Sueños de la gente mayor

Pedro Rentería Guardo 19/10/2019
PUBLICITE AQUÍ

¿Qué nos va a contar hoy, padrecito? Nos encanta cuando nos invita a hacerle preguntas… y nos añade que lo hagamos sin miedo sobre temas como la vida, la familia, los amigos, la muerte, Dios, las chicas, el sexo, nuestros sueños de futuro…

- No quiero cansaros, changuitos… Sé que estáis en la recta final de esta gestión y las clases de Humanística y Alternativa, las tareas diarias, los exámenes, las ferias tan lindas que preparáis con esmero y cariño, todo, todo, supone añadir un esfuerzo más, el último, a lo ya realizado meses atrás. 

Estos diálogos, así tan confiados, tan “sueltos” por parte de los chicos del hogar-internado, son, como se dice, una gozada para el educador que tiene la suerte de compartirlos con ellos. 

Es cierto que a la hora de escribir esta columna hay que enriquecer literariamente las ideas, las palabras, los giros gramaticales, con el fin de embellecer lo que en la realidad es mucho más espontáneo, a veces atrevido y tosco, en el lenguaje de los muchachos. 

Pero no duden mis lectores, que las ideas fundamentales creadas en esos diálogos se mantienen en la pluma de quien tiene el gusto de compartirlas con ustedes. 

Un tema recurrente de los adolescentes en sus conversaciones tiene que ver con los sueños. Palabra mágica, mil veces utilizada por los flamantes bachilleres, que en pocas semanas vivirán sus clausuras de gestión y “soñarán” con futuros brillantes en que se ven profesionales al servicio de la sociedad.

- Pero sí quiero deciros que los adultos, la gente mayor, los viejitos (linda palabra, ¿por qué no?) también tenemos sueños. 

- Claro, padrecito, pero con la diferencia de que nosotros vamos a cien por hora y ustedes no creo que lleguen a los cuarenta por hora… ¿o no? (sonrisas irónicas) –hay preguntas ante las que resulta más importante sonreír también y no ceder al pequeño enojo. 

- Bueno, no sé si vamos a cuarenta, cincuenta o setenta. Cierto que nuestros sueños son más tranquilos, más serenos, más reflexionados. Diría que más silenciosos, además.

- Nos va a disculpar. No queríamos burlarnos… (dijisteis con ese sentimiento noble de vuestra edad)

- Para nada, chicos. Aquí hablamos en confianza y nadie debe molestarse. De ninguno nos reímos y con todos lo pasamos bien… Pero, porfa, escuchad –me encanta ver vuestro rostro atento.

Tenemos suficientes años y canas como para cribar los lindos sueños en el conjunto de todo lo que hemos vivido. Los éxitos y fracasos –según el poeta, ambos son impostores–, las idas y venidas a lo largo de lugares en que nos tocó residir, las cientos de conversaciones que nos dejaron el corazón generoso o hecho un “chuñito”, los encuentros con amigos y desencuentros con quienes no merecen la pena… Y tantas vivencias más en familia, en sociedad, en el seno de una cultura, nos consiguieron un pelaje especial para ahora afrontar el resto de nuestros días. ¿Entendéis? 

No tenemos la ventaja de la fuerza, del dinamismo de un cuerpo joven. Es más, nuestra mente va lenta, nuestros reflejos se entorpecen día a día… 

- Todo eso está bien, padrecito. Pero háblenos de ustedes. De quienes con esa vocación intentan ayudarnos, escucharnos, aconsejarnos… querernos y llevarnos a Dios –con esta vuestra intervención no contaba y me lo pusisteis difícil.

Pues no somos gente especial o bichos raros. Un día nos topamos con la Buena Nueva de Jesús que nos “encandiló” (a mano siempre el diccionario), nos llenó de fuertes deseos de compartirla con los demás. Nos enamoramos de esa Palabra y de la persona del Maestro y nos hicimos misioneros a lo largo de este controvertido mundo. 

¿Nuestros sueños? Ayudar a que tengáis experiencia viva de Jesús. Que sea alguien importante en vuestras vidas, no letra muerta. Que toda la confianza la pongáis en su persona. Porque las dificultades son muchas en todas las edades. Que en María, nuestra Madre, encontréis cobijo, calor y la ternura que solo el cielo sabe ofrecer. 

Y que, entre todos, construyamos la cultura del encuentro, del diálogo, de la sinceridad y del progreso material y humano para los descartados, como nos recuerda nuestro buen Papa, Francisco.

- Ah, y quienes somos ya mayores… intentaremos nuestros sueños ¡a cuarenta por hora!

Compartir:
Más artículos del autor


Lo más leido

1
2
3
4
5
1
2
3
4
5
Suplementos


    ECOS


    Péndulo Político


    Mi Doctor