Microviolencia: Bromas que duelen

Las bromas no son inocentes cuando humillan. Reconocer las emociones propias y ajenas, regular impulsos y actuar con empatía no solo previene microviolencias, sino que construye entornos más respetuosos y saludables. La inteligencia emocional, más que una habilidad, es una forma de cuidado mutuo

Microviolencia: Bromas que duelen Microviolencia: Bromas que duelen Foto: Internet

Redacción MI DOCTOR
Mi Doctor / 17/09/2025 09:49

En muchos entornos laborales, familiares o de amistad, las bromas son vistas como un elemento de camaradería y humor. Sin embargo, cuando se repiten y van dirigidas a la misma persona, pueden transformarse en una forma de microviolencia que erosiona la autoestima y las relaciones. La inteligencia emocional, entendida como la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las emociones propias y ajenas, es clave para identificar este comportamiento y frenar su impacto.

Las llamadas microagresiones o microviolencias son comentarios, gestos o actitudes sutiles que transmiten desprecio, burla o menosprecio. A diferencia de un insulto directo, se camuflan bajo la apariencia de chiste: “solo era una broma”, “no te lo tomes en serio”. Pero, según la psicóloga social estadounidense Derald Wing Sue, investigadora de referencia en el tema, su efecto acumulativo puede ser tan dañino como una agresión abierta. Estas “bromas” minan la seguridad de la persona receptora y generan un ambiente hostil.

La inteligencia emocional permite detectar la diferencia entre una broma sana y una que cruza la línea. El primer paso es la autoconciencia (reconocer cómo nos hace sentir el comentario). Si provoca incomodidad, vergüenza o enojo, es una señal de alerta. El segundo paso es la empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Quien hace bromas habituales debe preguntarse, ¿Esto que digo reafirma o hiere? La tercera dimensión es la autorregulación, que implica frenar impulsos de humor que puedan lastimar, incluso si no hay intención de dañar.

En contextos de grupo, la microviolencia suele justificarse con frases como “así nos llevamos” o “es parte de nuestra amistad”. No obstante, la repetición crea una dinámica de poder porque la persona objeto de la broma queda en una posición de inferioridad. Según estudios, uno de ellos publicado en Journal of Applied Psychology, los chistes constantes sobre características personales —como el físico, la edad o la forma de hablar— aumentan los niveles de estrés y ansiedad en el trabajo, reduciendo la productividad y el bienestar.

¿Qué HACER FRENTE A LAS BROMAS?

Los especialistas en inteligencia emocional recomiendan comunicación asertiva que es  hablar, decir, expresar con claridad y calma que ese tipo de comentarios no resultan divertidos. Frases como “prefiero que no hagas ese tipo de chistes sobre mí” marcan límites sin escalar el conflicto. Si la situación persiste, es necesario buscar apoyo en recursos humanos o en otros miembros del grupo.

Por su parte, quienes observan estas bromas pueden convertirse en aliados. El silencio valida la microviolencia; intervenir con un simple “no me parece gracioso” puede cambiar la dinámica. Cultivar la inteligencia emocional colectiva fortalece la convivencia y evita que el humor se convierta en una herramienta de exclusión.

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