Llamados a ser testigos

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M. 09/02/2020
PUBLICITE AQUÍ

El domingo pasado celebramos la Presentación del Señor Jesús en el templo de Jerusalén. Esta fiesta tuvo un Evangelio propio, referente a ese acontecimiento histórico, en el que María y José cumplían el precepto de la ley mosaica; esto impidió que se leyeran los doce primeros versículos del capítulo cinco de san Mateo. Les invito a leer desde el versículo uno hasta el dieciséis inclusive. En el Evangelio de hoy, quinto domingo del tiempo ordinario, leemos los versículos del trece al dieciséis. Los capítulos cinco al siete corresponden al llamado sermón de la montaña. Este sermón de la montaña constituye algo así como la constitución en torno a la cual se congrega y edifica el nuevo pueblo de Dios. No hay que pensar, necesariamente, que un buen día Jesús pronunció estas palabras tal cual hoy las leemos. Lo más probable es que Mateo haya hecho una síntesis de varios sermones.

Anunciadas las bienaventuranzas en los doce primeros versículos, el Maestro, Cristo Jesús, da un paso más en la revelación de su plan de gracia. A los que le siguen les dirá  que serán sal de la tierra y luz del mundo. La vida del Espíritu no se puede quedar encerrada en lo íntimo del corazón de los discípulos: de la abundancia de ese corazón, hablarán las obras, hablará la vida toda. Los discípulos de entonces y de ahora serán testigos, como señala el libro de los Hechos de los Apóstoles en 1,8.  Serán instrumentos y artífices de su amor y de su paz. Tendrán la inmensa dicha de comunicar la vida que recibieron. La fecundidad es uno de los dones más grandes que Dios ha otorgado a la persona.

Las dos imágenes o comparaciones que usa Jesús en el Evangelio de hoy, son ricas en sugerencias. La sal sazona los alimentos, ayuda a conservarlos impidiendo la corrupción y sirve de elemento purificador. El cristiano o discípulo de Jesús está llamado a ser testigo, imprimiendo un nuevo sabor a todas las actividades y a todos los ambientes donde se desenvuelve su vida. El amor conyugal y la vida familiar, el trabajo y el descanso, la preocupación por la justicia y el dinamismo social y político, todo recibe de la presencia del cristiano un sabor distinto. ¿Cuál de los ambientes que frecuentamos necesita más ser “salado” por nuestro testimonio?

La luz permite a las personas encontrar su camino y es indispensable para el normal desarrollo de cualquier actividad. Jesús declara: “Yo soy la luz del mundo” – “Ustedes son la luz del mundo”. Es una verdadera identificación entre Cristo y el cristiano. El cristiano está llamado a colaborar en la búsqueda del camino para la construcción de un mundo más humano, más justo y para alcanzar la civilización del amor. Cristo quiere seguir iluminando al mundo a través de sus discípulos y nos llama a ser testigos de Él. El testimonio del cristiano ha de ser la natural irradiación de su vida en Cristo. Ser testigo es una tarea de tiempo completo. ¿Dónde creo que estoy dando testimonio de  Jesús?

Compartir:
Más artículos del autor


Lo más leido

1
2
3
4
5
1
2
3
4
5
Suplementos


    ECOS


    Péndulo Político


    Mi Doctor