En circunstancias tan difíciles como las actuales, cuando con cada hora que pasa se acelera la espiral que a todas luces nos conduce a una escalada de violencia, es cuando más necesarios son los líderes capaces de conducir a sus seguidores hacia sus objetivos por los caminos de la sensatez.
Muestras de exceso las da cada día con más frecuencia el presidente Evo Morales quien con sus desmesuradas actuaciones pone en evidencia el real significado del rótulo de “jefazo” que le adjudicó uno de sus seguidores. De hecho, se puede afirmar que Morales ha abdicado de su condición de Presidente para refugiarse en su condición de máximo y único líder de las facciones más radicales de sus seguidores.
No puede interpretarse de otro modo su llamado a cercar las ciudades para privarlas de alimentos y otros bienes imprescindibles para la sobrevivencia colectiva. Sus más recientes arengas despejan cualquier duda, por si todavía hubiese habido alguna, sobre el lugar que ha decidido ocupar en el nuevo escenario político nacional que está inaugurándose.
Muy ligado a lo anterior, lo que no es un pequeño de detalle en ninguna circunstancia, y mucho menos en una como la actual, está la desaparición de su equipo de colaboradores. Si bien hay ministros que sí han salido a la palestra pública, no lo han hecho en calidad de representantes del Gobierno del que forman parte sino para usurpar el lugar de voceros del defenestrado Órgano Electoral.
Las interpretaciones que pueden hacerse sobre tal panorama son tantas como las especulaciones a las que dan lugar. De cualquier modo, lo cierto es que todo indica que la tarea de conducir a las fuerzas gubernamentales ha quedado concentrada en un solo individuo, con todos los peligros que eso entraña.
En las filas de la oposición se han multiplicado las voces que pugnan por llevar hacia rumbos diversos las caudalosas manifestaciones que denuncian fraude electoral. Aunque Carlos Mesa es el rival político claro al frente de Morales, desde su inicio las medidas de presión han sido ejecutadas por grupos ciudadanos, sobre todo jóvenes, que se han adelantado a las dirigencias de organizaciones.
La responsabilidad es individual, en un tiempo en el que además circulan con facilidad noticias falsas y hay caldo de cultivo para posturas ultra radicales.
No obstante, ello no exime a los líderes políticos, cívicos y sociales del derrotero que tome esta crisis guiada por una causa tan noble como la defensa de la democracia. Son ellos los que están llamados a conducir a los pobladores movilizados para que el país no se sitúe al borde del abismo.