El evangelio de hoy nos presenta el ejemplo de la fe de una mujer extranjera en el poder salvador de Jesús. Ella arranca un milagro a Jesús y le propone a todos sus seguidores, judíos y paganos, como modélica en la fe en su seguimiento. Jesús concedió la liberación del demonio que poseía a su hija. Ella persistió en la súplica aunque veía que Cristo no quería escucharla. Fue perseverante en la oración aunque era rechazada. Ante el pedido de los discípulos que están cansados de los gritos de aquella pobre madre extranjera, fuera de la fe de Israel, Jesús, siguiendo la cultura judía, que llama perros a los que no tienen la fe de los israelitas, la trata con el despreciativo de perro. ¿Qué hubiera hecho cualquiera de nosotros ante ese trato de Jesús? ¿No les parece un trato poco caritativo el de Jesús?
Jesús no sólo no la atiende, a primera instancia, sino que, pone a prueba la fe humilde y perseverante, que a nosotros nos puede parecer ofensiva, de que el pan es para los hijos y no para los perros –para los judíos, el pagano era considerado como perro, pero la mujer contesta con valentía e inmediatamente y con fe firme, que en cualquier casa, sin quitar el pan de los hijos, se procura que quede algo para los perritos. Entonces, le concede lo que pide y la mejor alabanza: “Mujer, qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas”.
Jesús es Dios y hombre a la vez. Él tiene un plan pedagógico divino para llevar a cabo lo que Dios, su Padre, le ha encomendado, para que crean en él que le ha enviado. Jesús sabe que va a hacer el milagro de liberar a su hija del demonio que la tiene sujeta a su dominio, pero emplea una manera de actuar que llama la atención de los judíos que son duros de cabeza y corazón para creer en Jesús. Jesús no pierde ocasión para llamar a los judíos a la conversión, a la fe en él. Para alabar la fe de los paganos –de los perros. Así alaba la fe de los extranjeros, como el buen samaritano, el leproso que vuelve a dar gracias, el centurión romano, la alabanza de la mujer de hoy. Cuando Mateo escribe su evangelio, ya hay muchos paganos que han sido recibidos en la Iglesia de Cristo. Por eso el milagro de hoy adquiere un simbolismo de justificación y de perdón. No hay que olvidar que las cuatro características de la Iglesia son: “Una, Santa, Católica y Apostólica”. No forma parte la nota de Romana, como algunos están diciendo por ahí.
La mujer cananea se convierte para todos en un ejemplo de conversión que encuentra la alegría del que se acerca a Dios y ora insistentemente. ¡Cómo contrasta la actitud de fe de la mujer pagana con la de aquellos que iban a Jesús sin fe. Les invito a preguntarse, ¿cómo insistimos en la oración cuándo parece que Dios niega lo que le pedimos?