Versión boliviana de parodia peruana

BARLAMENTOS 24/11/2017
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En Perú se volvió viral: miles leyeron la divertida parodia del film “La Caída” de los patatuses de Adolfo Hitler en su bunker de Berlín, cuando los rusos se acercaban y era inminente el desplome de su “Reich de los Mil Años”. Hitler prorrumpía en rabiosos improperios a sus adláteres porque la constructora brasileña Odebrecht, que sobornaba para recibir contratos aparte de construir, pringó a Keiko Fujimori y al ex Presidente Alan García por haber recibido millones.

No entraré en la arena movediza de opinar sobre si peruanos o bolivianos son más abiertos al humor. Yo alardeo de ser camba, variedad amazónica. Según mi amigo Paulovich hago un cuarteto del trío “ama sua, ama llulla, ama q’ella” tan de moda estos días: “tú eres ‘ama-zónico’” se burlaba. Hoy hilo una sardónica versión, mitad risueña, mitad tristona, en que “Mein Fuhrer” se cambiaría a “Mein Jefazo”, dada la reticencia a ser llamado “Excelentísimo” porque “no soy ningún lento”, según dijo hace poco el autor de tanta “evada”.

La parodia boliviana con los personajes hitlerianos se iniciaría con “Mein Jefazo” enterándose de que salió la versión boliviana del terceto corrupto Odebrecht, Keiko y Alan en el Perú. De volverse viral, podría ser una valla infranqueable en la carrera re-re-reeleccionaria del “Mein Jefazo”.

En nuestro país la Odebrecht sería la bahiana OAS, sea porque según el finado José María Bakovic la mayor “bandeirante” brasileña era del MNR, la Queiróz Galvão del MIR y la OAS del MAS; o porque Bolivia era presa muy chica para la Odebrecht; o porque el ex Presidente brasileño Lula da Silva ya había mordido la carnada del “apartamentito” de playa en Guarujá y era el mayor “jeitista” o “muñequeador” para que la OAS lograse la parte del león en contratos bolivianos. O las tres opciones.

Sea lo que fuere, Keiko en Bolivia sería “Cotapati” y Alan sería “Alvarín” –sí, son pseudónimos de los olvidados emails de la repartija de “coimisiones” en construcción de carreteras. Con la reta que el candidato a “Apu Mallku” Vitalicio de los 6.000 Años Aymara vociferaría a “Cotapati” y a “Alvarín”– terminaría la parte jocosa de la sardónica mascarada.

La cara tristona de la mascarada sardónica es que quizá se mienten a sí mismos quienes arguyen que el pueblo es sabio y tiene memoria. El “miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá” del Ministro de Propaganda hitleriano Goebbels se practica día a día en la propaganda del régimen de Evo Morales. Que lo diga mi amigo José María Bakovic, cuyo asesinato tal vez empezó con el inicio del régimen y culminó con su comparecencia obligatoria dictada por fiscales y jueces obsecuentes al Gobierno, cuando los médicos prohibían por su salud viajar a una urbe alta cual nido de cóndor en extinción.

La historia de la última década está llena de tales abusos y contrasentidos. Por ejemplo, un líder de cocaleros del Chapare asegura que “están dispuestos a debatir con los productores de los Yungas sobre el desvío de la hoja de coca al narcotráfico”; otro representante más torpe arremetió contra los yungueños tildándolos de “payasos” y “títeres de políticos opositores”. La mentira de Goebbels está en el curioso sesgo de “derecha” en el léxico actual, que marca a todo el que no está con el Movimiento al Socialismo (MAS).

Declaro mi escepticismo respecto a la próxima elección de jueces en diciembre; es dudoso que puedan discernir una mayoría ignorante y élites cautivadas por su bolsillo y el miedo a lo incierto. La mesa está tendida por Maduro en Venezuela y Ortega en Nicaragua. ¿Ruido de sables en Bolivia?: faltan muchos para los 37 años en el poder de Mugabe en Zimbabue. “No somos país africano”, dirá alguno, pero sí “originario”, retrucaría yo.

 

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