A lo ocurrido en varios países de nuestra región entre 2017 y 2019, se lo conoce como el “super ciclo electoral”. En este lapso, en 15 de los 18 países latinoamericanos se han llevado a cabo o se realizarán elecciones presidenciales. Sus resultados pueden influir significativamente en el diseño del mapa político de la región.
En la presente semana, el pasado domingo los bolivianos votaron para elegir presidente y vicepresidente, así como miembros de las cámaras de Diputados y Senadores del Poder Legislativo, mientras que este próximo domingo argentinos y uruguayos estarán en el mismo afán. Los regímenes electorales de los tres países tienen prevista una segunda vuelta en caso de que en la primera ninguno de los candidatos a presidente y vicepresidente alcance el mínimo de sufragios exigido por ley. En el caso de Bolivia el 51% de los votos válidos o el 40% siempre que la diferencia con el segundo más votado sea de más de 10%. En el caso de Uruguay el 51% de los votos válidos y en el de Argentina el 51% o el 45% y siempre que la diferencia con el segundo más votado sea de más de 10%. Con estas reglas y a la luz de las tendencias de intención de voto, es casi seguro que, después del domingo, los uruguayos sean convocados a votar nuevamente en una segunda vuelta. No lo es tanto, en cambio, en el caso de los argentinos para quienes la cosa podría estar resuelta en la primera vuelta.
En Bolivia, debido a irregularidades, tanto en el “conteo rápido” como en el “cómputo” oficial a cargo del Tribunal Electoral, subsiste la duda sobre si habrá o no segunda vuelta. El proceso electoral ha quedado como en suspenso y está sospechado de fraude por los dirigentes de los partidos de oposición y por numerosos dirigentes sociales.
En las elecciones uruguayas participan, en total, 11 partidos cuyos candidatos fueron elegidos en elecciones primarias celebradas hace meses atrás. La coalición izquierdista Frente Amplio –actualmente en el Gobierno– enfrenta la posibilidad de no lograr un ansiado cuarto mandato presidencial. Según una última encuesta de la empresa Factum, las preferencias de voto son las siguientes: 38% para el Frente Amplio con su candidato Daniel Martínez, 27% para el Partido Nacional (o Blanco) con Luis Lacalle Pou, 16% para el Partido Colorado con Ernesto Talvi y 16% para Cabildo Abierto con Guido Manini Ríos. Con este resultado, es segura una segunda vuelta. Se conjetura que en esta se impondría, al final, Luis Lacalla Pou, siempre que su partido consiga estructurar una alianza de gobierno con, por lo menos, el Partido Colorado y Cabildo Abierto, aunque se considera deseable incluir también una agrupación más pequeña como el Partido Independiente.
En el caso de la Argentina, dos datos llevan a pensar que no habrá segunda vuelta y que el actual presidente Mauricio Macri –acompañado como candidato a vicepresidente por Miguel Ángel Picheto, líder peronista y actual senador– no conseguirá ser reelecto. Primero, los resultados de las elecciones primarias obligatorias (mejor conocidas como las PASO) celebradas en agosto, en las que Alberto Fernández –acompañado como candidata a vicepresidenta por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner– obtuvo el 47% de los votos, frente al 32% que obtuvo Macri. Segundo, las cifras de las numerosas encuestas realizadas hasta el momento. Algunas de ellas, como las citadas por la Agencia Reuters, revelan las siguientes tendencias de la intención de voto: Fernández 53% y Macri 33% (consultora Clivajes) o Fernández 52% y Macri 34% (consultora Rouvier y Asociados).
Con todo, a pesar de estas señales, no faltan quienes consideran que para Macri no es totalmente imposible, aunque sí muy difícil, revertir los resultados de las PASO, aumentando votos en su favor y quitando votos a Fernández, para forzar una segunda vuelta. Para algunos analistas un resultado como este sería un verdadero “milagro”. Para otros una contingencia no impensable pero cargada de escollos.