La presentación de Jesús, el Señor, en el Templo

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M. 02/02/2020
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El 2 de febrero de cada año, la Iglesia celebra la Presentación de Jesús en el grandioso templo de Jerusalén. Antes de la reforma conciliar, año de 1969, esta fiesta tenía otro nombre, la Purificación de María. Era fiesta del Señor, pero se celebraba a María. Ya en el año 395 se celebraba en Jerusalén como fiesta de la Presentación del Señor. Por ser fiesta del Señor es que cuando coincide en domingo, no se traslada a otro día, sino que toma la precedencia. Hay que recordar que la Presentación del Señor, es un episodio que lo narra el evangelio de Lucas. 

Esta fiesta tiene un triple contenido. Primero: ante todo, se celebra como “Presentación del Señor”, como la ofrenda de Jesús a su Padre. Así lo prescribía la ley de Moisés: “Todo primogénito será consagrado al Señor”. En segundo lugar, es fiesta de la Iglesia que sale al encuentro de su Señor, ya que el Señor, Él mismo, por su divina iniciativa, se digna salir al encuentro de su Iglesia. Jesús viene a nuestro encuentro. En tercer lugar, hay que señalar el carácter mariano, como lo expresa admirablemente San Pablo VI, en la exhortación “Marialis cultus”, de 1974: “Celebración de un misterio de la salvación realizado por Cristo, al cual María estuvo íntimamente unida como Madre del Siervo doliente de Yahvé…”

María y José suben al templo para cumplir con la ley de Moisés. Esa ley no obligaba a presentar a Jesús pues Él era el Dios vivo que entraba a su templo. El Salvador llegó a la Casa del Padre en brazos de la humilde y sencilla María, su madre, y custodiado por el artesano de Nazaret, José. Jesús llega a su templo, humilde y manso, como rey escondido, como niño impotente. Más tarde, durante su vida pública entrará en él como “fuego abrasador”, dispuesto a purificarlo. El motivo de esta primera visita a la Casa del Padre es doble: la purificación de la madre y la Presentación del Hijo al Padre. Ambas acciones son realizadas por las virtudes de la obediencia y la humildad que adornan los corazones de María y José. María no necesitaba purificarse pues el Hijo concebido lo es por obra del Espíritu Santo. Y Jesús no tenía necesidad de rescate, pues pertenecía al Padre de distinta manera que los demás primogénitos.

En esta fiesta de la Presentación del Señor se acostumbra bendecir las velas o cirios, que después de la celebración se llevan a las casas. La costumbre de bendecir las velas viene de aquello que dijo el anciano Simeón, cuando este día tomó al Niño Dios en sus brazos: “Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como le has dicho. Porque mis ojos han visto a tu Salvador… luz que se revelará a las naciones y gloria de tu pueblo de Israel”. Las imágenes de la Virgen de Candelaria portan siempre una vela en la mano. La fiesta de la Virgen de Candelaria es fiesta de la luz. Luz para iluminar a las gentes. Hoy se nos recuerda a todos que debemos ser luz del mundo, como Jesús mismo nos pide.

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