Estoy convencido de que si las elecciones subnacionales se realizarían con anterioridad a las elecciones generales, Evo perdería.
Después de 12 años, para nadie es desconocido que los resultados del MAS obtenidos en una elección general son mayores a los obtenidos en una elección subnacional.
Esto se debe a que el MAS no tiene una figura como Evo para cada municipio y departamento capaz de repetir su votación, a que el pueblo busca contrapesar el poder, pero principalmente a que el regionalismo latente en los pueblos particulariza su opción política, encontrando sus propios líderes, casi siempre ajenos a los partidos nacionales.
Es que los partidos nacionales ya no son nacionales, porque no tienen alcance regional. Los llamados partidos nacionales son sólo siglas conducidas por un grupo de amigos a la cabeza de un hombre con popularidad efímera, invitado para determinada ocasión electoral y acompañado comúnmente por una lista de candidatos confeccionada entre advenedizos cívicos, periodistas, apolíticos etc., y por agentes desconocidos, amigos de la rosca.
Y eso el MAS lo sabe muy bien, por eso invierte las cosas.
Porque si los líderes regionales, emanados de una elección subnacional convocada con anterioridad a una elección general, pactarían una unidad a nivel nacional sobre la base de sus recientes victorias regionales, vencerían a Evo.
Interesante sería ver a los gobernadores y alcaldes recientemente electos por la oposición, sentados en una mesa de concertación, pactando una alianza nacional sobre la base de su convocatoria regional para recuperar el Estado Nacional del tirano de turno.
Esto no es casual ni tampoco un hecho superficial, es la constatación de que el país necesita federalizarse para terminar con el centralismo aplicado en distintos órdenes: político, económico, etc.
El federalismo etimológicamente es eso, un pacto entre partes. Un pacto entre regiones que puede acabar con el tradicional sistema de cacicazgo en el país; con la injusta distribución de recursos; con el saqueo a los recursos regionales que el centralismo usurpa a título de nacionalización y con la colonización promovida por el MAS a través de controladas migraciones masivas que no generan convivencia pacífica, sino fricción. Entre otros.
Y a falta de federalismo, o ante la imposibilidad de generar unidad nacional a partir de las fuerzas regionales, lo que queda en el escenario político nacional son los partidos residuales del pasado, acostumbrados a consensos cupulares con un absoluto desprecio o celo por la genuina representación local. Muy funcionales al MAS por su misma naturaleza.
Así es como se mantiene el centralismo.
De arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba es lo que se ha hecho con Podemos el 2006, con Convergencia el 2009 y con Unidad Demócrata el 2014. El capricho de los de arriba sobre la conveniencia de los de abajo. Y los de abajo traicionados por aquellos que corren en busca de tirar del saco de los de arriba, salvo rarísimas y honrosas excepciones. Somos testigos de ello.
Mientras no federalicemos el país siempre existirán los caciques nacionales, impuestos por los departamentos con mayor peso demográfico (La Paz y Santa Cruz), o por el chantaje de quienes pueden asediar el poder por su posición geográfica (El Alto), o en el peor de los casos, impuestos por grupos de intereses exógenos, como los del narcotráfico, representados por un pequeño sector de la sociedad (cocaleros del trópico).
Por eso creo que, mientras no suceda eso, no queda más que concentrar el voto para ganarle a Evo, sin haberle ganado al sistema centralista perverso que es en el fondo lo que hay que destruir.