Nuevas tensiones entre Rusia y EE.UU.

VENTANA AL MUNDO 13/06/2016
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Nuevas tensiones entre Rusia y Estados Unidos han surgido últimamente, al margen de haber ambos realizado labores conjuntas en Siria contra los terroristas del Estado Islámico (EI). Una vez extinguida la Unión Soviética (1991), cabía esperar un ciclo positivo de cooperación y amistad entre su heredera política –la Federación Rusa– y EE.UU. Diversas circunstancias alteraron esas expectativas y están precipitando una nueva guerra fría, esta vez entre una potencia disminuida luego de su disgregación frente a otra que sí detenta poder global. Aun así, Moscú mantiene una fuerza militar formidable y un gran arsenal nuclear. Ello obliga a ser cauteloso en cualquier tipo de acción que irrite al oso ruso.

El diplomático estadounidense George Kennan (1904-2005) fue el impulsor del cerco contra la Unión Soviética al concluir la Segunda Guerra Mundial. La gigantesca potencia terrestre quedó "contenida" por un anillo de bases militares que forjó un verdadero muro de contención geopolítica. Se pensó que al salir de escena la URSS (surgieron en su lugar 15 repúblicas independientes) finalizó la guerra fría y ya no había motivos para tener cercada a Rusia. Por consecuencia del desorden generalizado que trajo consigo el fin de la URSS se liberaron del comunismo países satélites tales como Polonia, Rumania, Hungría y Bulgaria, por citar unos cuantos. Todos quisieron incorporarse a la Unión Europea y a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la alianza militar de EE.UU. y sus aliados. Fueron aceptados con entusiasmo y el cerco continuó, aunque se lo adornó con retórica pacifista.

El pasado mes de mayo EE.UU. inauguró en Rumania un escudo protector de misiles balísticos que proseguirá su curso en otros estados de la zona que otrora formó parte de la periferia soviética. Pese al tamizado de acciones con palabras suaves, es un hecho que el poder duro norteamericano refuerza su presencia en regiones que para Rusia significan una injerencia directa en su tradicional zona de influencia. Pronto se realizarán además ejercicios militares en Polonia y se instalará allí un sistema de misiles similar al rumano, lo que agregará susceptibilidades en las ya tensas relaciones Moscú-Oeste. Funcionarios estadounidenses han dicho que el proyecto está destinado a interceptar misiles lanzados desde Irán hacia blancos europeos y no va contra Rusia. Moscú ha rechazado las garantías de EE.UU. sobre lo “limitado” del despliegue y considera que éste amenaza su territorio.

La pulseada se complementa con las sanciones que impuso Occidente a Rusia por su anexión de Crimea y su intervención en Ucrania. El Kremlin considera que esas regiones están dentro de su área de influencia histórica, en lugares que fueron rusos por siglos y por tanto, ninguna potencia extranjera debería intervenir. Es más, en señal de desagrado, cazas rusos han volado cerca de barcos de EE.UU. en el Báltico durante las últimas semanas, lo que provocó alarma en Washington.

El esquema rumano también provocó una amenaza directa de Moscú: posible colocación de misiles en Kaliningrado (ex Prusia Oriental) enclave controlado por Rusia. Con alcance de 500 kilómetros y capacidad para ojivas nucleares, el sistema pondría en peligro a Europa oriental. Cabe esperar que las tensiones se reduzcan y no siga la escalada. Ello será posible si las partes actúan con inteligencia. Hay problemas más graves en el mundo y ellos precisan con urgencia la cooperación ruso-norteamericana, no su confrontación.

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