El gran misterio de Dios

31/05/2015
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Dios Padre es un misterio. Jesús hecho hombre encarnándose en las entrañas de la Virgen María y enviado por el Padre con la misión de salvarnos y hacernos libre, es también un misterio. Igualmente el Espíritu Santo, cuya fiesta celebramos en este día de Pentecostés, es un misterio. La Santísima Trinidad: Dios que es Padre, Dios que es Hijo y, así mismo, Dios que es Espíritu constituyen el gran misterio de lo que Jesucristo nos ha revelado. Este misterio de Dios uno y trino no es cuestión de matemáticas, ni una cuestión meramente intelectual. No se trata de una teoría, sino de una personas o personas que viven y se nos han dado a conocer.

Desde niño aprendí por medio de mis papas y hermanos mayores a hacer la señal de la cruz: "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". A los niños que van a la catequesis se les enseña a vivir este misterio de la Trinidad, haciendo la señal de la cruz. Cuando los niños vienen a la catequesis de primera comunión, el catequista se da cuenta de inmediato de que hogar vienen. Basta con iniciar el primer encuentro haciendo la señal de la cruz. Casi siempre nos encontramos con niños que no saben hacer la señal de la cruz porque los papas no la hace y, menos aún, les enseñan a sus hijos a hacerla.

La fiesta de la Santísima Trinidad es un resumen de todo lo celebrado en la Semana Santa. Dios es un ser vivo, es un solo Señor, es el creador y Señor de todo. La Biblia nos habla de Dios en el Antiguo Testamento y se manifiesta mucho más por las palabras y hechos de Jesucristo. Este Dios todopoderoso y omnisciente no es un ser solitario. En lo íntimo de su ser, sin afectar en nada a la unidad de su esencia, existe una comunidad, una familia de personas realmente distintas. Cristo llama a estas personas Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estas personas son iguales en dignidad, pero distintas. Nos es muy necesario leer y releer al evangelista Juan para conocer lo que Jesús nos ha revelado de este gran misterio cristiano.

El pueblo de Israel era consciente de la celsitud divina. Durante mucho tiempo no le dio nombre a Dios. Esto fue muy difícil para Israel que estaba rodeado de pueblos politeístas entregados a la magia y a la invocación de los espíritus. Tuvo una gran sensibilidad ante el peligro que era dar a conocer un nombre que pudiera ser invocado con encantamientos o maldiciones. Algo que nos puede ayudar a conocer a Dios es su Palabra, tanto del Antiguo como en el Nuevo Testamento, especialmente quiero señalar el libro de la Sabiduría y el evangelio de Juan.

Al hablar de la Santísima Trinidad, no podemos dejar de tener en cuenta que Dios es un misterio. Ninguna persona revela todo el misterio de su ser. Mucho menos el nombre santo de Dios, creador del cielo y de la tierra. Hablando estrictamente Dios es inefable, o sea, innombrable. Dios supera y desborda todos nuestros conceptos. Los teólogos se han encargado a través de la historia, apoyados en la Palabra de Dios y la luz del Espíritu Santo hacer definiciones de Dios. Necesitamos informarnos y formarnos a por medio de la Palabra de Dios y del Catecismo de Juan Pablo II, que se nos dan como como palabra cierta y ortodoxa.

Es muy necesaria una experiencia personal de Dios, este es el camino más recto para el conocimiento de Dios. Los grandes místicos y santos son verdaderos modelos para hacer un esfuerzo por conocer a Dios. ¿Cuánto tiempo has dedicado en tu vida a estar a solas e íntimamente con Dios? El Dios de Jesucristo es un Dios cercano, no meramente filosófico. Es un Dios que ante todo es Padre, que ha entrado en nuestra historia, que nos conoce y nos ama. Un Dios que es Hijo y ha muerto por nosotros en la cruz. Un Dios que es Espíritu Santo y nos quiere llenar en todo momento de su misma vida. Por ello, un cristiano no puede vivir en el miedo, sino en la confianza y en el amor a Dios.

La Sagrada Biblia intenta mucho más decirnos cómo es Dios que cómo podemos entenderlo, su misterio de unidad y su Trinidad. A Dios no se le entiende, se le acepta. Jesús buscó darnos un retrato de Dios, su Padre, no con una alta teología razonada sino identificándolo como un Padre que ama y se preocupa por sus hijos.

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