En Tiquipaya causó revuelo la declaración del Presidente Correa, apoyando la demanda marítima boliviana. Fue encebollado ecuatoriano que se agrió en Santiago, cuando el guayaquileño tuvo que tragar porotos con rienda y asegurar “que nunca apoyó salida soberana al mar para Bolivia por Chile”. Así fuera desmentido para aplacar airados reclamos chilenos, lo penoso es que la diplomacia nacional ignora la geopolítica latinoamericana, quizá estancada en el siglo 19: un país vecino es enemigo potencial; otro es tu amigo en tanto colinde con tu adversario pero sin frontera con el tuyo.
Hoy en día Chile y Perú pelean por un triángulo exiguo de territorio en la frontera común. ¿Y el corredor soberano de acceso al mar al norte de Arica? La diplomacia de Lima no se avendrá a ceder los derechos perpetuos que tiene Perú en Arica: un muelle con espigón y todo, el ferrocarril Arica-Tacna. Ahí se verá la hermandad de los dos aliados de 1879.
Brasil sigue en el zarandeo de lavar la corrupción de su sistema político, al tiempo que se detuvo su crecimiento económico. Es el tironeo entre el orden y progreso del lema positivista que adorna su bandera. ¿Qué pasará si su podredumbre contagió al nada impoluto orden político boliviano? Porque hubo nomás un eje Lula-Evo. Es feijoada que fría, sería comer cerdo y frijoles dañinos en la altura altiplánica.
Tampoco las relaciones de Bolivia con Estados Unidos son un “derroche de amor, cuánta locura". En septiembre su Embajada mandó una nota. Fuera mediante chasqui, no tomaría más de media hora en llegar a la Cancillería. Proponía la visita del Subsecretario Adjunto de Estado para asuntos del Hemisferio Occidental para el 16 a 20 de noviembre, y relanzar una Comisión establecida en 2011. El vicecanciller quizá estaba de viaje y el Canciller tal vez presidía la preparación de “Mastaku” que compita con Halloween. El Ministerio de Relaciones Exteriores no respondió y los gringos cancelaron la visita. Se quiere inversión, pero las relaciones bilaterales siguen en limbo.
Dio para alta “cuisine” el malgasto de casi medio millón de dólares en un evento en Nueva York para motivar inversiones en Bolivia. Se contrató al Financial Times para organizar el ágape, evocando algo que dijera Deng Xiaoping, que despertó a China de la pesadilla comunista con su “no importa el color del gato, sino que cace ratones”. Pero el organizador se desmarcó del objetivo del evento al remarcar errores de invertir en Bolivia. Indigestó a potencial inversionista el blablá socialista y canapé capitalista. La torta fue aderezada por Roca y Ostreicher, víctimas del doble discurso gubernamental.
Quedó un doble consuelo: festejar a Evo Morales sentado más tiempo en la silla presidencial, y celebrar su cumpleaños en la capital del mundo. Medio millón de verdes es poca cosa para un malgasto más, así se resquebrajen techos de escuelas, sobren sanitarios cubanos y falten hospitales, en un país con todo deficiente en tanto la ‘coimisión’ reste calidad a las obras. Quizá eso pasó en viaductos “c’ochalas” de buen hormigón y débiles tensores. Como en el país se invierte en satélites y no en balanzas de pesaje, quizá fue un bus cama lleno de gente que hizo ceder tirantes del viaducto. Quieren derruirlo ahora, algo como asfixiar a un bebé con tos de ahogo en vez de ponerle una inyección.
Las relaciones con países importantes para Bolivia están tirantes como los tensores del viaducto cochabambino que cedió. Mientras tanto, queda la resaca del medio millón de verdes malgastados en Nueva York.