Llegó como un jovencito, participó de una formación interna, donde tuvo que también paralelamente aprender a usar su creatividad (lo cual no le costaba mucho) en la construcción de la que iba a ser su casa por muchos años, participó en la construcción de un colegio, fue parte de la construcción, mantenimiento y creación de Radio Yungas en Chulumani, además de ser muy solidario, creativo y ante todo simplemente humano, de ahí que su figura era imponente y ante todo impactaba el charlar con él.
Un hombre de principios con quién costaba un poco entablar conversación, pero que una vez que entraba en el tema decía las cosas con claridad y sin tapujos cosa que no gustaba a muchos.
En ese proceso, como hombre nórdico tenía una frase célebre: “Ney es ney y no es tal vez”, afirmación que en una primera instancia pasaba desapercibida pero que en un análisis posterior, como normalmente lo hago, mostraba la certeza del cumplimiento de la palabra, saber asumir lo que se decía, aun cuando él muchas veces decía “no”, principalmente cuando tenía que ver con cuestiones de humanidad compartida desde su opción de vida.
Era un hombre hecho en la práctica de la vida (empiría), aprendió de electrónica de manera autodidacta, su oficina (así yo le decía) era un taller con millares de elementos de electrónica, herramientas, radios, entre muchas cosas.
Sabía leer las resistencias de las antiguas radios a transistores, eso tenía que ver con los colores (me explicó muchas veces, pero yo siempre olvidaba), eran en charlas nocturnas de quince minutos, en los cuales podía entender la lógica secuencial y positivista (ese tiempo no me di cuenta).
En otros momentos me explicaba la razón de ser del colegio, el por qué se había optado por un colegio que combine lo humanístico, lo técnico y la inclusión del idioma quechua, era la forma de un compromiso social, además de llegar a otorgar ayuda a los estudiantes con la visión de aportar a un país para la auto sostenibilidad futura.
Un amigo le llamaba “padre Giro sin Tornillos”, haciendo presente al personaje de Walt Disney, lo cual era cierto, intentó fabricar pies postizos para un joven que había perdido su pie, lo hizo con cemento aprovechando un zapato viejo y el empalme era con un tubo de plástico, estaba creando la posibilidad de que pueda caminar y trabajar el joven, cuando me lo mostró y alzó lanzó una fuerte risa (fue de las pocas veces que lo vi reír de esa manera).
Después me explicó ecología a partir del ejemplo de un joven del colegio San Agustín de Cochabamba que había tirado un papel en el suelo, que le dijo que él no había tirado dicho papel al suelo y entonces él lo levantó y tiró en el basurero, a eso le llamé la ecología profunda y muchas veces lo usé en clase como ejemplo.
Otro bonito ejemplo fue el “vamos a pelear tipo, pero vamos a pelear fuerte, pero con una condición, después tomamos cafecito”, qué enseñanza más buena y qué difícil de hacerla realidad en lo cotidiano, con él lo conseguí y con algunos otros colegas como el Dr. Solíz en la actualidad lo hacemos cotidianamente.
Pero de quien estoy hablando, del P. Jaime van Mannen osa, quien junto al grupo de padres agustinos holandeses marcaron época entre Yungas, La Paz y Cochabamba, una figura del Colegio San Agustín de Cochabamba, como todo buen hombre querido y cuestionado, una persona con la cual las charlas intensas implicaban temas argumentación lógica racional, será que por eso no me costó mucho entender la Círculo de Viena.
Para él la solidaridad era lo concreto, creía en el pueblo boliviano, hacía cálculo hasta de lo solidario, tenía la mano amiga dispuesta a dar todo, de ahí que mucha gente se beneficiaba ya sea para recibir ayuda o dar ayuda, muchos exalumnos tuvieron que operar o realizar atenciones médicas gratuitas pues él no pedía para sí, sino para los otros.
Hoy la ciencia cuéntica, nos permite entender la relación empiría y teoría desde lo cotidiano de P. Jaime, gracias por sus aportes y por permitir que la Ciencia tenga conciencia más allá de los libros y discursos.