Mujer yampara inspira por su perseverancia
La joven, líder de la Nación Yampara dice que estudió para no ser "levantamanos"
Una palabra que sin duda la define es perseverancia. Marta Vargas, de 29 años, se independizó de su familia antes de comenzar sus estudios secundarios, inició una carrera universitaria con dos hijos, y la pasada semana egresó de Sociología, orgullosa de ser indígena originaria y ser la mama curaca Mayor de la Nación Yampara.
Como muchas personas en el área rural salió de su hogar antes de cursar el nivel secundario, tuvo que dejar el colegio por problemas en la familia, pero luego combinó trabajo y estudio para obtener su título de bachiller en humanidades a los 22 años.
En una entrevista con CORREO DEL SUR, asegura que no fue nada fácil, por lo que no permitió que su título “lo coman las polillas” y optó por seguir una carrera universitaria.
En 2016, con sus hijos de dos años el mayor, y una niña de seis meses en sus espaldas, aprobó el examen de admisión e inició su formación en Sociología de San Francisco Xavier; tuvo que combinar sus roles como madre, esposa, estudiante y líder.
Trabajó como vendedora ambulante de verduras, una ocupación sin horarios fijos que le permitió contribuir económicamente en su hogar, asistir a reuniones escolares, pasar a recoger a su hijo a la escuela y estudiar por las tardes. Sin embargo, también vio y padeció la situación de muchas mujeres que llegan del campo a la ciudad: vendedoras ambulantes, a veces embarazadas y con hijos pequeños, que deben trasladar bolsas pesadas en medio del control de los comisarios.
Justifica la elección de su carrera porque muchos investigadores toman a los pueblos indígenas como objeto de estudio sin conocer su realidad ni vivencias. Ella es de Angola, un pueblo indígena originario de la Nación Yampara, donde ocupa el principal cargo, mama curaca mayor.
Según su reflexión, a pesar de que la Constitución Política del Estado pregona la equidad de género, en los hechos la realidad es distinta; atribuye a esa situación su interés por estudiar.
“En la política, aunque nos llevan de candidatas (solo) es para completar la plancha, eso significa que somos levantamanos, para que no haya eso he decidido estudiar”, afirma.
Los dos primeros años obtuvo un récord académico cerca de los 80 puntos, pero en el tercer año su esposo, de ocupación albañil, sufrió un severo accidente de tránsito.
“Hay discriminación. Cuando eres de pollera no te tratan bien. Exiges y ellos se molestan”, dijo al contar que peleó con el personal de salud por una mejor atención para su marido, que desde entonces está delicado de salud.
Se endeudó, al punto de no tener nada para alimentar a sus hijos, cuenta con voz entrecortada, pero luego se repone y agradece a sus compañeros y docentes por su apoyo.
Tras el accidente de su pareja, bajó el promedio en sus calificaciones. Aunque tiene cierta desazón porque su sueño era salir por excelencia, se enorgullece de no haber llegado a segundas instancias ni a cursos de verano.
La pasada semana egresó de Sociología, analiza optar por la modalidad de proyecto de grado para su titulación, espera pronto encontrar una fuente laboral, para dar estabilidad a su familia. Su próximo reto es realizar una maestría en el exterior.
“Mi visión es contribuir a mi comunidad y también ayudar a mi país, las mujeres estudiamos por amor, no por obligación. El progreso del país y de las naciones depende de las mujeres y sus familias”, concluye.