Asamblea Constituyente de 1826

El 25 de mayo se recordó el bicentenario de su instalación.

Un bicentenario olvidado.

Un bicentenario olvidado.

El proyecto de Constitución enviado por Bolívar.

El proyecto de Constitución enviado por Bolívar.


    Fernando Suárez Saavedra (*) para ECOS
    Ecos / 03/06/2026 21:46

    El Mariscal Antonio José de Sucre dictó un decreto de 9 de febrero de 1825 para que los representantes de las provincias del mal llamado ‘Alto Perú’ deliberasen su suerte. Ese cónclave debía efectuarse en Oruro a partir del 15 de abril de ese año. Sin embargo, por decreto del 16 de mayo de 1825 se modificó señalando que se debería sesionar en La Plata o Chuquisaca. Los diputados sesionaron en La Plata (hoy Sucre) a partir del 10 de julio hasta el 26 de octubre. El presidente de la Asamblea Deliberante fue José Mariano Serrano. Los diputados resolvieron declarar la independencia, adoptada en la décima segunda sesión celebrada el 6 de agosto.

    La sesión No 28 del 3 de octubre de 1825 determinó su disolución, pero, al mismo tiempo, fijó el 25 de mayo de 1826 para la reunión de la nueva representación nacional; acordó designar una representación permanente de cinco miembros, uno por cada departamento, para que permaneciese en La Plata y cooperase con el presidente de la República. Sus sesiones se prolongaron hasta el 26 de octubre.

    Según lo acordado en la Asamblea General o Asamblea Deliberante, el Libertador Simón Bolívar convocó a Congreso Constituyente por decreto del 26 de noviembre de 1825, reuniéndose el 25 de mayo de 1826 bajo la presidencia del Dr. Casimiro Olañeta.

    Los diputados del Congreso fueron elegidos por los Colegios de Electores que se reunieron el 9 de abril de 1826 en todas las capitales de departamento.

    Para nombrar funcionarios se ordenó a los presidentes de Municipalidades, Cabildo Eclesiástico y Jueces de Comercio que conformasen en cada distrito y se formasen Juntas de Notables con el propósito de elegir funcionarios patriotas y honestos.

    Los requisitos para ser elegibles a la Asamblea Constituyente de 1826 eran: Ser boliviano (varón), casado o mayor de 21 años, tener empleo o industria sin sujeción a otro en clase de sirviente doméstico, y saber leer y escribir.

    Este Congreso Constituyente tuvo un carácter originario, fundacional y supremo. El 16 de junio tomó conocimiento del Mensaje del Libertador Bolívar, así como del proyecto de Constitución que este había enviado el 12 de julio a pedido de la Asamblea Deliberante.

    Primera Sesión Preparatoria

    De acuerdo a las actas originales ubicadas en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB), el 23 de mayo de 1826 se efectuó la denominada “Primera Sesión Preparatoria”. Se reunieron 28 representantes sobre la base de los Decretos Supremos de 29 de diciembre de 1825 y 9 de abril de 1826.

    Ese acto fue presidido por el doctor Manuel María Urcullo, ministro de la Corte Superior de Justicia y presidente de la Diputación Permanente. Previamente se verificaron credenciales y poderes y se reconoció que eran exactos y legítimos.

    Los asambleístas nombraron una comisión de ocho diputados para conversar con el mariscal Antonio José de Sucre, que reflexionó sobre la procedencia de inaugurarse el cónclave el 25 de mayo debido a que ni en Perú ni en Argentina habían reconocido al nuevo Estado. Los diputados, luego de retornar al Palacio Legislativo, analizaron el tema. Decidieron inaugurar el 25 de mayo, tal como estaba planificado.

    Posteriormente nombraron al presidente de la Asamblea Constituyente y eligieron a Casimiro Olañeta.

    Segunda Sesión Preparatoria

    En esta segunda sesión se aprobó el Ceremonial para recibir al Gran Mariscal. Se dispuso que una comisión compuesta de 20 diputados se trasladase al Palacio del Libertador Sucre y le pidiese que los acompañe hasta el primer asiento del Palacio Legislativo (actual Casa de la Libertad). “En el acto que el Libertador, o el Gran Mariscal entren en la sala, los Diputados se pondrán de pie, y lo mismo a su salida”, expresa el artículo 1º.

    Asimismo, el artículo 5º refiere que el Presidente de la Sala jurará en manos del Gran Mariscal o en la de quien instalare el Congreso. Posteriormente, el mismo artículo prescribe: “Los Diputados serán recibidos por acto del juramento, que prestarán en los términos siguientes: ¿Juráis ante Dios y estos santos Evangelios, cumplir según el juicio de vuestra conciencia con las obligaciones que os impone el cargo de Representantes Nacionales en el presente Congreso? Sí juro.

    ¿Juráis proteger la Religión Católica, dar ejemplo de obediencia a las Leyes y guardar secreto en todo caso, en que sea ordenado por el Congreso? Si juro.

    Si así lo hiciereis Dios os ayude; y sino él, y la Ley os lo demanden”.

    Instalación del Congreso

    La Asamblea empezó a deliberar con la presencia de 28 de los 40 diputados que designaba el Reglamento del 26 de noviembre (en las semanas y meses siguientes se incluirían otros más). El presidente Casimiro Olañeta abrió la sesión. Inició su alocución el Gran Mariscal de Ayacucho, luego de que una comisión de diez representantes lo condujese a la sala. Él, en partes salientes de su Mensaje al Congreso Constituyente de Bolivia, expresó:

    “Este día marcado en los fastos de la América por acontecimientos gloriosos, añade en el de hoy el de instalarse en Chuquisaca el cuerpo Nacional de Bolivia, a los diez y siete años en que este mismo pueblo convidó al nuevo mundo a sacudir el ominoso yugo de la España, y al género humano a cambiar la política dominadora de algunas naciones por principios libres, dignos del hombre”.

    Posteriormente, brindó una especie de discurso informe de su gestión como Presidente de Bolivia. Al finalizar, abordó un tema muy espinoso: su decisión de dejar la Presidencia: “Debo concluir. Señores, hablando al cuerpo nacional del acto más augusto de sus funciones: la de nombrar al Jefe del Gobierno. La ley de 11 de agosto concedió al Libertador el Poder Ejecutivo por todo el tiempo que resida dentro de los límites de la República; y aunque puedo aseguraros que él regresará a este país antes de dos meses, su ausencia actual y sus atenciones luego demandan encargar al ejercicio del Gobierno otra persona. La Asamblea General honrándome con su confianza en el decreto de 3 de octubre se dignó exigir mi permanencia en Bolivia”, y solicitó paro ello el accésit del Gobierno de Colombia “con el objeto de que el Congreso Constituyente me pueda confiar el Supremo Poder Ejecutivo según la voluntad de la Asamblea, y la General de los pueblos”.

    “En el corto tiempo de mi administración, yo he pesado mis fuerzas y mi capacidad para este delicado encargo, y haría traición a mis sentimientos, sino declarase la insuficiencia que me conozco para desempeñarlo. Ruego pues al Congreso Constituyente que me desembarace de la carga de gratitud que debería a los pueblos de Bolivia si me encargaran de su dirección; y que me ahorren del desagrado a que me reduciría la necesidad de rehusar aquel puesto, si aún se insiste en que lo ocupe. Representantes: la elección del Jefe del Gobierno es el acto público más delicado y más patriótico que os ocurriría en vuestras sesiones”.

    Olañeta tomó la palabra y dijo: “Señor: En Pichincha y Ayacucho rompisteis las cadenas que ligaban el continente americano a un poder usurpador y extraño a la vez. Ocupando con vuestras armas libertadoras el territorio de los primogénitos de la revolución, dictasteis el Decreto de 9 de febrero de 1825, por el cual entramos en el ejercicio augusto de nuestros derechos. Una Asamblea compuesta de los queridos del pueblo sancionó los destinos de nuestra patria. En la sabiduría de sus consejos, fruto exclusivo de una larga experiencia, os confió un poder direccional e ilimitado de que no ha tenido que arrepentirse, Es acaso la vez primera, que un gran capitán cubierto de laureles, pisando trofeos militares, lleno de gloria y con un poder inmenso, ha respetado los principios de legitimidad, conduciendo al pueblo hacia el goce de una libertad nacional. Vuestra administración franca, pura e infatigable, la justicia en vuestras providencias, y un conjunto admirable de virtudes, es la lección más importante para nuestros magistrados.

    En cada capital de Departamento hay un colegio de ciencias y artes, donde los jóvenes aprenderán con el nuevo plan de enseñanza a ser útiles a su patria. Su razón no será confundida con el estudio de abstracciones que por fruto nos daban unos eternos disputadores.

    Por otra igual adquisición de fondos, vemos creados los hospicios, asilos de la desgracia, donde se da cómoda subsistencia a los bolivianos, que por la impotencia de sus males físicos no pueden dedicarse a la industria. Las casas de huérfanos harán ciudadanos morales, que por falta de educación se corrompían.  Las niñas sabrán ser buenas madres de familias, esposas fieles, no obligadas a la prostitución por la necesidad. La moral pública ha hecho adquisiciones importantes. No me es posible referir todo lo que se ha hecho en un tiempo tan limitado. ¿No tembláis, Señor, al considerar que un solo día puede desaparecer lo que tantas fatigas os ha costado? ¿Vuestra alma grande no ama con entusiasmo la gloria y la incesante reproducción del hombre virtuoso en la memoria de sus ciudadanos?”.

    El Mariscal Sucre repitió las razones para no continuar como presidente y al fin pidió que se le permitiese retirarse. Luego, todos juraron a sus cargos en la forma prescrita.

    Sesión del 26 de mayo de 1826

    En esta sesión se consideró un proyecto de ley por el que el Poder Ejecutivo de la República se lo encargó a Sucre hasta que el Congreso sancione la Constitución, la publique y mande observar. Olañeta pidió el nombramiento de una comisión de diez diputados para que presentase la ley sancionada y se encargase de rendir su resistencia, “haciendo uso de los medios más eficaces para conseguirlo”. Se nombró a los diez comisionados y fueron a hablar con el Mariscal, que contestó que difería su “contestación hasta el día de mañana, tomando tiempo para meditarla”.

    Sesión del 27 de mayo de 1826

    El Mariscal Sucre volvió a rechazar la Presidencia de Bolivia aduciendo, según el Acto de la Asamblea Constituyente correspondiente a ese día, “no considerarse capaz de manejar los complicados negocios de un Gobierno Supremo, pues que su educación ha sido puramente militar; y después de reproducir cuanto había expuesto en su Mensaje, propuso el arbitrio de que el ejercicio del Ejecutivo se fie a un consejo de los tres secretarios, de que hasta aquí se ha servido, a quienes ayudaría con sus conocimientos prácticos del estado de todas las cosas, coadyubando, por otra parte, como Jefe del Ejército auxiliador a sostener el orden, y hacer cuanto de él se quiera exigir en este respecto”.

    Terminada su lectura, el presidente Olañeta dijo que, en circunstancias extremas, las medidas debían serlo así mismo; que por más que espíritus exaltados desaprobasen su sentir, él no hallaba otro medio para salvar la patria que proponer el siguiente dilema: “O el Gran Mariscal debe encargarse del Poder Ejecutivo, o el Congreso de Bolivia debe disolverse: que nada importaba que los políticos creyesen haberse degradado el Congreso en retroceder de su marcha, cuando lo esencial era salvar la Patria, cuya salud era la Ley Suprema: que se comunicase pues al Gran Mariscal esta resolución de la Sala, y volviesen las cosas a su primer orden”.

    Esa propuesta fue incendiaria, pues los Diputados se asustaron ante la posibilidad de disolver el Congreso Constituyente. Luego de una amplia y acalorada discusión se nombró una comisión, se redactó el pedido y la conminatoria al Gran Mariscal de Ayacucho de que si no aceptaba, se disolvería el Congreso. Se marchó la comisión y los diputados aguardaron la respuesta de Sucre. La comisión retornó e informó que el Mariscal había aceptado. Ante ello se decidió el ceremonial para su posesión como Presidente de Bolivia. La proclamación fue el 28 de mayo.

    En la sesión extraordinaria del 16 de junio de 1826, Bolívar informó que la república peruana había reconocido la independencia de Bolivia. Asimismo, adjuntó el proyecto de Constitución que la Asamblea General o Deliberante le había pedido en 1825. Ante ello, pidieron la presencia del Mariscal de Ayacucho, quien informó que las repúblicas de Colombia y Argentina también habían reconocido la independencia boliviana, aunque de modo indirecto.

    A continuación, se leyó el Proyecto de Constitución de Bolívar, que tenía un discurso preliminar. Aquí, una parte: “¡Legisladores! Al ofreceros el proyecto de Constitución para Bolivia me siento sobrecogido de confusión y timidez, pues estoy persuadido de mi incapacidad para hacer Leyes. Cuando yo considero que la sabiduría de todos los Siglos, no es suficiente para componer una ley fundamental que sea perfecta, y que el más esclarecido Legislador es la causa inmediata de la infelicidad humana, y la burla por decirlo así de su Ministerio divino; ¿qué deberé deciros del Soldado que nacido entre esclavos, y sepultado en los desiertos de su Patria, no ha visto más que cautivos con cadenas, y compañeros con hachas, para romperlas? ¡Yo Legislador...... ¡ ¡ ¡Vuestro engaño y mi compromiso se disputan la preferencia: no sé quién padezca más en este horrible conflicto, si vosotros por los males que debéis temer de las Leyes que me habéis  pedido, o yo del oprobio a que me condenáis por vuestra confianza…”.

    El proyecto normaba cuatro poderes: Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral. Asimismo, propuso la presidencia vitalicia bajo los siguientes argumentos: “El Presidente de la República viene a ser en nuestra Constitución como el Sol que firme en su centro da vida al Universo. Esta Suprema autoridad debe ser perpetua, porque en los Sistemas sin jerarquías, se necesita más que en los otros, un punto fijo, alrededor del cual giren los Magistrados, y los ciudadanos: los hombres y las cosas. Dadme un punto fijo, decía un antiguo, y moveré el mundo. Para Bolivia este punto es el Presidente vitalicio. En él estriba todo nuestro orden, sin tener acción. Se le ha cortado la cabeza para que nadie tema sus intenciones y se le han ligado las manos para que a nadie dañe”.

    Otro tema que abordó Bolívar fue el de un “Estado laico”. Para ello, justificó su postura de la siguiente manera:

    “¡Legisladores! Haré mención de un artículo que, según mi conciencia, he debido omitir. En una Constitución política no debe prescribirse una profesión religiosa; porque según las mejores doctrinas sobre las leyes fundamentales, estas son las garantías de los derechos políticos y civiles y como la Religión no toca a ninguno de estos derechos, ella es de naturaleza indefinible en el orden Social, y pertenece a moral. La Religión gobierna al hombre en la casa, en el Gabinete, dentro de sí mismo: solo ella tiene derecho de examinar su conciencia íntima. Las Leyes por el contrario miran la superficie de las cosas y no gobiernen sino fuera de la casa del Ciudadano. Aplicando estas consideraciones ¿podrá un Estado regir la conciencia de sus súbditos, velar sobre el cumplimiento de las Leyes religiosas (sic), y dar el premio o el castigo cuando los Tribunales están en el Cielo, y cuando Dios es el Juez? La Inquisición solamente podría reemplazarlos en este mundo. ¿Volverá la Inquisición con sus teas incendiarias?

    La Religión es la ley de la conciencia: toda ley sobre ella la anula, porque imponiendo la necesidad al deber quita el mérito a la Fe que es la base de la Religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son verdaderos, útiles y luminosos. La Religión es de evidencia metafísica; todos debemos profesarla; más este deber es moral y no político”.

    Desde ese momento se analizó y se discutió, por momentos, acaloradamente. La propuesta de Bolívar para establecer un Estado laico —es decir, separado de la Iglesia católica— no prosperó principalmente porque chocaba con una sociedad profundamente católica, la influencia política de la Iglesia y la necesidad pragmática del mismo Libertador de mantener el orden social y político. Al final, se aprobó la presidencia vitalicia, mas no el país laico. Se decidió que la religión católica, apostólica y romana era la oficial en Bolivia.

    La primera Constitución fue elaborada por Bolívar, sancionada por el Congreso el 6 de noviembre y promulgada por Sucre el 19 de noviembre de 1826.

    Pero, antes y después de analizar la Constitución se consideraron otras temáticas como la situación de los empleados emigrados que, por su apoyo a la independencia de Bolivia, dejaron su tierra para emigrar a otros países. Igualmente, la situación del Ejército Libertador acantonado en Charcas y la de las viudas y huérfanos de la Guerra de la Independencia, cobijados en un montepío.

    Merece especial atención la Federación del Perú y Bolivia que impulsó Bolívar. Los diputados analizaron la contribución directa para anular las contribuciones indirectas y el tributo indígena, el establecimiento de casas de rescate para la compra de minerales, la exención de derechos al cobre, la indemnización y libertad de esclavos, la creación del Crédito Público. En el ámbito eclesiástico, la exclaustración de regulares y el pago de censos; la supresión de los ayuntamientos, las clases en el ejército y las elecciones; la creación del departamento de Oruro y la reincorporación de Tarija a la nueva nación.

    El Congreso Constituyente se disolvió el 31 de diciembre de 1826. Los últimos temas los trataron por tiempo y materia, concluyendo a las 15:30 del 4 de enero de 1827.

     


    (*) Fernando Suárez es historiador y periodista.

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