Charly El Duro
Ya hacía falta uno de estos lugares en Sucre, donde uno pueda disfrutar de la noche en la forma que más le guste y sin necesidad de tener que ir a corretear y cambiar de boliche en boliche.
BIG MAMA, UN BOLICHE CINCO EN UNO
Ya hacía falta uno de estos lugares en Sucre, donde uno pueda disfrutar de la noche en la forma que más le guste y sin necesidad de tener que ir a corretear y cambiar de boliche en boliche. Comer rico, tomar unos drinks, escuchar buena música en vivo, bailar y hasta cantar es ahora la múltiple oferta que tiene para los amantes de la bohemia y la buena comida el “Big Mama café concert”, joyita de local digno de visitar una y otra vez.
Esa es la sensación que le quedó al Charly cuando hace tres semanas, guiado por sus compinches el Chompiras y el Peterete (nombres ficticios para protegerlos de una paliza doméstica), tuvo la oportunidad de conocer este boliche del cual quedó embelesado.
Varias veces sus amigotes le habían insistido para ir de cacería a este palacio de la diversión, pero el flaco, firme con sus convicciones y sus vetustas costumbres, había rehusado sistemáticamente la cordial invitación.
Esta vez fue diferente, al salir de la oficina el Chompiras y el Peterete habían organizado un cerco al chompa roja. Era sábado, el cuerpo lo sabía y el flaco no pudo resistirse. Sin embargo, galán como ninguno, no concebía el hecho de salir de parranda sin una doncella a la cual consentir, así que la aventura se tornaba insípida e incolora. El Charly estaba resignado a una noche de machos en la que se tendría que contentar con la retahíla de chistes previsibles que sus amigotes no se cansaban de repetir.
Un pique a lo macho para machos y una rondita de mojito cubano marcaron el aperitivo de la noche, antes de que salte a la tarima La Junta, un ensamble de músicos liderados por los Postigos y Mendietas. La excelente música motivó que varios grupos de amigas, que habían acudido al fiestón, en calidad de solteras, se pongan a bailar hasta derramar el taco.
La noche prometía y poco a poco el flaco galán empezó a sentirse como en casa. La cordial atención de la simpática administradora Paolita sumaba más puntos a la exigente y refinada exigencia del flaco, en cuanto a boliches se refiere.
De pronto, en lo más alto del espectáculo musical, el chompa roja se percató que en una pequeña mesa del fondo del salón, tres risueñas bohemias departían extasiadas. Su irrefrenable actitud seductora le empujó a que en un acto casi instintivo levante su copa para susurrar un salud a la mesa de las señaladas. Tras 15 eternos segundos sin respuesta, el flaco sintió desfallecer y empezó a divagar sobre la vigencia de sus encantos. De repente, una manecita blanca levantó tímidamente su copa rebosante de espuma. El Charly había hecho contacto. No tardó en retribuir la cortesía y siguió otro salud y otro y otro y varios más. El flaco diseñó rápidamente una estrategia y para estupor de sus amigos apareció sentado en la mesa de las féminas. Mientras sus tímidos amigos se acoplaban, el flaco ya había ordenado tres cervezas más: una delicadeza para las dueñas de la mesa. El flaco rápidamente desplegó sus encantos y las tres mosqueteras cayeron de hinojos, pero el Charly sólo tenía ojos para la Charito, la de la manecita alba, la primera que había respondido a su saludo. Él era fiel y leal, así que la homenajeada de esa noche pasó a ser ella: la Charito, una monada de mujer, sencilla, sublime y soñadora. La fiesta siguió hasta la madrugada, la nueva pareja extravió a los dos grupos de amigos. La velada fue incomparable. El Charly y la Charo se juraron amor eterno, pero tuvieron que despedirse porque los primeros rayos del sol enceguecían. Sellaron nuevamente sus labios y se juraron volver a encontrarse en tres semanas: mañana, justo cuando Big Mama inaugure su novedoso sistema de karaoke, una sorpresa para los asiduos clientes.