La pandemia desde la ciencia: ¿Plasma hiperinmune?

Una persona que fue infectada por el nuevo coronavirus y que lo superó sin síntomas o con una enfermedad leve, significa que su sistema inmune fue el responsable por tal resultado. Uno de los principales mecanismos inmunológicos de control y eliminación de los virus son los anticuerpos que, una vez producidos, se distribuyen por todo el cuerpo incluyendo el plasma que es parte de la sangre. De ahí la posibilidad de usar el plasma de esas personas para ayudar a otras que no consiguen por sí mismas desarrollar una respuesta inmune eficiente. Este plasma es de personas convalecientes y como tal se denomina: “plasma de convaleciente”.

La donación y transferencia de plasma de convaleciente requiere condiciones especiales para realizarse de forma adecuada y, aún así, no existe garantía de éxito. Esto es así, porque es un procedimiento que puede desencadenar reacciones adversas importantes y, como se trata de una enfermedad nueva, aún no se conoce la cantidad específica de plasma o de anticuerpos neutralizantes contra el virus necesarios para tratar de forma efectiva la covid-19.

Entonces ¿su uso es realmente razonable? Categóricamente, sí. Se sabe mucho sobre esta técnica para realizarla con gran seguridad, los mecanismos terapéuticos perseguidos están bien definidos y, sobre todo, porque existen estudios realizados y reportados con rigor científico que indican que este tratamiento puede ser útil en pacientes con covid-19.

El procedimiento puede ser realizado con más eficiencia identificando individuos que contengan en su plasma altas concentraciones de los anticuerpos deseados y verificando que éstos sean realmente capaces de neutralizar al virus antes de hacer la transfusión al paciente. Éste es el verdadero “plasma hiperinmune”. Sin embargo, para esto se necesitan especialistas en manipulación de virus en laboratorio y que estos ambientes cumplan condiciones de Nivel 3 de Bioseguridad, la más alta en la escala. Ambos elementos son escasos, en extremo, en Bolivia.

Opciones adicionales son la “globulina hiperinmune” y los “anticuerpos monoclonales”, ambos producidos por empresas farmacéuticas especializadas, pero aún no existen en el mundo productos comerciales de este tipo para tratar, específicamente, covid-19.

Todo lo señalado nos lleva a las siguientes conclusiones: 1) De acuerdo a las informaciones vehiculadas en diferentes medios, el tan comentado “plasma hiperinmune contra covid-19” en Bolivia, se trata más bien de “plasma de convaleciente”; 2) Nadie está en condiciones de afirmar que tiene capacidad de curar a otro con la donación de su plasma basado únicamente en el hecho de haber superado la infección y menos de intentar obtener alguna ventaja con eso. Bajo la misma lógica, no debería ser posible obligar a nadie a donar este u otro elemento de su cuerpo con tal objetivo, pero sí de promover la donación como un acto solidario y, por ello, digno de admiración; 3) El plasma de convaleciente es una opción completamente válida contra covid-19. Mientras no existan mejores opciones terapéuticas con verdadero respaldo científico o una vacuna, es necesario trazar una estrategia para poder usar el plasma de convaleciente de forma más amplia pero pragmática, considerando y adaptando la misma, a las realidades regionales. De hecho, los bancos de sangre existentes tienen las condiciones básicas para realizar el rastreo de donadores de plasma de convaleciente. Estos, así como los centros de diagnóstico y atención de pacientes, deberían ser reforzados para contar con las condiciones adecuadas para usar el plasma de convaleciente de forma segura para donadores, pacientes y, por supuesto, para el personal de salud. Ciertamente, sería mucho mejor viabilizar la obtención y uso de plasma hiperinmune, pero este puede ser un objetivo posterior.

El pasado día 8 de Junio, fue realizado el primer tratamiento con plasma de convaleciente en Sucre. Sin duda es un avance importante y debe ser elogiado. Al mismo tiempo, debemos recordar que esta técnica (desarrollada hace más de un siglo y objeto del primer Premio Nobel en Medicina-Fisiología en 1901, al alemán Emil von Behring), es realizada desde hace décadas de forma rutinaria alrededor del mundo contra diversas enfermedades. Esto nos recuerda la imperiosa necesidad de verdaderamente impulsar y realizar ciencia de forma cotidiana en Bolivia.

El autor es PHD, inmunólogo, investigador y docente de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil.

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