Hace unos días la directora general de Aduanas ha lanzado una interesante noticia que puede alegrar mucho a un puñado de personas. A partir del próximo año, se prohibirá la importación de vehículos que tengan más de un año de antigüedad, esto dentro del plan de no permitir dentro de dos la importación de ningún carro usado.
Los beneficiarios principales son los importadores de automotores, entre los que se encuentran personas muy cercanas al régimen, como por ejemplo la familia del muy joven Embajador de Bolivia en el Japón, y posiblemente la banca, que a fin de cuentas facilitará los créditos para la compra de los cero kilómetros.
Los mayores perjudicados son los cientos de miles de subempleados que están en el transporte público, y que tendrán que trabajar mucho más duro, muchas más horas al día, para poder cumplir con la cuota del crédito si es que se ven obligados a renovar su coche.
Si alguien cree que esta medida tiene una ventaja ecológica porque los coches nuevos son menos contaminantes, está completamente equivocado, precisamente porque quienes tienen carros antiguos se quedarán con estos hasta las últimas consecuencias. La diferencia entre renovar un carro muy viejo por uno de segunda mano en buen estado y uno completamente nuevo es tan grande que en generla hace imposible ese paso. Ergo las calles y carreteras del país, siguen y seguirán pobladas de vehículos viejos altamente contaminantes.
Hay algo más, la prohibición de la importación de carros usados en excelente estado, perjudica también a otros rubros como el turismo y los más diversos servicios, precisamente debido a que el uso de movilidades cerro km en estos podría llevar a la quiebra o a la inoperabilidad de muchas pequeñas empresas.
Si se permitiera la importación de vehículos usados en excelente estado, algunos casi nuevos, pero con el volante a la derecha, y se permitiera en el país, (en talleres certificados por supuesto), aparte de los beneficios del bajo costo, Bolivia ganaría también en fuentes de trabajo que nos son tan escasas.
Algo anda mal en un país como Bolivia, si los coches viejos valen más que en cualquier otra parte del mundo. Hay distorsiones aún peores, tengo un carro de 25 años de antigüedad, vale hoy un 30% más de lo que valía cuando lo compré hace 5 años, (y no estamos hablando solo de la inflación no reconocida por el gobierno) . Algo anda mal, cuando uno de los países más pobres del mundo exige a sus ciudadanos comprar carros último modelo, mientras que países que tienen una estabilidad económica muy superior, y un ingreso per cápita a veces 5 veces mayor al nuestro no lo hacen.
La política de importación de automotores del actual gobierno, se parece extremadamente a la de los repartimientos comerciales borbónicos de la última etapa colonial, aquellos que fueron el detonante de las grandes rebeliones de aquella época.
Lo que cabe preguntarse, es porqué un gobierno popular y populista, que dice velar por los más pobres, establece una política de esta naturaleza. La estulticia de decir que no se quiere un país chatarra, que no se quiere ser el basurero del mundo, cae por su propio peso, dicho sea de paso, Bolivia exporta grandes cantidades de chatarra al Perú, donde esta es procesada.
Este tipo de medidas solo es comprensible a partir de una mirada extraordinariamente obtusa de la economía, o como algo que podría llamarse un feroz tráfico de influencias.
Hay algo más, ahora que la minería está de capa caída, los excedentes que permiten la compra de coches último modelo, posiblemente estén ligados en una importante porción a actividades non sanctas.
Pese a lo atestado de nuestras calles y carreteras, el derecho a tener un vehículo, sea para trabajar con él, o para mejorar la calidad de vida de la gente, es algo importante. Sobre todo en un país tan extenso, con distancias tan grandes como el nuestro. La prohibición sensata para la circulación de carros que ensucian en exceso el aire o que están en mal estado va por otro lado, no por el año de fabricación.