Lechín, el azote al pueblo

LIBERTARIA 16/05/2018
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En el libro: “Triángulo letal. Paz, Banzer, Lechín” (2014) su autor Tomás Molina Céspedes nos describe la personalidad y hechos de los tres personajes que más han perjudicado la vida de los bolivianos en el pasado siglo. En esta oportunidad vamos a tratar la responsabilidad de Juan Lechín Oquendo, quien se hacía llamar “maestro”, copiándose el apodo de Stalin.

Lechín nunca fue obrero. Por eso, fue cuestionado por René Zavaleta, Guillermo Lora y Fausto Reinaga, pero era bueno para el fútbol y la diversión. Así se ganó la confianza de los mineros cuando estos no tenían quién los represente. Llegó a ser máximo dirigente de la Federación Sindical de Mineros de Bolivia de 1944 a 1987 y secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana de 1952 a 1987. Siendo líder de la izquierda del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) fue vicepresidente de Víctor Paz Estenssoro en 1960. Esperando ser presidente en 1964 se fue de embajador a Italia para vivir la “dolce vita” (gozó al mismo tiempo de ser vicepresidente y diplomático, algo inédito en la historia burocrática boliviana) hasta que se consolide el tiempo para regresar y organizar su postulación. Pero grande fue su sorpresa al enterarse de la traición con el prorroguismo de Paz.

Durante los primeros años de cogobierno MNR-COB, hizo indemnizar a 15.000 trabajadores efectivos y 25.000 supernumerarios mineros hasta vaciar las arcas del Estado. Luego, mediante las leyes laborales, creó un ejército de dirigentes sindicales que se declaraban en comisión eterna para gozar de salarios sin trabajar, viáticos, viajes pagados por el mundo, etc., creando una nueva clase parasitaria que llamaré: “los sindik’ateros”, aquellos discípulos del maestro que vivían de ser “dirigencieros”. No eran líderes que se preocupaban por la clase que representaban. Su angurria la utilizaban con el mismo “modus operandi” para vivir del saqueo mediante la extorsión y la amenaza constante. Durante la primera presidencia de Hernán Siles Zuazo, 1956-1960, Lechín causó 3.400 huelgas parciales y 4.700 conflictos. En la segunda presidencia de Siles, hizo paralizar Bolivia por 17 días. Su arma principal fue la huelga general, luego utilizaba las marchas, huelgas de hambre, bloqueos, dinamitazos, crucifixiones, entierros de los peones para sus propios fines e intereses. Así, por cuatro décadas azotó a los bolivianos hasta conseguir los tristes resultados: Bolivia es un país pobre, donde los obreros, mineros y campesinos siguen siendo pobres. Pero Lechín se hizo rico mediante la rapiña.

Esas magistrales lecciones fueron asimiladas por varios dirigentes sindicales que antes y ahora llenan los titulares de las noticias con medidas extremas que no sólo convulsionan el país, sino que llegan a sacrificar vidas como si estas fueran necesarias para la sensibilidad del Gobierno. Esto hemos visto en diferentes pasajes de la historia, por ejemplo, en la “Guerra del agua” y la “Guerra del gas”, convulsiones sociales que han tenido muertos y dirigentes que luego han gozado de los réditos económicos del poder y la riqueza. Uno incluso llegó a ser presidente después de convulsionar y bloquear Bolivia. Ahora, es esta clase parasitaria que goza de más prestigio al momento de calificar méritos para optar a cargos importantes en la función pública. Ser dirigente es estar por encima de un académico con doctorado. Es más, son estos dirigentes quienes se harán cargo de las empresas privadas que ellos mismos se encargarán de quebrar. El maestro les enseñó que quebrando Bolivia se podía llegar al poder.

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