Noria Alta: Un barrio con necesidades
Una serie de problemas urbanos aquejan por igual a una escuela y al vecindario
CONTAMINACIÓN. Cerca de dos mil niños y jóvenes acuden a diario a la Unidad Educativa Loyola Fe y Alegría Cuando en 1966 fue instalada la escuela Loyola Fe y Alegría, sus fundadores, miembros de la Comunidad Jesuita, hicieron suya la frase de que esas escuelas comenzaban donde terminaba el asfalto.
En aquella época, la zona de Noria Alta era una de las más remotas de la ciudad y el proyecto comenzó a ser edificado prácticamente sobre un terreno de extramuros, a donde se accedía a través de calles de tierra y barro que por años se convirtieron en un desafío para toda la comunidad.
Ahora, pese a que el asfalto llegó hace ya algunos años, la unidad educativa que acoge a cerca de dos mil alumnos todavía se encuentra en medio de un peligroso foco de infección originado por los basurales y la constante amenaza de canes callejeros que atentan contra la salud de los alumnos.
Quizá se pueda afirmar que la escuela Fe y Alegría resume también las inquietudes de esa zona, pues se constituye en el vecino más antiguo que ha visto crecer y desarrollarse a un barrio que ahora queda prácticamente en el centro.
El problema de los canes es una preocupación de los directores de los diferentes ciclos, pues estos animales no solamente merodean los alrededores sino que hasta ingresan a los terrenos aprovechando el gran perímetro del predio, provocando la zozobra permanente del alumnado.
Hace pocos días, durante la celebración del Día del Estudiante, un niño sufrió una mordedura cuando participaba del festejo en pleno tinglado de la escuela, obligando a las autoridades del colegio a llamar al departamento de zoonosis del Municipio que apenas pudo capturar ese día a dos animales de centenares que pululan a diario por el lugar.
“Tenemos un foco de infección a la entrada del colegio; todos los días se encuentran a vecinos que botan constantemente la basura, pese a que el carro basurero pasa constantemente”, advierte con preocupación el director del nivel inicial, Mauricio Achá.
Pero el problema no solamente es de insalubridad, sino que también, como en una gran parte de la ciudad, los vecinos se sienten inseguros frente a las acciones de delincuentes que suelen frecuentar la zona.
Las principales víctimas resultan ser estudiantes, padres de familia y en algunos casos profesores de Fe y Alegría, especialmente quienes asisten en el turno de la noche, pues el inexistente transporte a esas horas hace que muchos tengan que recorrer a pie muchas cuadras por lugares solitarios y peligrosos.
A pesar de que los vecinos valoran positivamente al reciente asfaltado de la avenida Germán Mendoza y algunas calles aledañas, advierten que aún faltan algunos proyectos importantes como la unión con la avenida Venezuela a través del antiguo tramo de ferrocarril.
Además, la falta de barandas en muchos sectores (dada la topografía del lugar) hace que transitar en algunas calles conlleve un alto riesgo, principalmente para niños de corta edad y ancianos.
"En este último tiempo hemos estado recibiendo bastante ayuda en cuanto al arreglo de las calles, la Alcaldía ha estado mejorando los servicios pero la zona necesita más cosas en aspectos como seguridad ciudadana", afirma Gonzalo Albornoz, un vecino de Noria Alta.
En medio de todo, vecinos y comunidad educativa comparten una misma inquietud en la busqueda de mejores días para su barrio.
LOS VECINOS
Mauricio Achá: “Tenemos gente en el nocturno que viene de barrios próximos y son asaltados por delincuentes, sobre todo a los del turno de la noche”.
Gonzalo Albornoz: “No solamente el recapamiento de las calles sino también pedimos las barandas que rodean la avenida".
Edson: "La basura es más imprudencia de los vecinos, muchos dejan su basura y a veces los perros la deshacen antes de que se recoja".
Willy Civera: "Hemos tenido problemas de seguridad, transita bastante antisocial, intentan robar las motos".