En homenaje a don Julio Garrett Aillón

21/03/2018
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Precisamente el día dedicado al padre boliviano, muere un hombre que parecía inmortal, por su recia estirpe, por sus ideas y proyectos de largo aliento, como las que conciben los seres superiores que piensan más en los que vienen que en los que se van.

Don Julio Garrett Aillón, nacido en Sucre tres años antes del centenario de la Patria, en el mes en el que Bolivia inició su vida independiente y soberana, estudió derecho en la Universidad de San Francisco Xavier y se destacó como dirigente estudiantil primero y como mejor alumno después, por lo que fue premiado con una beca para continuar sus estudios en el instituto Rio Branco de Itamarety en Brasil. Después, se distinguió en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de París y retornó a Bolivia. Ganó un concurso para ejercer la cátedra de sociología en la Universidad Técnica de Oruro en la que más tarde fue elegido Rector, en cuyo ejercicio inició la construcción de la “ciudad universitaria”.

En el campo político fue senador en diferentes períodos, Presidente del Senado, Ministro de Relaciones Exteriores, primer embajador de Bolivia en la Unión Soviética, Vicepresidente de la República, creando durante esas funciones la Universidad Andina de la que fue su ilustre Rector por muchos años.

Este patricio boliviano, abogado, diplomático, político, analista, incansable luchador por el progreso de su región y de su país, siempre pensó en grande, al extremo de que algunos de sus eventuales interlocutores consideraban su criterio como exageradamente optimista, pero íntimamente confesaba que sus ideas no eran grandes, sino que las mentes de sus opositores eran muy pequeñas.

Cuando viajaba, volvía lleno de ideas para implementarlas en beneficio de Bolivia, como es el caso de Almería en el sur de España, o de Israel, lo que lo llevó a pensar en la irrigación del altiplano aprovechando la riqueza del gas. No fue un soñador frustrado porque muchos de sus pensamientos llevó a la realidad a pesar de la adversidad de las circunstancias, como es el caso del Centro Internacional de Convenciones que lamentablemente no cumple su función para la que fue creado, antes porque existía el pretexto de la falta de aeropuerto y ahora porque no se toma en cuenta a la Capital de Bolivia para nada, ni siquiera para celebrar el Día de La Patria.

Difícil sintetizar en un corto espacio su multifacética vida, pero fácil de decir que sobre todo fue un señor, un hombre que servirá de ejemplo a las nuevas generaciones a las que hay que hacer conocer su pensamiento, su perseverancia y su amor al país.

Hasta siempre al amigo ejemplar, al hombre que ni la muerte puede robarle lo que su alma ganó.

 

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