El camino de la vida es angosto

30/09/2018
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Hoy celebramos en Bolivia el día de la Biblia, después de un mes de reflexiones sobre diferentes temas respecto a la Palabra de Dios. A esta formación permanente ha ayudado muchísimo la sección de catequesis y Biblia de la conferencia de obispos. Hoy también celebramos a san Jerónimo, patrono de los biblistas, aunque no se toma en cuenta, por ser Día del Señor. La liturgia de hoy corresponde al domingo 26 del tiempo ordinario.

En la Biblia hay páginas exigentes, duras y con expresiones que pueden extrañarnos. Quizá somos blandos y, por ello, no pocas veces, caemos en la tentación de cambiar algunas páginas de la palabra de Dios, para acomodarlas a “nuestro tiempo”, como suele decirse, y escogemos aquellos textos que creemos que nos proporcionan esperanza, paz y alegría o que acarician nuestros oídos.

Sí, la palabra de Dios es exigente. Este domingo, el apóstol Santiago, en la segunda lectura, y Jesús, en el evangelio, nos dicen cosas muy duras. Esas palabras que nos parecen tan exigentes son para todos los que nos preciamos de llamarnos y ser cristianos. Ahí están, “cortar la mano, el pie o el ojo”, si les son ocasión de escándalo o tentación. No dudemos que el camino que nos lleva a la vida es angosto y el que conduce a la perdición es ancho. No es bueno “echar agua al vino”, la palabra de Dios no se puede ir seleccionando para fabricar un estilo de vida cristiana acomodada a nuestra vida mundana, a nuestra medida.

Jesús nos habla hoy del “escándalo”. Escándalo es una palabra que viene del griego que significa “tropiezo” o trampa. Escandalizar es como el que deja una piedra o tronco en la carretera, independiente al peligro que es para los que vienen detrás. En ocasiones es sembrar, a propósito, trampas en el camino del prójimo. ¡Cuántas obras nuestras son causa de la caída en el pecado!

Las expresiones de Jesús para hacernos caer en cuenta cuán grave es el escándalo, son muy fuertes. Nos está diciendo que no será tarea fácil vigilar los propios actos, para no ser motivo de tropiezo para los demás, especialmente para los niños y débiles en la fe. Esto exige sacrificio y tomar en serio el camino angosto que nos lleva al cielo, antes de cargar con el peso terrible de la responsabilidad del extravío moral del hermano.

No se trata de vivir pendientes del “qué dirán”, sino del “cómo les afectará”, que es algo muy distinto. Jesús quiere que estemos atentos a las necesidades espirituales, no precisamente pendientes de su aplauso o aprobación. Es verdad que hay algunas personas que están buscando motivos para escandalizarse. Esto es lo que llamamos “escándalo farisaico” que lógicamente tiene más de simulación e hipocresía que de verdadero escándalo. Por ello, es necesario tomar bien en serio las palabras de Jesús. Se impone una revisión de vida sobre este aspecto tan importante de la vida del creyente.

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