La percepción de la prostitución en el contexto español

CIENCIA CUÉNTICA 28/11/2018
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La prostitución es una realidad social muy antigua, que en las últimas décadas se ha transformado a causa de los cambios producidos por la globalización económica, informacional y tecnológica. Durante mucho tiempo ha estado formada por un reducido número de mujeres prostituidas y de burdeles en los que muchos varones se iniciaban o daban cauce a su sexualidad. Hoy, la vigencia del sistema de dominación masculino, junto a la pobreza, el aumento de la movilidad internacional a raíz de las crisis económicas y sociales o las situaciones de conflicto en determinados países, entre otros motivos, ha transformado esta actividad en una articulada red empresarial de negocios rentables, próximos la mayoría de ellos a la economía criminal y vinculados también con el tráfico de armas y drogas.

Si en el pasado la prostitución era vista como un complemento necesario a la monogamia en el matrimonio y la imposición de la virginidad de las mujeres, ahora que la sexualidad es vivida de un modo más libre, esta debería haber desaparecido. Sin embargo, esto no ha ocurrido y lejos de decrecer, las estadísticas señalan a España como uno de los países con mayor consumo de prostitución, receptor de víctimas de trata y práctica de turismo sexual. Y junto a este aumento, lo ha hecho también su normalización social, basada en la aceptación sin cuestionamiento de la mercantilización de las relaciones sexuales.

En el imaginario social que se desprende de los resultados encontrados en mi estudio, se observa una presencia transversal de la idea de la prostitución como el oficio más antiguo del mundo; expresión comúnmente utilizada para encapsular la idea de que se trata de una actividad ahistórica y universal, y por tanto naturalizada y atávicamente inevitable. Asimismo, en un contexto donde la prostitución es alegal, la mayoría de los discursos se muestran a favor de la regulación, en todos los casos cuando se considera la prostitución, desde el análisis intelectual y la posición ético normativa, como una forma aceptable de vida. Se estaría asegurando el ejercicio de las libertades individuales, tanto de las mujeres que deciden prostituirse como de los hombres a consumir, por tanto lo que subyace a esta afirmación es que el punto de vista de los sujetos implicados es el más valioso cuando se evalúa ética y políticamente una realidad social. Sin embargo, la perspectiva de las partes intervinientes es del todo heterogénea, por lo que no puede ser el único factor a tener en cuenta, y menos cuando hablamos de una actividad que está poniendo en juego el derecho de las mujeres a vivir en una sociedad libre de violencia. Además, una institución que convierte a las mujeres en objetos, susceptibles de ser comprados y usados para la gratificación sexual de los hombres, imposibilita la consecución de la igualdad.

[email protected] (U. Pontificia de Salamanca)

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