Uyuni crece, Potosí cae
El turismo que no estamos entendiendo: mientras Uyuni crece como polo internacional, la ciudad capital pierde relevancia en el circuito turístico nacional.
El turismo en el departamento de Potosí atraviesa un momento contradictorio. Mientras el Salar de Uyuni se consolida como uno de los destinos más demandados del país, la ciudad capital experimenta una caída sostenida en la llegada de visitantes. Esta dualidad no solo evidencia desequilibrios territoriales, sino también la ausencia de una estrategia integral de gestión turística.
Antes de la pandemia, Bolivia registraba alrededor de 1,2 millones de turistas internacionales, con Uyuni como su principal atractivo. Sin embargo, el escenario posterior muestra transformaciones importantes en los flujos turísticos, que obligan a repensar el modelo de desarrollo del turismo en el departamento.
En este contexto, la comparación con el Desierto de Atacama permite comprender que el problema no radica en la falta de recursos turísticos, sino en la forma en que estos son gestionados.
Flujos turísticos recientes
Los datos actuales reflejan una realidad compleja. Por un lado, Uyuni muestra signos de crecimiento sostenido. Según reportes recientes, el aeropuerto “Joya Andina” recibe más de 2.000 pasajeros semanales, de los cuales el 98% son turistas extranjeros principalmente provenientes de Asia, Europa y Estados Unidos (Red Uno, 2026).
Este flujo evidencia que el destino ha logrado posicionarse en mercados internacionales. A ello se suma la inversión de 100 millones de bolivianos para la modernización de la terminal aérea, lo que refuerza su papel como puerta de entrada del turismo internacional.
Sin embargo, cuando se analizan los datos del conjunto del departamento, emergen señales preocupantes. En la ciudad de Potosí, el arribo de turistas ha descendido a 56.589 visitantes en 2025, ubicándose por debajo de otras ciudades como Sucre y Oruro (INE, 2026). Esta caída resulta significativa si se considera que históricamente Potosí competía con Sucre como uno de los principales destinos culturales del país.
Fronteras activas, con menor flujo
El comportamiento de los ingresos fronterizos también permite identificar cambios en la dinámica turística. En el punto de Hito Cajones, se registró el ingreso de 30.505 turistas en 2024, mientras que en el paso de Avaroa - Ollagüe el flujo descendió de 12.761 visitantes en 2019 a 5.456 en 2024 (INE, 2024).
Estos datos muestran una recuperación parcial del turismo tras la pandemia, pero también evidencian que el crecimiento no es homogéneo y que ciertos puntos de ingreso han perdido dinamismo.
Además, se confirma una característica estructural del turismo boliviano: la predominancia del ingreso por vía terrestre, lo que limita la captación de mercados de larga distancia (INE, 2019).
Atacama vs. Uyuni
La comparación con el Desierto de Atacama resulta inevitable. Al igual que Uyuni, San Pedro de Atacama recibe alrededor de 300.000 turistas al año. No obstante, Chile logra transformar ese flujo en mayor ingreso económico, mejor infraestructura y mayor posicionamiento internacional.
Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), los destinos exitosos son aquellos que desarrollan una oferta diversificada y una gestión eficiente del territorio (OMT, 2020). En Atacama, esto se traduce en productos turísticos especializados, servicios de alta calidad y una planificación territorial sostenida.
Por su parte, Uyuni continúa operando, en gran medida, bajo un modelo de turismo de circuito corto, donde el visitante permanece poco tiempo y genera un impacto económico limitado en el territorio.
El problema de fondo
El caso de Potosí revela un problema estructural: la desconexión entre sus principales destinos. Mientras Uyuni crece como polo internacional, la ciudad capital pierde relevancia en el circuito turístico nacional.
Esta fragmentación impide construir una experiencia turística integral. El visitante que llega a Uyuni rara vez se desplaza hacia la ciudad de Potosí o hacia otros destinos como Torotoro o la Reserva Eduardo Avaroa, limitando la distribución de beneficios económicos.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que el turismo solo genera desarrollo cuando existe articulación territorial y encadenamientos productivos (Cepal, 2020, p. 62). En Potosí, esta articulación aún es débil.
¿Por qué Chile logra más con lo mismo?
La diferencia entre ambos modelos no es casual. Chile ha desarrollado políticas sostenidas en conectividad, promoción internacional y fortalecimiento de la cadena de valor turística. La OCDE destaca que la competitividad turística depende en gran medida de la infraestructura, la gobernanza y la calidad de servicios (OCDE, 2018, p. 67).
En Bolivia, si bien existen avances importantes, el desarrollo turístico continúa siendo fragmentado, con limitada coordinación entre niveles de gobierno y actores del sector.
El crecimiento de Uyuni demuestra que existe demanda internacional. Sin embargo, la caída de Potosí evidencia que esa demanda no está siendo aprovechada de manera estratégica.
El turismo en el departamento de Potosí no enfrenta un problema de falta de atractivos ni de ausencia de turistas. El caso de Uyuni demuestra que existe un flujo internacional consolidado. No obstante, la caída en la ciudad capital y la débil articulación territorial evidencian una crisis de gestión.
La comparación con el Desierto de Atacama permite concluir que el desarrollo turístico no depende únicamente de los recursos naturales, sino de la capacidad de construir un modelo integrado, sostenible y orientado a la experiencia.
En un contexto de creciente competencia internacional, Potosí tiene la oportunidad y la urgencia de replantear su estrategia turística. De lo contrario, corre el riesgo de consolidar un modelo desigual, donde un destino crece mientras el resto del territorio queda rezagado.
(*) Elvis Fuertes es socio de número de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí (SIHP).