Hace ya muchos años cuando aprendí ciertas cosas que marcaron el caminar por esta vida, y me llevaron a pensar si el conocimiento era racional, sensitivo, psicológico, social… recuerdo que dentro de los trabajos de casa estaba el ayudar para arreglar el auto, que era un taxi (papá había dejado de trabajar en campamentos para dedicarse a sus hijos), él era mecánico, hacía los arreglos, nosotros éramos los ayudantes, ahí aprendí a diferenciar las llaves (herramientas) en pulgadas y las que estaban en milímetros, pues recién entraban los carros japoneses.
Todos fuimos ayudantes, haga frío o calor se debía ayudar, no importaba si había tareas o no, porque el carro no podía parar, tenía que alimentar a sus seis hijos, ver las pensiones, los materiales…
Era un arte saber pasar la llave, si te pedían la fija había que ver que la boca esté acorde al lugar del perno para facilitar el movimiento, además que la parte del “ojo” hacia abajo.
Saber pasar el martillo, alicate, cortar el alambre, aprender a hacer palancas con las llaves o con un tubo para aumentar la fuerza, saber cómo pisar la llave cruz para aflojar los pernos de la rueda, saber engrasar el carro, saber limpiar y encerar… era parte del proceso de “enseñanza aprendizaje” en un conductismo no meditado, pero que cuántas veces me sirvió en las carreteras de nuestra Bolivia.
Fueron tantas las cosas que pasaron por la práctica cotidiana, hoy le llamamos empírica. También aprendí que uno debe aprender a “ganarse el pan de cada día, pues gratis no se puede comer”; decía: "yo como porque salgo a trabajar, tú comes porque estudias”, enseñanza que hasta hoy no olvido.
También aprendí la certeza de la puntualidad, pues uno no es puntual por lo que diga la gente, sino debido a “que tú diste tu palabra” (será que por eso hasta ahora no me gusta llegar tarde).
También aprendí la certeza de la responsabilidad, la dureza y tozudez para conseguir lo que te propusiste, es decir, junto a mis hermanos, aprendimos a combinar la suavidad de mamá con la dureza y aparente frialdad de papá.
¿Eso qué tiene que ver con la cuéntica? Considero que la revisión de la práctica combinada con el conductivismo, permite entender (racionalismo) el por qué lo útil y lo necesario (pragmatismo) pueden ser elementos que permitan una revisión de los hechos (hermenéutica) desde una propuesta de tensión entre contrarios y/o generaciones (dialéctica), en la posibilidad de muchas veces oponerse con argumentos antisistémicos (anarquismo académico), para buscar archipiélagos de certezas (complejidad) en medio de maravillosas sinapsis (neurociencias).
No sigo, pero es en esa lectura de la ciencia cuéntica, que ahora cuando nos vemos muy poco, él con 85 años, yo con los números al revés (58), tenemos visiones de mundo diferentes, pero complementarios, pues en el arte de contemplar, en el arte de la dureza se pudieron combinar con la certeza incierta de la gratuidad (mamá) que permite intentar hacer ciencia con conciencia.
Hoy ya no pido ni la llave 3/4, ni la llave 12 ni el alicate de punta… pido el libro de fulano, el PDF de zutano, pido la argumentación con tales autores o los escritos según norma APA u otros, pero en síntesis pedimos sistematizar la práctica para aprender a aprehender, desde el sentipensar y sentires cotidianos que exigen coherencia y compromiso con el arte de combinar la vida.
Gracias por permitirnos caminar contigo papá estos 85 años, y a todos aquellos que tantos saberes y no sé cuántas llaves nos pidieron y nos dieron.