Junto a Bolivia, Ecuador, Perú y Paraguay conforman un cinturón blanco en el mapa de Sudamérica. Es el mapamundi de las 980 mejores universidades que elabora cada año Times Higher Education (THE) y que representa con rojo intenso donde se concentran las mejores instituciones y en blanco donde no existe ninguna. Del blanco total se salvan en Sudamérica, Brasil, Argentina, Chile, Venezuela y Colombia.
En contraste, en el norte de nuestro continente, en Estados Unidos, se concentran 148 universidades de prestigio y pintan el mapa de rojo intenso, con seis de ellas entre las mejores 10 del mundo. Otros países destacados del ranking son Gran Bretaña con 91, cuya histórica Universidad de Oxford es la primera clasificada; Japón con 61 y China con 54.
Asia es una región pujante con el crecimiento de prestigio de sus centros de enseñanza e investigación, en tanto que África es un continente casi pintado en blanco por la ausencia de universidades notables.
En general, el mapamundi de las 980 mejores universidades 2016-2017 está dominado por países europeos y asiáticos.
La identificación en blanco de los países sin centros de enseñanza notables no parece azarosa y tiene una relación casi directa con el nulo aporte de nuestras universidades al conocimiento mundial. Y esto es preocupante.
Todos los utensilios tecnológicos que usamos en la vida cotidiana proceden de la investigación científica en universidades, desde automotores hasta celulares. Las principales innovaciones de organización gubernamental son también el producto de alguna investigación académica sea social, jurídica o contable. Es decir que la modernidad nos llega a través de productos que se han gestado en centros de investigación y enseñanza. Los fundamentos de la moderna comunicación de masas también proceden de centros académicos de Norteamérica o Europa.
En este contexto cabe preguntarse qué función tienen nuestras universidades. Según THE, los criterios para evaluar a los centros son los resultados de investigación, la calidad de enseñanza y la referencia de las obras publicadas, además de la colocación profesional de los titulados y sus ingresos logrados. Está claro que en nuestro país las universidades se limitan a ser centros de formación profesional con una vinculación débil a los ámbitos estatales, políticos, empresariales y de liderazgo social.
Al no generar conocimientos prácticos e innovadores, la universidad no contribuye como debería a las decisiones colectivas de importancia. Considero que se está construyendo el futuro del país desde una realidad formada desde afuera, desde la globalización, que desde los propios conocimientos generados aquí durante los últimos años.
¿Qué hacer para mejorar? El talento atrae al talento no importa de dónde provenga, dice la vicerrectora de Oxford, Louise Richardson, al explicar el éxito de esta universidad considerada la mejor por THE por el período 2016-2017.
Mientras que en la universidad boliviana se continúe con la política de dar prioridad a lazos familiares, fraternales o ideológicos para la enseñanza e investigación es muy probable que el país siga siendo un espacio blanco en generación de conocimientos. No es posible continuar con la política de aparentar lo que no sé es e improvisar lo que no se sabe.