La Casa de la Libertad tiene una historia extraordinaria. En los últimos años, ha sido repetidamente desairada porque los sucesivos 6 de agosto tuvieron como escenario de celebraciones diferentes lugares del país.
El Gobierno nacional sustentó su posición con el fundamento de que todas las regiones tienen derecho a ser sede de las celebraciones, lo cual es cierto, pero no en el Día de La Patria porque ese honor le corresponde a la Capital boliviana y, especialmente, a la Casa de la Libertad, donde se firmó el Acta de la Independencia y, por tanto, donde nació Bolivia.
En esta columna, cada año, se ha reclamado esta injusticia y se lo seguirá haciendo si acaso el nuevo Gobierno, o los futuros, mantienen esta conducta, errada por cierto. Ni el Gobierno departamental, ni los sucesivos municipales tuvieron el coraje o la capacidad de representar esta decisión con efectividad porque aceptaron el argumento “equitativo”, como si no existieran efemérides departamentales y como si no se pudieran efectuar también celebraciones paralelas, pero respetando la sede para la realización de los actos centrales.
Seguramente, entre el próximo 25 de mayo y 5 de agosto se llevará a cabo la transmisión del mando al nuevo Gobierno elegido en las nuevas elecciones, cuando la señora presidente Jeanine Áñez traspase el poder a quien resulte legítimo ganador del próximo proceso electoral. Sería bien que, como alguien ya lo ha sugerido, ese acto se lleve a cabo en la Casa de la Libertad que pertenece a todos los bolivianos.
La Casa de la Libertad está en un edificio construido en el siglo XVII por los jesuitas y fue parte de la Universidad de San Francisco Xavier; en la capilla se realizaban actos académicos durante la época colonial y a poco de terminada la guerra por la independencia, se reunió allá la Asamblea Deliberante de las cinco provincias del Alto Perú (Charcas). El 6 de agosto de 1825 se proclamó la independencia, se creó la República de Bolivia, se firmó el Acta y se redactó la Primera Constitución. En ese histórico salón se llevaron a cabo las reuniones del Congreso Nacional hasta 1989, año en el que como consecuencia de la guerra llamada federal, dos de los tres poderes del Estado de trasladaron a la ciudad de La Paz.
Desde entonces empezó el deterioro de la Casa de la Libertad que fue prácticamente abandonada y ese período se prolongó durante algunas décadas al extremo de que durante la campaña del Chaco, se convirtió en un depósito de materiales y sirvió de garaje para camiones.
La Sociedad Geográfica y de Historia Sucre, fundada por Aniceto Solares Lizarazu en 1886, en la década de los años 40 cuando estaba presidida por don Alfredo Jáuregui Rosquellas, lideró su restauración y es ahora un importante y bellísimo repositorio que contiene un increíble patrimonio histórico y cultural, conservado por la misma Sociedad que en 1939 fue declarada responsable de su conservación habiéndosele encargado la custodia mediante un decreto del Gobierno provisorio de don Enrique Quintanilla. En 1974 pasó a depender del Banco Central de Bolivia y en 1995 de la fundación creada por el mismo Banco Central.
Que empiece el actual Gobierno, provisorio también, en reconocer su importancia dándole el lugar que le corresponde para que el acto de trasmisión de mando se lleve a cabo en el Salón Independencia. Son pertinentes las palabras formuladas por el académico Antonio Cácua, presidente de la Academia Colombiana de Historia, cuando el año 2010 decía: “Hago votos porque no esté lejano el día en el cual Bolivia y su capital constitucional, Sucre, resplandezcan como bien se lo merecen y colmen a sus auténticos hijos de paz, progreso, justicia y bienestar”.