Desde la grandeza de su cardenalato nos conquistó su perseverancia, su inmensa humildad y su constante profunda reflexión. El acontecer mundial, nacional o local, se veían enriquecidos por una visión profunda de exhortación a la vida, a la conquista de un mayor bienestar espiritual, sin olvidar lo importante del bienestar terrenal.
Julio Terrazas fue un ejemplo de vida para todos los que tuvieron la suerte de conocerlo, pero también fue una voz de aliento y perseverancia para los que trabajan en busca de una vida mejor para su comunidad, sin conocerlo.
Era una referencia buscada para seguirlo. Cada domingo desde el púlpito, encaminaba la labor del pastor que no solo cuida su rebaño, sino también el ajeno, nunca sectario o parcial, fue un filósofo universal que buscaba con dedicación días mejores para todo el mundo, en especial, para Bolivia.
Al valorar el acontecer diario, era capaz de ensalzar las acciones de las autoridades, con la misma fortaleza y convicción con la que criticaba lo que consideraba incorrecto y fuera del respeto a la persona humana.
Crítico del poder, nunca fue menospreciado, su enseñanza era tomada en cuenta por su seriedad y profundidad.
No faltaron los atentados de quienes lejos de entender su misión, quisieron imponer el silencio.
Quienes somos católicos elevamos nuestras oraciones por su descanso eterno, pero también por el agradecimiento de la oportunidad de crecer espiritualmente bajo su dirección y guía.
Luchador contra la pobreza, fue un soldado disciplinado y un General excepcional en la batalla por disminuirla y mejorar las condiciones de quienes menos tienen y más necesitan.
Siempre ejemplo a seguir, los soldados de Dios deben tomar buena nota como se cumple la labor hospitalaria y espiritual, que cada uno debe alcanzar. Así como todos los que queremos aportar un grano de arena a mejorar nuestro futuro espiritual y terrenal, que van juntos hacia mejores días para nuestra Bolivia.
Con gran cariño, a la distancia tratábamos de seguirlo y cuidarlo, creímos que iba a estar ahí por siempre. Hoy la realidad nos devuelve los pies a la tierra, pero no nos invade la tristeza, su enseñanza y ejemplo siguen con nosotros, sigámoslo que es su obra y la nuestra, juntos por un mundo mejor.
Querido Cardenal descansa tranquilo, que tu ejemplo se queda entre nosotros, y tu enseñanza persevera hacia las nuevas generaciones con firmeza.
Una vez más nos enseñas. Al decirte adiós, nos damos cuenta que queda mucho por continuar de la obra que todavía queda por hacer.
Extrañaremos la seguridad de tu presencia, la convicción de tu enseñanza y la profundidad de tu reflexión, pero nos quedamos con tu ejemplo de lucha, con tu fuerza de acción y con la humildad de tu Ministerio.
Descansa en paz.