Relaciones con EEUU

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 29/06/2019
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El avispero político se remueve cada día pero este fin de semana lo hizo expresamente por las declaraciones de un candidato presidencial quien considera prudente normalizar las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

¿Deberíamos hacerlo? Para responder a esa pregunta, hay que partir de un plano general y, en ese contexto, la respuesta es sí. Teóricamente, el Derecho Internacional se basa en las relaciones entre Estados así que, para motorizarlas, es preciso tenerlas con todos. El Derecho Internacional Público, que es el que le interesa a este análisis, es, fundamentalmente, doctrina y, en ese marco, es el que “estudia y regula el comportamiento de los Estados y otros sujetos internacionales, en sus competencias propias y relaciones mutuas, sobre la base de ciertos valores comunes, para garantizar la paz y cooperación internacional, mediante normas nacidas de fuentes internacionales específicas”. En otras palabras, todos los países deberían tener relaciones con todos los demás países pero los hechos muestran una realidad distinta.

En los hechos, son los gobiernos de los países los que deciden con cuáles se tiene relación y con cuáles no y la elección generalmente está influenciada por factores ideológicos. Esa tendencia motivó el surgimiento de bloques que en determinado momento de la historia incluso protagonizaron una “guerra fría”; es decir, “un enfrentamiento político, económico, social, militar, informativo y científico” que no llegó a la confrontación bélica pero causó perjuicios similares a los que son ocasionados por una.

Mientras duró esa “guerra”, tuvimos un bloque occidental, de orientación capitalista, liderado por Estados Unidos; y un bloque oriental, con ideología comunista, que estuvo encabezado por la Unión Soviética. Teóricamente, esa polarización duró hasta la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS.

Pero la realidad diaria muestra que la división subsiste y hasta se ejecuta bajo los mismos conductores. El bloqueo occidental, o imperialista, continúa al mando de EEUU y el oriental, cuyo comunismo ha sufrido mutaciones, está bajo la égida de Rusia que es la heredera natural de la URSS.

Y, ya que de bloques se trata, el denominado “socialismo del siglo XXI”, reducido actualmente a Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, está adscrito al bloque oriental y, en ese marco, sus gobiernos decidieron que quieren tener relaciones con Rusia pero no con Estados Unidos.

Para romper sus relaciones con Washington, el gobierno boliviano utilizó varios argumentos pero el más recurrente fue el de la injerencia. No sin razón, se acusó al gobierno de EEUU de intervenir en varios planos de la política nacional y, en virtud a ello, se pidió el alejamiento de su embajador.

Es cierto que la embajada norteamericana desarrollaba la injerencia argüida por el gobierno del MAS pero también es evidente que, una vez alejada su influencia, se permitió —y permite— que gobiernos como los de Cuba, Venezuela, China y Rusia hagan lo mismo en nuestro territorio.

Por tanto, y ya viendo el asunto desde un plano individual, deberíamos reanudar relaciones con Estados Unidos pero no permitirle que vuelva a tener la influencia que tuvo con los denominados “gobiernos neoliberales”.

En contrapartida, hay que limitar la actual influencia cubana, venezolana y china porque las restricciones deben ser para todos, no solo para el gobierno estadounidense.

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