MALETINES NEGROS

EDITORIAL Editorial Correo del Sur 13/07/2019
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Y es que la política, tal como la manejan sus detentadores, los partidos, solo funciona de esa forma, mediante pagos que o pueden ser bonificaciones   a una decisión

A través de una de sus cuentas en la red social Facebook, el senador y candidato a la presidencia Óscar Ortiz desliza serias acusaciones en contra de su hasta ayer compañero de fórmula, el también senador Edwin Rodríguez.
“Debo decir que este tu alejamiento responde únicamente, y esto debe saberlo toda Bolivia, a criterios económicos y quizás a beneficios personales que encontraste en alguna de las candidaturas que trata de darte cobijo”, dice la carta abierta que Ortiz publicó luego de que Rodríguez informara oficialmente que ha decidido renunciar a su candidatura a la vicepresidencia por la alianza Bolivia dijo No.
La acusación es tan directa que prácticamente no necesita análisis detallado. Ortiz está afirmando, aunque sin exhibir pruebas al respecto, que Rodríguez renuncia a su postulación no por las razones que él ha hecho públicas, como su declarado amor a Potosí, el Departamento al cual representa en el Senado, sino por haber recibido dinero para hacerlo. Y si hubiera alguna duda al respecto, el acusador se encarga de aclararlo más adelante: “ya sabemos contra quienes nos enfrentamos —dice—, contra quienes en el pasado jugaron sucio con el país y que no olvidaron aquellas viejas prácticas de maletines negros y reuniones oscuras que tanto daño hicieron a nuestra Bolivia”.   
“Maletines negros” es un denominativo acuñado en la jerga política para referirse a un soborno de alta cuantía. Es el equivalente al “talegazo” pero a un nivel cupular. Lo de maletín da la idea de un ejecutivo, alguien que ocupa un alto cargo y, por lo tanto, no puede recibir un “talegazo” sino un “maletín negro” que generalmente es entregado de manera subrepticia.
En ese contexto, la acusación de Ortiz es muy seria. Lo que él está queriendo decir es que Rodríguez no renunció por las razones que arguye, y que desarrolla en la carta entregada al Tribunal Supremo Electoral, sino porque recibió dinero por ello. Y la suma debió ser alta.
¿Es una posición personal? No, porque en una conferencia de prensa ofrecida ayer al respecto, el gobernador de Santa Cruz y líder del Movimiento Demócrata Social, Rubén Costas, dijo más o menos lo mismo: “hoy han vuelto a aparecer las viejas mañanas de la vieja política, de aquellos tiempos en los que se compraban y vendían candidatos”.
El lenguaje es claro y no da lugar a ambigüedades, pero todas estas acusaciones conllevan un defecto: no están acompañadas de pruebas. Y como no existe forma documentada de sostener semejantes acusaciones, Rodríguez las ha rechazado con un refrán que tampoco da lugar a mayores especulaciones: “el ladrón cree que todos son de su misma condición”.
Se trata, desde luego, de un tema coyuntural aunque sus efectos recién serán aquilatados en las próximas semanas, cuando se vea el efecto que la renuncia tenga en la candidatura de Bolivia dijo No.
Lo que interesa es el fondo del asunto: acusaciones y contraacusaciones de que decisiones y posiciones también pueden comprarse, algo muy común en la política. 
Y es que la política, tal como la manejan sus detentadores, los partidos, solo funciona de esa forma, mediante pagos que o pueden ser bonificaciones a una decisión —como fue la candidatura de Carlos Mesa a la vicepresidencia acompañando a Gonzalo Sánchez de Lozada—, o sobornos para hacer o dejar de hacer algo, como renunciar a una postulación.
Ese es el nivel de nuestra política. Esa es la calidad de candidatos que tenemos. Y esa es, también, una de las explicaciones a nuestro subdesarrollo, tanto económico como mental.

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