La alegría que encuentra Dios contigo

20/01/2019
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Hemos salido del tiempo navideño y comenzamos los domingos del tiempo ordinario hasta el primer domingo de cuaresma. Este primer domingo coincide en las ideas con las vividas en la fiesta del bautismo de Jesús, que hemos celebrado el pasado domingo. No escucharemos todavía al evangelista Lucas quien nos evangelizará durante este año 2019. Escucharemos al evangelista Juan quien nos narra el milagro o signo de la conversión del agua en vino. Esta escena es como una continuación de las “manifestaciones” del tiempo de Navidad.

Las palabras de Isaías 62,1- 5, primera lectura de hoy, son palabras de consuelo para el pueblo de Israel que está en el destierro y tiene cerca la salvación: va “a romper la aurora de su justicia y su salvación va a llamear como antorcha”. Esta lectura podríamos decir que nos prepara para escuchar el evangelio de Juan. Isaías toma una comparación empleada por otros profetas: Dios es el esposo, y el pueblo de Israel, la esposa. Después de un tiempo que parecía como de abandono de Dios, ahora se acerca el día en que se le conocerá como la “favorita” y la “desposada”. Dios sigue siendo el esposo fiel de Israel: “Dios te prefiere a ti… como un joven se casa con su novia así se casa con el que te construyó”.

Es fácil entender la metáfora que aparece tantas veces en el Antiguo Testamento como en el Nuevo del amor esponsal y de las bodas para expresar el amor que Dios tiene a su pueblo o Cristo a su Iglesia y, a la vez, cómo tenemos que corresponder nosotros a ese amor. San Juan define a Dios diciendo: “Dios es amor”. Por esto Dios no se cansa de amar. Cristo no se cansa de amar a su Iglesia, a pesar de nuestros pecados. En el evangelio claramente se ve la profundidad y la alegría de esta noticia: Cristo bendice con su presencia aquella boda, mucho más aún él mismo aparece simbólicamente como el esposo. Él es el vino bueno que Dios ha preparado para estos últimos tiempos. ¿Hemos llegado a sentir en lo profundo de nuestro ser la alegría que encuentra Dios con nosotros? ¿Nos asombran estas expresiones del amor esponsal de Dios que encontramos en la Biblia?

Ojalá que nuestros esposos cristianos sientan que se les está acabando el “vino” del amor o de la ilusión, reciban hoy un impulso a través de Jesús de un nuevo vino, que los anime a vivir la gracia del sacramento del matrimonio, gracia que no sólo fue para la fiesta de bodas, sino que cada día sabe convertir el agua en buen vino. Ojalá que también sepamos recurrir a la delicada intercesión de la santísima Virgen María, la madre de Jesús y nuestra, que arrancó el milagro de la conversión del agua en vino, pues ella sigue, ahora como entonces, preocupándose por sus hijos.

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