El ingenio de una maestra de Alcalá para migrar a las clases presenciales
En este municipio de Chuquisaca se fabrican su propio alcohol en gel y jabón líquido
La educación en tiempos de pandemia implicó desafíos inéditos para los llamados a transmitir el conocimiento a sus estudiantes. El covid-19 puso a prueba el ingenio y las ganas de superación de más de un maestro, que se despojó de los prejuicios y temores para retarse a sí mismo y cumplir, pese a todo, con la misión que tiene encomendada.
Algunos se acomodaron a la nueva modalidad de estudio en línea sin mayores problemas ni objeciones. Pero a muchos otros les costó –y aún les cuesta– adaptarse a esta nueva forma de enseñar, desde el otro lado de la pantalla…
Esto no siempre pasa por falta de capacidad, sino, sobre todo, por las limitaciones de nuestro contexto económico-cultural y tecnológico. Y, nadie puede dudar de que las labores escolares que se imparten a distancia, en las áreas urbanas, no tienen el mismo calor humano que las que se dictaban en las aulas, presencialmente.
EN ALCALÁ
Nelzin Gonzales Villarroel, maestra de cuarto de primaria de la Unidad Educativa Rufino Salazar del municipio de Alcalá, provincia Tomina (Chuquisaca), al verse ‘acorralada’ por la preocupación debido a una inminente migración a la modalidad semipresencial –ya que no todos sus alumnos contaban con los medios para participar de las clases virtuales–, se las ingenió creando un aula segura, que cumple con los protocolos de bioseguridad exigidos por las autoridades sanitarias.
Como ningún otro curso, Gonzales está a cargo de 28 alumnos en un centro educativo que alberga a más de 200 desde el nivel inicial hasta el sexto de secundaria.
Sostiene que ante el fracaso de la modalidad a distancia, había presión de los mismos profesores y padres de familia, quienes en reunión de autoridades determinaron pasar clases semipresenciales porque hace más de un mes no tenían casos positivos de covid-19.
En ese momento, con el permiso de la directora, esta maestra dividió la clase en dos turnos: uno con 14 estudiantes (de 8:30 a 12:00) y otro con los restantes 14 (de 14:30 a 18:00). También dividió las mesas en dos, para que una dupla de estudiantes se acomodara en ellas. Ahora, como en todo el país, las labores están suspendidas por el descanso pedagógico.
“Tenía que repetir los mismos contenidos con los dos grupos porque no podía aglomerarlos a todos en el curso. Tenía que garantizar el distanciamiento de mis estudiantes y precautelar la salud de sus familias y la mía también”, le cuenta a CORREO DEL SUR.
Pero el temor era el contacto que llegarían a tener los niños una vez que se determine volver a las clases presenciales.
Para tal efecto, encargó al soldador del pueblo la fabricación de una especie de espiral metálico que se amoldara a una mesa hexagonal y con la ayuda de láminas de plástico lo dividiera en cinco cubículos individuales para cada estudiante.
“Yo decía: ‘¿Qué voy a hacer? ¡Mi curso es numeroso!’. Como las mesas son hexagonales van a estar en contacto directo. Esa era mi preocupación, hasta que se me dio la idea de dividirlo en cinco y me contacto con el soldador, quien me dijo que sí me podía ayudar”.
“Entonces, le dije a la Directora: ‘Tengo la idea de hacer esto y no me importa hacer el gasto’, porque mi intención era cuidar a los niños y que ellos cuiden a sus papás y yo a mi mamá, que tiene 80 años”, acota.
El soldador encargó los materiales a Sucre y en unos cuantos días concretó los seis ‘esqueletos’ metálicos para que la docente los adecue con las láminas de plástico y de esa manera pueda garantizar el distanciamiento, permitiendo que sus 28 alumnos estén presentes dentro del aula con todas las medidas de bioseguridad.
“En vez de plástico quería poner acetato, pero debido a las restricciones no podemos salir a Sucre, por lo que no pude comprar ese material y tuve que adecuarlo con el que utilizamos para forrar los cuadernos”, explica la maestra al comentar que el material y la mano de obra costaron cerca de Bs 500.
UNA REALIDAD DIFERENTE
Con un par de palabras, Gonzales resume la dura realidad que viven las familias del área rural. Por ejemplo, no todos pueden adquirir sus propios insumos de bioseguridad, por lo que algunos costuran sus barbijos, o son los mismos profesores los que tienen que hacerlo, o directamente adquirir con su dinero tapabocas y donarlos a sus estudiantes.
La Alcaldía de Alcalá respondió con un lote de insumos sanitarios y la instalación de lavamanos al ingresar al recinto educativo, pero ni eso es suficiente. Tuvieron que fabricar sus “tanques” de agua, adecuados en baldes de pintura y con sus respectivos grifos; allí, los chicos se asean las manos antes de entrar a las unidades.
Asimismo, cada cierto tiempo se limpian los predios del establecimiento educativo para evitar un brote de covid-19.
Todas las medidas que asumieron han dado frutos ya que ninguno de los maestros, personal administrativo ni estudiantes se infectó hasta ahora.
Fabrican sus propios insumos para desinfectarse
Profesores y padres de familia de la Unidad Educativa Rufino Salazar, del municipio de Alcalá, de acuerdo a sus posibilidades, lograron adecuarse medianamente a las demandas de la pandemia fabricando sus propios insumos de bioseguridad como el jabón líquido y el alcohol en gel.
Debido a la desigualdad económica que se siente en el país, diferentes actores de la educación pusieron a disposición de los demás sus mejores oficios para hacerle frente a la pandemia y protegerse entre todos y con sus propios métodos y productos.
Con jabón neutro, glicerina, alcohol y sábila lograron producir alcohol en gel y jabón líquido. El producto es compartido entre todos los estudiantes y la receta es de conocimiento de los padres de familia, para que también puedan reproducirla en casa.
La profesora Nelzin Gonzales Villarroel sostiene que, a través de esta práctica, están enseñando a los niños el verdadero significado de la palabra compartir, ya que todos trabajan para cuidarse y también para cuidar a los demás.
“Estamos en ese proceso de apoyar a los papás y a los niños para que haya conciencia y nos cuidemos, porque la responsabilidad es nuestra”, complementa.