Indígenas y mestizos oriundos de Bolivia

BARLAMENTOS 18/09/2015
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Si algo hay que relievar del régimen actual es revalorizar el pedazo indígena de la nacionalidad. En ese tema, acertó en el mal pero equivocó el remedio. Promovió cambios en la superestructura –lingo marxista, por si acaso. La división constitucional del territorio en base a ¿etnias?, ¿lenguajes?, en las que algunas son variantes étnicas y otros han desaparecido –¿alguien habla Pacahuara?–, ocultan en mi opinión un primero entre iguales de los aymara sobre las gentes del país.

Es discurso indigenista de los años 50. Perú valora su pasado incaico; Bolivia optó por el aymara, tal vez porque la sede de gobierno es una hoyada cautiva de tal pueblo. Evo insiste en discurso que sabe restar y dividir y se aplaza en sumar y multiplicar. Divide y reina, dicen. Dicotomías como k’ara y t’ara fueron inyectadas en la gente y se denostó el pedazo mestizo mayoritario en nuestra población.

Todo esto a propósito del Encuentro de Naciones Originarias del Conamaq (Consejo de Ayllus y Markas del Q’ullasuyu) y organizaciones sociales, cuya Resolución Orgánica debe estar quitando el sueño a los operadores políticos del Gobierno. Desconocen y se oponen a la re-re-elección de Evo Morales por razones culturales, “porque la rotación es un principio y no existe reelección en nuestras culturas”, dicen, amenazando con Juicio de Responsabilidades. Echan la culpa al Gobierno de estafas en el Fondo de Desarrollo Indígena Originario Campesino (Fondioc). Denuncian por corruptos a directivos afines al Gobierno. Instan a votar por el No en el próximo plebiscito sobre Estatutos Autonómicos.

Poco interesa el tema. Sin embargo, dan pie para aseverar que el país se nutre de mentiras y medias verdades. El mito del indio superior, en la onda de Fausto Reynaga o inclusive versión tibia del admirado Franz Tamayo, es tan racista y falaz como la teoría de raza superior en los nazis, o los prejuicios de Gabriel René Moreno. La pena es que el indianismo del Gobierno actual se basa en él.

Por mi parte, estoy podrido de leer una división tripartita de los indígenas de Bolivia. La patria tiene mucho más raíz india y derivación mestiza latinoamericana, que aquel “quechuas, aymaras y guaraníes” en que se la encasilla. Se excluye a la civilización del Gran Paitití mojeño, a los pueblos y culturas chiquitanos, amazónicos y chaqueños. Si el Conamaq aglutina las nacionalidades de las tierras altas de Bolivia, ¿dónde están aquellas de las tierras bajas de dos tercios del país?

Tales prejuicios existen en todas las sociedades y la educación es el antídoto que los controla, sin desaparecer del todo. Si la educación mitiga el racismo y los prejuicios sociales imperantes, ¿por qué no mandaron a becados de 36 lenguas ‘originarias’ consignadas en la Constitución, que aprendan de países en que conviven pacíficamente etnias e idiomas diferentes, sin mellar sus derechos y deberes? Hubiera sido un lindo proyecto inicial del Fondo Indígena. A Finlandia, donde coexisten tres etnias y tres idiomas en un territorio pobre, lo que no impide que sea líder en muchos indicadores del progreso de las naciones. Sin necesidad de chantajes ni coerción del Viceministerio descolonizador que ve racismo hasta debajo del catre, ¿no sería efectivo legislar que en un plazo razonable, maestros entre los becarios indicados se integren y enseñen Culturas y Lenguas Nativas en los colegios, muchos de ellos ‘highlones’ y prejuiciosos? Lo ideal sería que financiara el proyecto la plata malgastada copiando rasgos culturales gringos, como las bandas y las ‘guaripoleras’ preferidas por indígenas y mestizos bolivianos. Los prejuicios existen en casi todas las sociedades y la educación es la única solución efectiva a largo plazo.

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