Milei, blanco de una feroz campaña del aparato estatal argentino y la izquierda internacional
La recta final rumbo a un balotaje sin precedentes se vistió de una intensa campaña propagandística destinada a sembrar el miedo en torno al candidato libertario
Desde el gobierno kirchnerista argentino, echando abiertamente mano de recursos públicos, hasta presidentes y expresidentes latinoamericanos y europeos de izquierda, Argentina es el escenario de una gigantesca y multimillonaria operación internacional que busca evitar el triunfo del candidato liberal Javier Milei en el balotaje que este domingo elegirá al presidente de ese país por los próximos cuatro años.
La recta final rumbo a la segunda vuelta se vistió de una intensa campaña propagandística destinada a sembrar el miedo en torno al candidato libertario, que irrumpió en la escena política proclamando un discurso liberal que ganó la adhesión y esperanza, sobre todo, de los votantes más jóvenes de Argentina.
Esos jóvenes son, precisamente, quienes llevaron adelante a puro pulmón y sostuvieron toda su campaña electoral apelando a su propia creatividad en la producción de contenidos en diversos formatos digitales y, a través las redes sociales, se transformaron en los pregoneros de las ideas libertarias de Milei; otro fenómeno que puso al opositor en el centro de la atención internacional.
El candidato libertario logró ingresar al balotaje con un discurso disruptivo, proclamándose abiertamente liberal, promoviendo la drástica reducción del gasto público, la dolarización de la economía argentina y el cierre del Banco Central, como medidas de choque para detener la espiral inflacionaria ocasionada, sobre todo, por la indiscriminada impresión y circulación de papel moneda, las políticas clientelares del Estado, el excesivo intervencionismo estatal signado por políticas regulatorias en todos los ámbitos de la vida de los argentinos.
La irrupción de Milei provocó, como era previsible, una virulenta campaña política del partido oficialista, conocido como el kirchnerismo, que gobierna argentina casi dos décadas y condujo a ese país a su actual descalabro económico e inflacionario que sumergió al 40% de su población en la pobreza.
Así, con ese contexto, el partido gobernante no dudó en desplegar funcionarios y recursos públicos a discreción para sostener virulenta una campaña electoral que, según coinciden varios analistas de medios de comunicación argentinos, no tiene precedentes en la historia democrática país.
Campaña de miedo
La maquinaria propagandística y política del oficialismo concentró su objetivo en sembrar el miedo en torno a la figura de Javier Milei. Apuntó, a los hechos, a infundir en la gente la idea de un futuro apocalíptico si el candidato libertario resulta triunfador en el balotaje del domingo.
Los argentinos presenciaron, en redes sociales y medios de comunicación afines al oficialismo, un verdadero bombardeo de mensajes difíciles de imaginar en los límites de normalidad de un proceso electoral democrático.
Al candidato libertario se le tildó desde desequilibrado mental hasta nazi y fascista. Se le acusó, en la propaganda oficialista, de querer privatizar la educación, la salud pública, los barrios, los mares y los ríos, solo por citar algunos; o de pretender legalizar el tráfico y venta de órganos humanos o la portación irrestricta de armas de fuego en la población.
Pero hay más. Se buscó dibujar sobre él el estigma de un hombre violento, peligroso y genocida; que representaría el fin de los derechos humanos y la democracia, o la vuelta de todas las atrocidades perpetradas en ese país en períodos dictatoriales, además de otro largo etcétera de descalificativos propios de la más sinuosa imaginación política.
El panorama político de la argentina de hoy no se vivió ni siquiera en los años más tensos de la Bolivia de Evo Morales. Un discurso similar se podía escuchar, por ejemplo, durante la última intentona reeleccionaria de Evo Morales, cuando su entonces vicepresidente, Álvaro García Linera, advertía que “si no gana Evo regresarán los gringos, los vendepatrias y los asesinos; a las guaguas (niños) les van a quitar todo, y no va a haber destino; y habrá llanto, y el sol se va a esconder y la luna se va a escapar….”.
Presidentes y expresidentes entran en escena
A la ofensiva anti libertaria se sumaron, esta semana, exponentes de la izquierda latinoamericana y europea. Es el caso de los presidentes de España, México, Colombia y Brasil, que llamaron abiertamente a los argentinos a votar por el candidato kirchnerista Sergio Massa, no sin antes insinuar inminentes riesgos en su oponente contra la democracia, la justicia social y la convivencia democrática.
Antes, cuando Massa ganó la primera vuelta electoral e ingreso al balotaje, ya lo hicieron mandatarios como el boliviano Luis Arce y otros líderes y expresidentes de la izquierda española y latinoamericana, entre los que no faltó Evo Morales.
En contrapartida, el grupo Libertad y Democracia, conformado por expresidentes iberoamericanos como Mauricio Macri, Mariano Rajoy, Tuto Quiroga,y Jeanine Áñez, por citar algunos, colocó a Milei como la “esperanza del cambio frente a la continuidad del modelo kirchnerista”.
“La única salida argentina es con libertad política y económica, respeto al estado de derecho y propiedad privada, y con las reglas del juego de la democracia liberal, la economía social de mercado, la justicia social y la modernidad”, versa el pronunciamiento del grupo de expresidentes.
La influencia del Socialismo del Siglo XXI
El descalabro de la economía argentina es atribuido a las dos décadas de permanencia en el poder del régimen kirchnerista, vinculado desde sus orígenes al denominado Socialismo del Siglo XXI, que se instaló en 2003, un año después del inaugurado el gobierno chavista de Hugo Chávez en Venezuela.
La influencia del chavismo, conocido denominado luego como el Socialismo del Siglo XXI que aún gobierna ese país, abrió una nueva era en la política latinoamericana con la directa intervención e influencia ideológica de la dictadura castrista de Cuba y el financiamiento de los conocidos “petrodólares” provistos por Venezuela a movimientos políticos emergentes de distintos países de la región.
Se instalaron, así, gobiernos alineados con el chavismo en Argentina con Néstor Kirchner (2003); Ecuador, con Rafael Correa (2007); Bolivia, Brasil con Lula da Silva (2003), Evo Morales (2006) o Nicaragua con Daniel Ortega (2007).
La creciente influencia del denominado Socialismo del Siglo XXI se fue irradiando paulatinamente a otros países latinoamericanos en los que, a diferencia de los anteriores, se instalaron gobiernos de una izquierda más moderada e institucionalista, como Chile, Colombia o México.
Milei llega fortalecido
Aun así, contra viento y marea, Milei llega al balotaje de este domingo más fortalecido; con el respaldo activo de la alianza política (Juntos por el Cambio), que resultó tercera en las elecciones generales del 22 de octubre y con números favorables en la mayoría de las encuestas difundidas las últimas horas.
Sin embargo, nada está dicho aún porque, del otro lado, está la gigantesca estructura del aparato estatal argentino y su consiguiente gravitación sobre la vida y las decisiones de gran parte de los habitantes de ese país.