La riqueza se crea, no sólo se distribuye

Una de las preguntas más antiguas de la economía es: ¿Se debe primero hacer crecer a la economía para posteriormente distribuir la riqueza o valor generado, o al contrario primero se debe distribuir la riqueza para que de esta forma se haga crecer la economía?

Si alguien adopta el primer camino, prioriza la inversión y se adscribe a la teoría del chorreo, que nos dice que a medida que la economía crece, naturalmente habrá un efecto rebalse de ingresos sobre la población. Este es el marco conceptual neoclásico que apuesta a que la política pública debe priorizar el lado de la oferta en la economía. Si alguien abraza la segunda vía, parte del supuesto que distribuyendo los ingresos entre la gente más pobre, y como entre este grupo existen la tendencia a gastar más que ahorrar, esto genere una mayor demanda agregada desde la base de la pirámide social. Así las ventas de los empresarios se incrementan y en el mediano plazo ellos realizan más inversiones en máquinas y equipos y la economía crecerá. Esta es una de las líneas centrales de las políticas públicas del gobierno Morales, por ejemplo. Entre tanto, para que el razonamiento anterior funcione la economía debe estar cerrada. No debe existir comercio exterior. Porque en realidades como la boliviana, que importan muchas cosas de afuera, parte importante de la distribución de ingresos incrementa de la demanda, pero de productos que vienen de Chile, Perú o Brasil, en especial cuando se tiene un tipo de cambio nominal fijo y apreciado. Una mejor distribución del ingreso favorece a una burguesía comercial antes que a productores nacionales.

Pero la pregunta: ¿crecer para distribuir o distribuir para crecer?  Esta mal planteada y se queda en la superficie del flujo económicos. Una pregunta anterior es saber quién crea la riqueza o quién crea el valor en una economía. Esta es la interrogante central de un nuevo libro de Mariana Mazzucato The Value of Everything (El Valor de Todo).   

Creación de valor, en sencillo, es la producción y distribución de bienes y servicios que genera bienestar entre las personas. Es la etapa anterior a la mera distribución de riqueza. El pensamiento neoclásico sostiene que sólo crea valor el sector privado. El Estado no crea valor, facilita su creación y permite su distribución a través de los impuestos y otras medidas distribucionistas. Para Mazzucato esta aproximación no puede explicar, por ejemplo, cómo ciertas organizaciones públicas pusieron un hombre en la luna, bajaron el nivel de pobreza e inventaron Internet. La profesora sostiene que el Estado también puede crear valor público, porque gestionado su accionar desde el interés colectivo puede tener ambición, propósito y misión.

Mazzucato sostiene que, en realidad, el valor o la riqueza se crea colectivamente a partir alianzas simbióticas entre las instituciones públicas y privadas y la sociedad civil. En este contexto, reconociendo la creación tripartita de valor, se debe replantear tres cuestiones: qué tipo valor crear, cómo evaluar el impacto y cómo compartir las recompensas.

Como mencionado el Estado crea valor público, pero: ¿podrán las empresas privadas crear riqueza para sus accionistas pero también para su comunidad? La profesora Mazzucato en su libro sostiene que sí, muestra ejemplos donde ciertas empresas crean valor en línea con objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y al mismo tiempo tienen ganancias. Ambos objetivos se logran a través de metodologías como: compartir valor (share value).

Pero también hay tareas más amplias como por ejemplo remover plástico del océano o crear ciudades inteligentes y, por tanto, sustentables. Esta es una tarea colectiva entre Estado, empresas y comunidades

Finalmente, Mazzucato sostiene que en un modelo más consciente de los desafíos del planeta, “las empresas deben compartir las recompensas así como los riesgos de crear valor. Las empresas siempre se han beneficiado enormemente de la inversión pública no sólo en educación, investigación e infraestructura básica, sino también en tecnologías como las que accionan los teléfonos inteligentes de hoy. Por ende, los gobiernos podrían retener un porcentaje mayor de los retornos positivos para cubrir las pérdidas que implica la toma de riesgo”.

El libro de Mazzucato invita a romper viejos paradigmas como el de crecer para distribuir o distribuir para crecer de una riqueza que no entendemos de donde proviene. El primer paso, por lo tanto, es comprender, desde una perspectiva estructural, que antes de la distribución está la creación de valor o la producción de nuevos productos o servicios, que es una tarea muy diferente de la extracción de valor que se concentra en actividades que giran en torno de recursos y productos existentes y que están en la etapa de circulación de mercancías. Además la autora sostiene que la creación de valor es un acto colectivo entre el Estado, el sector privado y la comunidad.

 

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