían a los potosinos. En ese entonces tan solo existían 13 establecimientos educativos y 14 Escuelas de Cristo, en diferentes zonas de la ciudad, que funcionaban bajo la dirección del padre José A. Zampa.
No faltaban los abogados instalados en la calle Tarija; ni los procuradores, los médicos, las matronas, los dentistas, los ingenieros… Los ensayadores, ubicados en el barrio del Calvario, y los fotógrafos ambulantes de cajón, en la plaza central, donde entregaban fotos al instante.
El servicio de “autos expresos” tenía tarifas para distintos lugares. Una visita al balneario Don Diego costaba Bs 25; a la ciudad de La Paz, Bs 500, y a Sucre Bs 160.
La ciudad era iluminada por la energía eléctrica de la “Empresa Luz y Fuerza Eléctrica”, de propiedad de Augusto Soux H.
En las molineras de Pampa Ingenio de la Sociedad Harinera Soux se elaboraba la harina para el pan nuestro de cada día. Nadie compraba ese insumo de Argentina; era muy cara. Se prefería la harina de Chile, llamada tradicionalmente “Chile Jak’u”.
También había grandes casas comerciales: J. Vladislavic ofrecía una variedad de velas, jabones y abarrotes en general en su almacén de la calle Bolívar. La W.R. Grace & Co, gasolina Estándar “Wico” para los coches de la época. La Casa Nicolás Jurgen Schütt, a las potosinas, una variedad de hilos importados. La Casa Rafael Ramos C. tenía por especialidad “comisiones y consignaciones en general”.
Para darle gusto a la garganta se bebía cerveza marca “10 de Noviembre” con su fábrica instalada en la calle Linares.
Quienes gustaban del vino y singani de calidad y pureza podían hacer sus compras en la Casa A. Vacaflores en su bodega de la calle Frías.
El mentado singani “Majuelo” era ofrecido por Guillermo Inch, elaborados en la provincia Cinti.
Todavía quedan muchos datos por comentar. En los años 1930 se vivían tiempos previos a la Guerra del Chaco. Por ahora, ponemos punto final a este viaje dentro de la hemeroteca.