Charly el duro cumple con “la ley del ex”
Como se recordará, Charly era un libro abierto, material disponible, para recibir el año. Pero cayó fácil, facilísimo, en las fauces de un añejo amor de principios del milenio…no estaba en sus planes
Como se recordará, Charly era un libro abierto, material disponible, para recibir el año. Pero cayó fácil, facilísimo, en las fauces de un añejo amor de principios del milenio…no estaba en sus planes, pero respondió con creces al reto insospechado.
Todo comenzó luego de la cena de medianoche en casa. Bordeaba la 1:00, cuando eligió qué mensajes contestar, cuáles dejar en vistos y qué ignorar. Le llamó la atención un mandil blanco, no estaba entre sus contactos. “Feliz Año Charly, ¿dónde la pasas?”, decía el inquietante texto acompañado de emojis de copas de champan, cotillón y dancers retro.
Entonces llamó y del otro lado de la línea contestó una delicada e intensa voz femenina. Se trataba de Dine, una vieja gloria de aquellos años de universidad. Él tardó en reconocerla, pero más se demoró en caer en razón del por qué se había contactado.
Ella explicó que estaba en la ciudad hace como un mes y probaba suerte en un hospital del centro, cumpliendo fugaces guardias. De hecho acababa de salir de una y comía algo para luego descansar o ver…
Suficiente alerta para nuestro personaje; dijo que estaba sin nada definido, llegando al centro para anclar en algún boliche. En menos de 15 minutos estaban frente a frente, se fundirían en un abrazo y quedarían en pasar la fiesta juntos.
Ella pidió 30 minutos para bañarse y ponerse algo sencillo; él esperó en la puerta de su departamento, ansioso por saber cómo Dine había escrito las páginas de los últimos 20 años de su vida.
El mandil blanco que subió las gradas de aquella vivienda en la Bolívar (a tres cuadras de su casa), nada tenía que ver con el vestido escotado que descendería con tacones altos y el pelo mojado. Ella no había perdido su curvilínea figura, era infartante de principio a fin. Todavía con dificultades para respirar, él atinó a comprar una sidra al paso, la descorcharon y brindaron al calor de miradas, intensas como el derby light que compartieron en la plaza San Francisco.
Entonces preguntó sobre el rumbo que tomarían –para entonces el reloj marcaba las 2:30 y Charly ya no recibiría/contestaría llamadas o mensajes. Enfilaron hacia Mithos, por suerte no había mucha fila y justo pasaban unas salsas de un tal Marc Anthony y La India.
Entre música, descansos en la barra para cortos de tequila y botellines de chela, confesó que consiguió su número por una amiga en común, que tenía curiosidad de verlo y saber por qué no había hecho su vida al lado de alguien.
Él explicó generalidades, los trenes que dejó pasar en las estaciones y preguntó: “¿Por qué me buscaste?”. Temía una hiriente “porque no veía otra opción”, pero a Dine le salió una “Mis amigas casadas, mis primos lo mismo. Pensaba en una velada tranqui y te escribí pensando en que quizá estarías disponible todavía”.
Como a las 5:00, cuando la batalla ya entraba en zona de definición, Charly mostró sus garras y bajó la mano dos centímetros debajo de la cintura de su acompañante, en pleno baile. Fue suficiente para encontrar una pronta respuesta: el beso apasionado que los llevó a arrinconarse en un extremo de la pista.
Entonces con la temperatura bordeando récords, decidieron ir para su casa; ella dijo que sólo quería descansar y él –caballero– ofreció eso precisamente. Al llegar destapó una botella de champan y en la smart puso a reproducir un certero mix de Charlie Zaa.
Ahí el descanso acordado se convirtió en batalla, una encarnizada guerra de pasiones que terminaron horas después.
Han pasado cuatro días, ella simplemente se fue esa mañana con un beso corto de despedida y lo bloqueó en el teléfono.
Charly se pregunta qué fue lo que pasó, mientras se consuela con una vieja cábala futbolera: la ley del ex. Dicen que un jugador que enfrenta a su ex equipo siempre acaba marcándole un gol. Charly, ex de Dine, goleó en Año Nuevo. Aunque al parecer de nada sirviera para repetir la rutina, una y otra y otra vez…
LAS PAUTAS COORDENADAS
Charly cenó con su familia; estaban sus papás, hermanos y sobrinos. Brindaron tranquis y tuvieron tiempo para recordar con alegría todo lo que año 2018 les dejó como lecciones.
Menú
Se impuso el asado de chancho, pero también hubo picaditas salidas y sobre todo mucho alcohol, como para "matar al chancho" que se sirvió a placer, pues vino de las manos de su madre y hermana; también hubo pan dulce y uvas.
NENAS
Lo que sus ojos vieron de refilón (porque estaba acompañado), era una vorágine de nenas dispuestas a todo; de hecho un par intentó cruzar miradas y algo más. En las calles, salvo la Plaza, habían ejércitos enteros de mujeres de todas edades, tallas y colores dando rienda suelta a la bienvenida del 2019.