Digan si no da para reír, ¿o llorar?, la tragicomedia diaria.
Dicen que “loros” avisaron del operativo policial en Palmasola, donde en recinto de máxima seguridad los presos tenían tele con cable, antena satelital, karaoke, billares y futbolines: además “descubrieron” marihuana y una destiladora de alcohol, aparte de varios tipos de droga y armas. Los “paquitos” de pistolas con balines de goma fueron recibidos a tiros y lanzallamas de garrafas de gas prohibidas. ¿Resultado?, 8 presos muertos, 3 uniformados lesionados; un mayor de policía herido de gravedad. El Viceministro de Régimen Interior alardeó: “podemos decir que hemos recuperado el control de Palmasola”. ¿Qué burla es esta?
Me late que en Sabaya los contrabandistas se asegurarán de que no haya vehículos “chutos” ni fardos de ropa usada en humildes chozas de “chulas”, que así llamaban en época colonial a las mujeres mestizas. Imagínense, reportan que “soltaron” a “chuteros” que traían autos de contrabando de Chile, y éstos reunieron a otros maleantes para emboscar y matar a sangre fría a 2 sargentos de nuestras gloriosas fuerzas armadas, que en mesa ya rindieron una de sus raras victorias: Ñancahuazú.
Los militares debieron usar sus armas, pontifica un general. De acuerdo, mayor fuerza tendría si desde hoy los milicos pudieran disparar antes de preguntar: ¿para qué portan armas? Si no, es un poco como Trump armando de pistolas a maestros de escuela, mientras los alumnos tienen acceso a fusiles automáticos AR-15, que disparan de a una o en ráfagas. Son los de mayor venta en EE.UU, quizá gracias al poder tanto de fuego como de presión (“lobbying”), de la National Rifle Association (NRA) en país de belicosos que no discierne entre armas de caza, defensa personal y las asesinas de grueso calibre y poder de fuego.
Dejen de mentir. En Bolivia se pierden hasta $2.213 millones de dólares anuales por el contrabando. Claro, si hoy pueden internarse sin pagar aranceles hasta el valor de 200.000 Unidades de Fomento a la Vivienda (UFV), o sean $42.641 dólares. El ministro de Defensa habla de la “guerra económica” de un país vecino que da vía libre al contrabando. Es posible, porque de Chile ingresa un 70 por ciento, dicen. La frontera puede estar minada para que tropas bolivianas no invadan al agresor de 1879, pero existen al menos 120 trayectos ilegales para contrabandear vehículos chutos, ropa usada, alimentos y electrodomésticos.
Si de contrabando se trata, con el Perú libramos otra “guerra económica”: ¿acaso en Desaguadero reprimen a pobrecitos que han “evolucionado” (nada tiene que ver con Evo) de una bicicleta que cargaba una sola garrafa de gas, a carritos que portan una decena? Con Brasil también, ¿cuántos años que el tren Corumbá-Santa Cruz es de los contrabandistas? Con Argentina, ¿cuánto genera un “bagallero” que matutea todo el día bolsas de harina o latas de aceite comestible?
Otro capo militar advierte que se pierde la lucha contra el contrabando “en todos los frentes” Algo debe tener que ver el culipandeo de que el esfuerzo no solo debe ser del Estado, “también es un aspecto de educación, de proporcionar otros medios de vida”. Cáspitas, que los “pobrecitos” reos y contrabandistas trabajen con sueldo de ministros, a ver si así cambian de vida. Recalcan que los presos tienen los mismos derechos y obligaciones”, y yo pensaba que todos, incluidos contrabandistas y convictos, los tenemos. Debería consolar a demonizados “neoliberales” de que el espíritu capitalista sigue vivito y coleando en país socialista comunitario, según pregona Evo Morales.
Nada ocurrirá. Es más, en la tragicomedia nacional menudea el blablá ocurrente más que las soluciones.