Charly El Duro

Debido al inicio de las vacaciones de su querida madrecita y su tradicional viaje de fin de año a las candentes arenas del oriente, el Charly no había estado desayunando bien en su casa.

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LA GRAN 7
La Gran Siete / 08/12/2017 06:31

Una exquisita sajra hora donde Doña Irma

Debido al inicio de las vacaciones de su querida madrecita y su tradicional viaje de fin de año a las candentes arenas del oriente, el Charly no había estado desayunando bien en su casa. En realidad no había estado comiendo nada antes de ir a la oficina, porque no estaba quien religiosamente hace cumplir la sana costumbre de desayunar frutas frescas, tostadas y un espumeante cafecito caliente. Es la cruda realidad del flaco cada que llega esta época y cada que su santa madre sale de casa para escapar del bullicio de la ciudad.

Así pasaron un par de días en los que las tripas del chompa roja no cesaban de sonar y en los que el semblante era por demás evidente.

-¿Ch’aki?- era todo lo que le atinaban a preguntar sus colegas en la extensa oficina donde el sonido de las teclas era la única distracción para no pensar en la comida y esperar hasta mediodía para ir a buscar algún que otro bolichito saciador.

Un día, en uno de sus desvaríos seguido de alucinaciones gastronómicas fue abordado por una de sus nuevas compañeras de trabajo. La Dany, la más nuevita, la que parecía una veinteañera recién ingresada a la facultad, la que había ingresado a trabajar este año, a la que explotaban como china para que se gane su derecho de piso, se acercó al esmirriado galán y le preguntó si estaba bien porque le notaba agotado y con cara de muerto de hambre.

El flaco tardó en recuperarse después de ver a la Dany como en un sueño, como un ángel que le decía: -¿qué cosita quieres comer?- Aún entre sueños, el chompa roja respondió: -una sopita, mami-.

La exquisita nena que el Charly tenía por compañera quedó confundida, no sabía si él se estaba burlando o realmente tuvo una alucinación. De lo único que quedó convencida es que el flaco estaba ante un probable cuadro de anemia.

Tras reponerse, el chompa roja le confesó toda la verdad. No había estado desayunando, no había estado almorzando bien por el trabajo acumulado que tenía y tampoco había estado cenando bien porque llegaba molido a su casa, donde no estaba su mamita para calentarle la comida y hacerle comer a la hora que fuera.

Al verlo tan demacrado, la morena de espectaculares caderas tuvo compasión de él y los sorprendió con una repentina invitación a comer una sajra hora. Sí, en ese mismo instante, a riesgo de que los pillen y les descuenten por abandonar el trabajo en horario de oficina. La Dany, jovencita y radiante, también era una buena comensal que devoraba para poder vivir a su ritmo de mil por hora.Unas cuadras más allá de la oficina, la nena paró de correr y abrió una pequeña portezuela en cuyo interior había decenas de oficinistas regordetes que engullían manjares divinos.

Ese era el local de doña Irma, sobre la calle Ayacucho, en plena esquina con la Pastor Sainz. El padre del Charly le había hablado bastante sobre ese lugar, de donde fue asiduo comensal por varios años.

La Dany, también conocedora de los santuarios gastronómicos de la ciudad, había acertado, ese día el menú del local incluía el delicioso picante de ubre, debilidad del flaco.

Ella pidió un soltero, un plato que hacía gala de su condición de joven rockera, libre y sensual. Esa confesión fue el detonante para que el galán criollo pare el oído y vuelque toda su atención a la sexy y diminuta fémina que le había salvado de la inanición. Con el segundo plato adentro, el Charly estaba recompuesto y listo para entrarle a la galanteada. Aunque inicialmente ella se resistió, el abrumador galán le convenció de que tenía que recompensarle por su osada misión de salvataje. Un platillo volador, unas cervezas, una bailada en la disco y quién sabe algo más fueron anotados en agenda. Volvieron corriendo al puesto del deber y más bien nadie se había dado cuenta de la fuga. El flaco se percató de lo ardiente que era su nueva compañera y ella no parecía estar indiferente. El Charly tenía nueva conquista a la vista.

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