El Gobierno piensa en Padilla como inicio de ‘La Ruta del Ají’
Ponen énfasis en revalorizar los productos nativos y el patrimonio alimentario
El Gobierno, a través del Viceministerio de Gastronomía, tiene proyectada la creación de ‘La Ruta del Ají’, que partiría desde el municipio chuquisaqueño de Padilla, como una parte de una nueva estrategia para revalorizar los productos nativos, fortalecer a las comunidades productoras y promover un turismo sostenible con identidad cultural.
La propuesta surge de la viceministra de Gastronomía, Sumaya Prado, quien fue nombrada en el cargo el pasado 26 de noviembre, en el marco de la creación de una nueva cartera dentro de la administración del presidente Rodrigo Paz.
El Viceministerio de Gastronomía depende del Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, y tiene como uno de sus ejes centrales la revalorización de los productos nativos y del patrimonio alimentario del país.
Prado, en una entrevista concedida a CORREO DEL SUR, destacó que el ají es uno de los alimentos originarios más importantes del territorio boliviano, especialmente de Chuquisaca, donde se concentra una amplia diversidad de variedades con características únicas.
“El ají es un alimento originario de nuestro territorio nacional y, sobre todo, de la región de Chuquisaca. Tenemos una diversidad enorme, con distintas cualidades, propiedades y características”, dijo la autoridad.
Prado puso énfasis en la relevancia científica y cultural del ají chuquisaqueño, particularmente de la ulupica, una variedad pequeña y redonda que, según estudios de una universidad norteamericana, sería la madre genética de todos los ajíes del mundo. Este dato, afirmó Prado, posiciona a Bolivia como un referente global en el origen de este producto.
La Viceministra aclaró que su iniciativa no se limita a la promoción de una sola variedad, sino que forma parte de una política integral para impulsar todos los productos nativos bolivianos. Indicó que existen más de mil variedades de ají en el país que aún no son conocidas por la población debido a que solo unas pocas llegan a los mercados urbanos.
“El reto es que Bolivia conozca sus ajíes, que se los investigue, se los estudie y se determinen sus propiedades organolépticas y su potencial gastronómico, para que sean productos atractivos tanto para el turismo como para el fortalecimiento de los productores”, explicó.
‘LA RUTA DEL AJÍ’
La Ruta del Ají se perfila como una propuesta que permitirá recorrer pueblos y regiones con gran riqueza cultural y productiva, especialmente en Chuquisaca, sin descuidar la preservación del territorio y los ecosistemas.
Prado confirmó que, aunque el proyecto aún se encuentra en fase de planificación e investigación, La Ruta del Ají “debe necesariamente comenzar en Chuquisaca”, por ser una de las regiones más ricas en producción y diversidad de este producto.
“Si se va a hablar de ají, definitivamente tiene que partir de Chuquisaca. Regiones como Padilla son fundamentales, pero debemos analizar la conectividad, la coherencia de la ruta y, sobre todo, concertar con las comunidades productoras”, afirmó.
La Viceministra subrayó que el turismo no puede imponerse, sino que debe construirse de manera participativa, garantizando servicios básicos, conectividad y beneficios directos para las comunidades involucradas.
MÁS RUTAS
La viceministra Sumaya Prado señaló que “La Ruta del Ají” se articulará con otras iniciativas similares, como las rutas del Vino, de la miel, de la quinua real, del cacao y del café, todas bajo un enfoque de turismo sostenible, respeto ecológico y protección cultural.
Ulupica, la “madre” de todos los ajíes
Antes de asumir el Viceministerio de Gastronomía, Sumaya Prado, impulsora del restaurante ‘Gustu’, el más reconocido de Bolivia a nivel internacional, escribió sobre la ulupica (Capsicum cardenasii), un ají silvestre de frutos pequeños, esféricos y extremadamente picantes que crece en Bolivia y Perú. Estudios científicos basados en análisis de ADN señalan que la ulupica boliviana de los valles entre Aiquile, Comarapa y Villamontes sería el origen genético de todos los ajíes del mundo.
El ají está presente en América desde hace más de 5.000 años y formó parte esencial de la dieta y la cosmovisión de culturas precolombinas como la Tiwanacota y la Inca, que le otorgaron incluso un valor ceremonial. Hasta hoy, los kallawayas lo utilizan con fines medicinales.
La viceministra Prado recuerda que el ají es un alimento altamente nutritivo, aporta proteínas, fibra, minerales y vitaminas como la C, la niacina y la riboflavina; además, es bajo en calorías y se le atribuyen beneficios en el tratamiento de distintas dolencias inflamatorias, respiratorias y circulatorias.
Unesco documenta cuatro experiencias gastronómicas
La Unesco documenta cuatro experiencias gastronómicas emblemáticas de Bolivia para incorporarlas a un ‘Atlas Internacional de Alimentos’, una plataforma global destinada a salvaguardar, promover y transmitir las tradiciones alimentarias como patrimonio cultural vivo. Esta iniciativa se desarrolla en coordinación con el nuevo Viceministerio de Gastronomía de Bolivia y cuenta con el financiamiento del Ministerio de Cultura de Arabia Saudí.
En el marco del proyecto, autoridades bolivianas y especialistas nacionales e internacionales sostuvieron una reunión de trabajo para evaluar los avances de la segunda fase de implementación, que se ejecuta entre septiembre de 2024 y marzo de 2026. Esta etapa está enfocada en la investigación de campo y la documentación detallada de los territorios donde se originan estas prácticas culinarias, con el fin de integrarlas al atlas y garantizar su preservación.
Las cuatro experiencias gastronómicas seleccionadas reflejan la diversidad cultural, geográfica y simbólica de la alimentación en Bolivia:
EL APTHAPI
Según información compartida por el Viceministerio de Gastronomía, el apthapi es una práctica comunitaria ancestral que consiste en compartir alimentos producidos por las propias familias de la comunidad y representa valores fundamentales de la cosmovisión andina como la reciprocidad, la solidaridad y la unidad colectiva.
Esta experiencia fue documentada en la comunidad de Colquencha durante la festividad del Señor de la Exaltación, evidenciando su vigencia como expresión de identidad cultural.
EL AJÍ Y EL MANÍ
Ambos productos son pilares de la gastronomía local y elementos esenciales en la preparación de platos tradicionales que definen la identidad culinaria chuquisaqueña. Con su documentación se busca visibilizar no solo los ingredientes, sino también los saberes productivos, las técnicas de preparación y el vínculo histórico de las comunidades con estos alimentos.
LICORES ARTESANALES
Esta experiencia destaca la elaboración tradicional de licores a partir de frutas silvestres y endémicas de la región, como la yana yana, la quirusilla y la guayabilla.
La práctica refleja conocimientos heredados, el uso sostenible de la biodiversidad y la creatividad gastronómica local.
PESCA TRADICIONAL
Se trata de una práctica ancestral desarrollada por la nación indígena Weenhayek asentada a orillas de los ríos Pilcomayo y Bermejo. La pesca forma parte esencial de su cosmovisión, profundamente ligada a la naturaleza, al territorio y a los ciclos de los ríos, y constituye un elemento central de su alimentación y cultura.
Según el Viceministerio de Gastronomía, en la primera fase del proyecto se realizó un mapeo nacional exhaustivo de diversas prácticas alimentarias, lo que permitió identificar estas cuatro experiencias como representativas.
La segunda fase se concentrará en su documentación profunda y en la promoción de aquellas vinculadas al ají y maní y a la pesca tradicional, con el objetivo de fortalecer su reconocimiento, protección y transmisión a futuras generaciones, tanto en Bolivia como a nivel internacional. (Con datos de EFE)