Quien no respeta el semáforo en rojo, no respetará nada

05/10/2016
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La falta de una conciencia colectiva jurídica es un tema de gran importancia en una sociedad cuando se trata de vivir en armonía, en buena convivencia, cuando se trata del “vivir bien” como dicen nuestros “amautas”, sabios originarios de los pueblos indígenas o como dijera el filósofo racionalista más grande del siglo XVII: “conciliar el arbitrio de cada uno con el arbitrio de los demás en un amplio marco de libertad”, que, en otras palabras, es vivir (convivir) conforme a derecho…. Pero no al derecho formal, ese conjunto normativo impuesto por unos cuantos que el pueblo ha elegido para que gobiernen por un tiempo. Se trata del otro derecho, de aquel que no es un concepto, sino una idea, una forma de vida, de aquel que presupone que cada ciudadano en su fuero interno sabe y reconoce cómo comportarse respetando y considerando al otro con el que convive para producir el orden y la armonía de la convivencia social. Vivir honestamente, no dañar a nadie, dar a cada uno lo suyo” (Ulpiano) son los principios más elementales del derecho que hace a la buena convivencia en una sociedad, a la conciencia jurídica colectiva y a la conciencia de cada ciudadano como pauta de su conducta cotidiana.

Sin embargo en este tiempo y particularmente en nuestro país, como no en nuestra ciudad, lo que vemos a diario y en cada momento es todo lo contrario, las personas de cualquier condición que fueran, de cualquier segmento social y hasta de cualquier calidad profesional, en su mayoría, no tiene consideración con el otro, no respetan al otro, tal parece que no les importara sino únicamente su propia persona, sus intereses personales, sus quehaceres personales y nada más; casi todas las conductas cotidianas de la gente así lo demuestran. Ni tan siquiera se respeta el semáforo en rojo, que siendo una prevención es una señal para que el otro pase y si no es otro motorizado, será un peatón que tiene el derecho de pasar la calle seguro y sin riesgo, sin embargo, aquello que es tan elemental no se respeta. En todo el mundo los conductores públicos como los particulares se pasan sin importarles la prevención del semáforo y cuando hay alguien que por respeto al derecho del otro, para su coche hasta que cambie el semáforo, ha de ser víctima de las bocinas y los improperios de los de atrás. 

Aquí nadie tiene conciencia del buen ejercicio de sus derechos que es, antes que nada, el respeto de los derechos del otro. Si no se respeta el semáforo en rojo es probable que no se respete nada, es probable que por falta de esta conciencia del legítimo derecho ajeno en nuestra sociedad, sea lo más normal bloquear una calle cuando a algunos se les ocurre, ocupar una plaza interfiriendo las actividades institucionales y de otra índole, ocupar un recinto universitario coartando el derecho al trabajo y al cumplimiento de las actividades académicas de los otros que, por supuesto, nada tienen de culpa. En una sociedad en la que gran parte de sus ciudadanos no respetan ni el semáforo en rojo, es fácil “meterle nomás”… como será fácil que ocurra lo que ha ocurrido en los últimos conflictos con los cooperativistas mineros.

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