Charly El Duro
Inquieto como él sólo, el flaco galán estaba de anfitrión de una de sus amiguitas que había llegado de visita a la ciudad, aprovechando el feriado de Corpus. La rubia sexy estaba con ganas de pasar una agradable...
UN CONEJO ESTIRADO EN EL c’kALITO
Inquieto como él sólo, el flaco galán estaba de anfitrión de una de sus amiguitas que había llegado de visita a la ciudad, aprovechando el feriado de Corpus. La rubia sexy estaba con ganas de pasar una agradable estadía en su Sucre natal y sobre todo con ganas de meterle el diente a una de esas delicias que sólo la capital ofrece.
En sus misceláneos recorridos por los boliches de la ciudad, el Charly se acordó de aquel local tradicional de la bohemia sucrense que por varias décadas ha albergado las tertulias de nuestros predecesores. Quién no conoce el incomparable C’kalito, una de las heredades más arraigadas de la ciudad y cuya gastronomía ha trascendido por generaciones y aún hoy se disputa palmo a palmo los principales sitiales de la identidad capitalina.
Ubicado en el populoso y añejo barrio Universitario, El C’kalito reúne habitualmente a familias, grupos de amigos o parejitas que disfrutan del buen sabor que emana de su legendaria cocina, de esos exquisitos platos costumbristas que saben mejor con una chichita empulada.
Ese fue el lugar que el flaco galán eligió para conquistar a la Jessi. El C’kalito no es uno de esos restaurantes fufurufus ni mucho menos, es un discreto lugar en el que los cinco tenedores se prueban en cada bocadito con sabor a ají chuquisaqueño o en cada bocadito de kharapecho.
La rubia quedó encantada con el menú que le ofertaron y tardó varios minutos en tomar una decisión. Es que la oferta era tentadora y difícil de rechazar: sullcka picada, picante de cola, ranga, picante de lengua, sajta y, por ese feriado de Corpus, el plato del día: el conejo estirado.
Este restaurante familiar conserva las recetas secretas de sus fundadores don Hugo Romero Saavedra y doña María Bellido de Romero, pioneros en el barrio Universitario que competían con el Choko y la Chunchuna. Casi 50 años después, la nueva generación representada por don Hugo Romero Bellido y doña Teresa Torrico Romero, son los encargados que la tradición perdure y ya están tomando recaudos para transmitir su destreza a las nuevas generaciones de yernas.
En jueves de Corpus y recordando aquellos tiempos en que Charly visitaba asiduamente el lugar en compañía de su padre o su abuela, el chompa roja pidió un riquísimo conejo estirado: la rubia candente se inclinó por el plato de la casa: una suavecita Sullcka. Ese día la atención fue casi perfecta, ya sea porque el Américo, el hijo del dueño, se puso muy galante con la visita o capaz porque el Charly era un amigo suyo de infancia que estaba viendo de muchos años; como fuese, la nena pasó un agradable momento sobre todo cuando probó esa chichita en ajipa que los propietarios del local le invitaron, una bebida que no puede separarse del conejo estirado, según manda la tradición. Y por si fuera poco, la nena también degustó el coctelito en envase de caña, a la usanza del Corpus de antaño.
La conquista del Charly no se había imaginado que a su retorno a su Sucre del alma iba a pasar tan agradable momento, una exquisita sazón en una celebración religiosa y, lo mejor, en un tradicional lugar con un amigovio especial.
La flaca se quedará unos días más por la ciudad y ya anotó en su agenda volver al C’kalito, antes de irse, para degustar el Kharapecho, la otra especialidad de la casa, conocido a nivel nacional.
Con la misión cumplida, el sabor de la ajipa y la caña retumbando en su cabeza y con las primeras sombras de la noche, el Charly se puso más romántico que de costumbre. Después de un obsequioso feriado y una dadivosa velada, se fue a recorrer mil y un lugares con su güera de turno, con quien celebró su propio corpus hasta el alba.