Preparando la maleta comencé a pensar en aquello que debo llevar para un viaje soñado pero no esperado, al cual somos ocho los que vamos, porque la EMI apuesta a conocer las fuentes de la complejidad en América Latina y el mundo, pues la humanización es una de sus búsquedas.
Pensé en colocar el libro de los Quepiris (Ramírez, Maldonado y Villacorta) para compartir nuestras osadías académicas, también colocaré el libro Aproximaciones Complejas en Sociedades Carentes (Soliz, Robles, Vaca y Villacorta) para así tener una presencia diferente.
El reencuentro con Fabricio, la posibilidad de conocer a Morín, el abrazo con Luengo y Rodriguez Zoya, entre otros, gira en mi cabeza como la más intensa incerteza de caminar complejo y transdisciplinar.
En este proceso de hacer camino entre la cuéntica y la ciencia, por derroteros de la ciencia de lo cotidiano, pensar en lo complejo, sentir la ruptura disciplinaria, es sin lugar a dudas una posibilidad que puede vencer los simplismos limitantes, asumiendo archipiélagos de esperanza con compromiso ético político, cuando pareciera que esas palabras, hoy por hoy, son meras palabras tabú de aquellos que se viven y aceptan las fake news como su única certeza.
Siguiendo en ese caminar hacía la humanización de la ciencia, pensé en llevar mi saquito Almanza que ya tiene añitos, con historia de cercanía ya sea en la peña, o loza o monte que entre hinojos y enojos, permitió charla con la hija de Gonzalo compartiendo solitos en medio de una Guadalajara que tenía gente de Viruez, el poblado frente a la Burgos española, con diálogos y monólogos, allá podíamos devanear cuestionamientos de lo simple a lo profundo y de lo profundo a lo simple.
Ya pensando en las posibilidades, imagino lo moreno de la América profunda, que con sus aportes cotidianos grita en silencio la oportunidad de posicionarse en espacios no de competencia, sino de caminar conjunto, en la deconstrucción cotidiana de las lógicas atravesadas por verdades manipuladas, ya sea por la tecnología o las ciencias sociales tan idealizadas e idolatradas.
Así me voy dando cuenta que el tiempo va pasando, la maleta está vacía, aún no he colocado nada, con el concepto inventado de “nadidad” ante lo incierto, en el libro recién abierto, el cual combina la utopía y la ucronía como el faro que ilumina los archipielagos de certeza.
Entonces me acerco a mi maleta vacía, y me doy cuenta que tengo que llevar las ganas de aprender, al igual que los amigos estudiantes, que se acercan con muchas preguntas, cuando se comienza a hablar, entiendo que debo buscar para encontrar y encontrar para seguir buscando, desde ese vaciarse en búsqueda de la verdad que atraviesa las lógicas y verdades de las distintas percepciones de la realidad.
El grito de la humanización tiene una base interesante, pues como decía Pomposo, su asidero contiene una dimensión antropológica, esa que muestra que ya sea con altas lecturas y análisis profundo (episteme) se constituiría en una probable llave para una dinamicidad del conocimiento.
Desde esa propuesta, el desafío de encontrarnos con los otros, considero que será el poder tomarnos de la mano o sentarnos plácidamente, para descubrir los argumentos maravillosos que pasan por la discusión de ecuaciones lineales y no lineales, en identidades físico químicas, las cuales reflejan las maravillas de las sinapsis cotidianas de una ciencia del individuo, que se construyó desde distinto tipo de propuestas, siendo la transdisciplina una posibilidad de acercamiento, nunca podrá ser completamente aprehendida, pero sí prendida con fuego devorador de aquellos que sin argumentación quieren hacer de sus propuestas las únicas valederas, mas muchos saben que la ciencia sólo es posible cuando podemos juntos caminar y discutir postulados que no quedan en simple universalidad, de uni-versidades, convertidas en verdades, desde ilógicas cotidianas.
En síntesis, la maleta sigue vacía, o tal vez ya llena, pues en ese caminar por medio de tantas cosas, no me siento solito o en el monte, pues la peña es necesaria, pare ver de dónde vienen los hinojos que la hija de Gonzalo me muestra, mientras entre Guadalajara y Burgos, veo a Viruez brillar intensamente, sabiendo que mi saco Almanza resalta a mi América Morena, en la incerteza de la ciencia con conciencia.